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Interstellar (nota = 7,7)

Acabo de volver del cine de tragarme Interstellar. Tenía muchas ganas de verla desde que me enteré de que Christopher Nolan iba a sacar una nueva película. Ya lo dije en su día. Y la decepción ha sido mayúscula. Que nadie se engañe por la nota. Esto es como en los saltos de trampolín, que la dificultad suma. Pero esta era una película, que por sus características, por su idea y por sus pretensiones (por no hablar del presupuesto) debería haber tenido un 9,5. Así que el 7,7 es engañoso y dice bastante poco de la película. Pero era difícil darle menos. Es como si vas a una exposición y te regalan 50 euros por ir; tampoco vas a hablar mal de la exposición. Aquí los 50 euros son bellas imágenes, sonidos y vibraciones estremecedores y algunas buenas, a la vez que escasas, ideas sobre los mundos con más de tres dimensiones. El resto es solo una muestra de cómo no saber manejar un buen material, algo que a mí me sorprende del trilero de Nolan.

Para empezar, la historia en sí no es ni convincente ni sostenible. Hay que tragarse demasiadas cosas para ir dándole credibilidad a la película. Hay demasiadas cosas que ni se explican ni se entienden bien. Los diálogos son bastante ridículos en su mayoría, y previsibles, sobre todo en los momentos clave. Esto hace que en una película así no se pueda destacar de primeras ninguna frase memorable ni ningún comentario afortunado. La prueba está en que las mejores frases son las de un robot configurado con un alto porcentaje de humor. Me quedo con lo de la autodestrucción, por ejemplo.

Una vez que uno asume que hay que tragarse toda la poca interesante parte del principio, donde se justifica someramente la necesidad de evacuación de nuestro planeta, para luego trepidar con la película, se llega a una segunda parte en el espacio, la cual, por mucho que se recorten años, se hace bastante pesada. Tienen interés las magníficas imágenes, lo de la ola, la aparición de Matt Damon y el sonido y la música, pero nada del otro mundo, paradójicamente. Leo que la gente se ha quejado de que el sonido se come los diálogos. Mejor. Y cuando parece que la película va a despegar en un momento de música apoteósica y parece que el esfuerzo ha merecido la pena, nos pegamos otro chasco al llegar a un final de idea previsible (sobre todo con mi hermano al lado), que podría haber tenido algún interés si se hubiera planteado de otra manera, con mayor perspicacia. Y lo que iba a ser para mí la gran idea de la película resulta que al final se desmiente. Me habría encantado que unos seres quisieran ayudarnos, pero nos necesitaran porque dentro de su poder tienen limitaciones que solo la desgraciada tridimensionalidad y materia de los humanos puede superar. Me recordaría en parte al final de La guerra de los mundos. Pero no. No deja de ser, eso sí, un final artísticamente bello, sobre todo para los que no hayan usado nunca un caleidoscopio o para los que no convivieron con los antiguos salvapantallas de Windows, pero a la vez es un final inane e inofensivo, que deja indiferente, si no mosqueado. Lo maravillosa que podría haber sido una película que empleara adecuadamente este material… ¡Ay! Y para colmo es de esas películas a las que parece que les da reparo acabar, con lo que tras la decepción, tenemos que tragarnos aún más de diez minutos de posfinal sobre algo que ya ha perdido el interés. Y encima, a cachondeo o no, entre medias nos clavan el «Eureka!» por partida doble.

Además, para colmo, los actores no están a la altura. Es probablemente el peor papel de Michael Caine que recuerdo, por ejemplo. Anne Hathaway repele hasta la saciedad con unos gestos y expresiones que le hacen parecer la versión buena del Joker, o la mala. Menos mal que el estelar Matthew McConaughey se echa la película a la espalda y da algo de sentido y de calidad a todo. Me imagino esta película con Tom Hanks o George Clooney y se me viene abajo. Es como lo que decían de que, si tapamos el hilo de luz de las escaleras de Las Meninas, se pierde toda la perspectiva del cuadro. Bueno, también el robot TARS aporta bastante. Me parece un gran acierto. Suya es la mejor frase, a la que he aludido antes, y posiblemente la mejor escena, cuando adopta la forma de estrella y rueda, además de sus diálogos con Matthew, de los pocos salvables de la peli.

En resumen, Interstellar es una muestra de cómo el cine actual o no tiene buenas ideas y las maquilla con grandes efectos o tiene buenas ideas y las destroza, a pesar de los efectos. Esta adolece de lo segundo. Christopher Nolan demuestra en esta película que solo se le da bien lo oscuro y ruidoso, es decir, Batman, unos ingredientes que aquí no llega a explotar del todo y que seguramente le habrían dado mejor resultado, como el que le dio la voz de Bane en la tercera de Batman. He de decir que Origen ya me dio un tufillo parecido al de Interstellar, pero no dije nada porque no la había visto en el cine y, tratándose de Nolan, eso podía influir.

Y a todo esto no he cuestionado los temas de física, porque no quiero que el desbarajuste que ya me ha parecido la película, aun habiendo hecho acto de fe con lo de los pliegues, las gravedades y demás, se acreciente.

¿Por qué se llama Interstellar? Porque la película narra un viaje interestelar, con agujero de gusano incluido.

