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Sueño de una noche de verano (nota = 6,9)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

No quiero ni pensar cuánto tiempo llevaba teniendo pendiente de ver o de leer Sueño de una noche de verano de Shakespeare, aunque solo fuera porque Herschel puso el nombre de Titania y Oberón a los satélites de Urano inspirado en esta obra. Algún extraño reparo hizo que hasta viera otras obras fantásticas menos importantes, como la horrorosa El pájaro azul, antes. Cuando por fin me decidí a verla, elegí la adaptación al cine de Michael Hoffman. Seguir leyendo Sueño de una noche de verano (nota = 6,9)

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Ricardo III de William Shakespeare (nota = 7,4)

Leí el otro día en varios culturales que van a estrenar en Madrid la adaptación de Ricardo III de Sanchis Sinisterra (el de ¡Ay, Carmela!), llamada Sueños y visiones del rey Ricardo III, con Juan Diego como el terrible rey. Aproveché que me había puesto con el teatro con El trovador para leer Ricardo III de Shakespeare, antes de abordar La Divina Comedia, con la que me puse nada más acabar. Ah, y es que encima tenía Ricardo III en la famosa primera página de mi cuaderno.

Como me pasa siempre con Shakespeare, me armé un buen lío con los personajes. Eso de que se llamen como sitios o territorios siempre me confunde. Aquí Ricardo al principio es Gloster. Sin embargo, en este caso la trama se sigue bastante bien, a pesar de los distintos Eduardos, Enriques y personajes que hay. Yo leí una edición con notas que algo me ayudaron. Como en El rey Lear, el protagonista está peleado con todos, aunque aquí no está tan loco. Simplemente a Ricardo III le da por matar a todos y por tratar de disimular sin mucho énfases porque o le pillan o lo reconoce él. De esta manera se va granjeando enemigos hasta ser derribado en batalla y acabar, en el famosísimo momento, queriendo cambiar su reino por un caballo para así poder evitar una muerte inevitable.

Como también pasa siempre con Shakespeare, los diálogos son contundentes, inteligentes, soberbios, a veces tanto que son un poco pesados. En esta con lo de los fantasmas y el «¡Desespera y muere!» se pone un poco cargante. Pero la cuestión es que no basta con leer la obra una sola vez. En una primera lectura uno disfruta algo, pero el seguir la trama distrae un poco. Aun así, ya en esa lectura se puede observar cómo Shakespeare (o quien sea) deja a la altura del betún otras obras que están muy lejos de condensar de una manera tan abrumadora la esencia humana. Algunos se preguntarán por qué entonces solo le doy dos décimas más que a El trovador, por ejemplo. Pues es por la dificultad de la obra. Creo que no basta con capturar la esencia humana, también hay que hacerlo de una forma atractiva y sencilla. Pero bueno, son cosas mías. En cualquier caso, seguiré poco a poco leyendo las obras de Shakespeare. Sigo teniendo pendientes Enrique V, Sueño de una noche de verano o La fierecilla domada, entre muchas otras.

¿Por qué se llama Ricardo III? El título original es The Life and Death of King Richard III. Se sitúa entre las obras de Shakespeare sobre la historia de Inglaterra. La trama se enmarca en la época después de la Guerra de las dos Rosas entre los Lancaster y los York. Se cuenta la historia del rey Ricardo III, un rey jorobado y deforme, último de la casa York, antes de la llegada de los Tudor (que supuso la unión de ambas casas). Ricardo III se ve como ejemplo de la discordia que la llegada de los Tudor erradica con la llegada de Enrique VII.

¿Por qué o por qué no leerla? A pesar de que es de las obras más largas de Shakespeare se lee en unas dos horas y es una buena muestra del magnífico teatro de este autor. Además aunque a veces sus obras son difíciles de entender y de seguir, en este caso la trama se sigue más o menos bien.

El rey Lear de William Shakespeare (nota = 7,3)

Ya tocaba algo de Shakespeare en el rato de las tardes dedicado a adaptaciones literarias y películas largas. La que tenía en la lista desde hace mucho es El rey Lear. También Enrique V, ojo. Aplicando el procedimiento habitual, cogí el libro y fui leyéndomelo a la vez que veía la película de 2008 de tres horas con Ian McKellen como rey Lear; la película en inglés con subtítulos y el libro en español. Como suele pasar con el teatro, se tardaría menos en leer el libro, pero también me apetecía verlo escenificado.

La obra es la típica locura de Shakespeare, al más puro estilo de Macbeth: personajes estridentes, muertes ‒es el típico caso en el que muere hasta el apuntador‒, escenas locas, truenos, gente que se disfraza, mendigos, bufones, insultos, odio entre personajes, además de escenas algo difíciles de seguir, sumado a que en la evolución de los personajes y las relaciones entre ellos yo me perdí. Solo Cordelia da un poco de luz y paz a la locura desenfrenada que es esta obra. Va todo como demasiado rápido y a saltos. A mi gusto es demasiado teatral, en el sentido de que todo está demasiado exagerado, quizás para tratar de evitar la claustrofobia del escenario. Y además los actores de la película, Ian McKellen incluido, fuerzan demasiado. Dan un poco de repelús, sobre todo el que hace de Kent, Jonathan Hyde. A veces da la sensación de que no saben lo que están diciendo. Pero bueno, será que no tengo ni idea de teatro.

Aun así, como no podía ser de otra manera, Shakespeare deja algunas frases tremendas, como cuando Lear ve a Edgard ya disfrazado de monstruo y le dice que es «el ser humano mismo. El hombre, sin las comodidades de la civilización, no es más que un pobre animal desnudo y ahorcado, como tú». Me recordó mucho al Quijote una parte en esta escena en la que, nada más ver a Edgard, Lear le pregunta si está así por culpa de sus hijas, creyendo con la ingenuidad de don Quijote que todo el mundo sufre los mismos males que él. También en esta obra aparece una de las frases que se dicen cuando uno está haciendo la tesis: «A veces echamos a perder lo bueno por esforzarnos en lo mejor». Y también es curioso cuando Lear pregunta a una silla que confunde con su hija y al no contestarle entiende que le está dando la razón, lo que cuestiona claramente el famoso dicho de que «el que calla otorga». Está, asimismo, la idea de que nacer es empezar a sufrir en el mundo, como en el existencialismo.

En cualquier caso, si alguien está interesado, puede ver esta película que sigue al pie de la letra la obra. Solo se salta algunos pequeños fragmentos. Eso sí, el inglés es bastante difícil de entender incluso con subtítulos. Lo siguiente para el tiempo de las tardes es Érase una vez en América, que nunca he visto por ser demasiado larga, pero por la que siento curiosidad porque es de Sergio Leone, director de una de mis películas favoritas, La muerte tenía un precio, si bien Hasta que llegó su hora y El bueno, el feo y el malo, me gustaron bastante poco, sobre todo la primera. Y después, seguramente, veré El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. Por el momento, ayer empecé por la noche Bomarzo, lo que me llevó a leer partes de Orlando furioso de Ariosto, con las que estuve  hasta las tres y media de la mañana.