¿Por qué o por qué no verla? La película a pesar de todo no se hace larga y tiene un sonido, unas imágenes y algunas escenas impactantes. Recomiendo, por eso, ir a verla al cine. En casa puede ser un tormento, casi peor que Gravity. Pero los que vayan, que se preparen para ver un mejunje de diálogos disparatados, personajes poco atractivos, efectos de física sospechosos y no muy bien justificados, referencias al amor que no vienen a cuento y un final que parece que va a arreglar la película, pero que la empeora. Lo que sí se justifica es el nombre de la hija de Matthew, Murphy, porque en esta película si algo puede salir mal sale mal.

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El caballero oscuro (nota = 8,8)

Siguiendo con las de Batman, después de Batman Begins, vimos con nuestra madre El caballero oscuro. Se la habíamos puesto por las nubes y yo la recordaba como un peliculón, aparte de que es de las pocas que supera el 9 en IMDb.

Pues la película, como es lógico, es un poquito peor que en el cine, pero es buenísima. Como dijo mi hermano, es el prototipo de película de acción que todas deberían imitar. No hay un momento de calma. Para empezar hay varios malos, con lo cual no es una historia lineal como en otras de acción. Luego hay persecuciones y peleas en su justa medida, frases lapidarias, música genial manteniendo la tensión perfectamente, buenísimos actores (incluso la hermana de Jake Gyllenhaal no está mal), escenas inmejorables, como la muy famosa escena del lápiz o lo de la eyección del coche, cuando sale la moto. Y para colmo se juega mucho con la ética y la moralidad. Lo de los dos barcos es muy emocionante. Y el final deja con un nudo en la garganta.

En fin, que me da mucha envidia la gente que no ha visto la película. Recomiendo, eso sí, verla en alguna tele con buenos altavoces, para que retumbe bien la voz de Batman y acojone más el Joker.

La verdad sobre el caso Harry Quebert (nota = 6,3)

Todo empezó cuando vi el nombre de Joël Dicker en El Cultural del ABC y decidí comprarme por Amazon La verdad sobre el caso Harry Quebert y regalárselo a mi madre. Todo empezó mal, porque mi madre ya lo había comprado en verano y ya se lo había leído. Lo bueno es que ahora se lo había dejado a una amiga, así que por lo menos no teníamos los dos ejemplares en casa, y encima mi madre me dijo que era muy bueno y muy entretenido.

Pues no. La idea de la novela no está mal y se lee rápido, es verdad, pero, para empezar, es excesivamente larga o innecesariamente larga, mejor dicho. Es una historia que se podría haber contado en menos páginas. De hecho, al final la resume el protagonista en menos de 20 páginas y uno se entera de más cosas. Además los personajes son estúpidos: o no se enteran bien de cosas que son obvias o cuentan las cosas de manera encriptada sin venir a cuento o no preguntan cuando tienen que preguntar. Con ese tipo de trampas juega Joël Dicker, saltándose entre otras las reglas de Agatha Christie, cometiendo incongruencias, engañando al lector de una forma burda. Es verdad que la novela refleja a su vez una novela escrita con prisa, en la que no hay tiempo para verificar la información, pero no por eso hay que condenar al lector a leer de más sin darle la posibilidad de adivinar cosas.

En general, coincido plenamente con lo que se afirma sobre la novela en este blog : “Es un libro bien fabricado, que no escrito”. Yo llegaría incluso a decir que hay partes que no están ni bien fabricadas. Y más cuando uno se acerca al final. Al margen de lo mal resuelto que está el tema de la enfermedad de Nola, por ejemplo, el momento de desvelar al asesino recuerda al final de un capítulo de Scooby Doo en el que le quitan la máscara al malo y resulta ser otro, pero vuelve a tener una máscara y es otro y así unas cuantas veces. Vamos, que parece que Joël Dicker ha ido escribiendo la novela según le iban llegando ideas y tratando de justificar lo escrito antes a la fuerza. Puede que lo haya hecho para reflejar cómo lo habría escrito el protagonista Marcus Goldman, pero creo que no lo consigue hacer de manera adecuada.

En definitiva, es un libro fácil de leer, que engancha, que crea expectativas, pero que decepciona a medida que va avanzando. Es una pena porque la idea no es nada mala. A mí me encantan las novelas en las que una parte cambia completamente su sentido dependiendo de la forma, el contexto y el momento en los que se lea, pero aquí se hace de una forma facilona e imposible de predecir para el lector por falta de datos y, sobre todo, porque los protagonistas no preguntan lo que tienen que preguntar, bien porque no les da tiempo o porque se les olvida o porque son un poco cortos. Quizás es culpa mía por ver demasiados capítulos de Bones y de Castle, pero no sé. La verdad es que el libro podría pasar por un capítulo de alguna de estas series.

Por otra parte, a mí, la verdad, se me habrían ocurrido otros finales mucho mejores, puestos a engañar y manipular, como que a la que vio Deborah Cooper no era Nola (en ningún momento lo dice) y que Nola muriera días o meses más tarde, o que el propio Marcus Goldman confesara al final que él fue el asesino y que escribió la novela para encubrirse. Eso sí, por destacar algo bueno, la novela me ha despertado las ganas de escribir de una vez la novela en la que llevo meses pensando.