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Voces de Chernóbil de Svetlana Alexievich (nota = 8,2)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Ya el año pasado, un año antes de que le dieran el Nobel a la autora, me apunté Voces de Chernóbil de Svetlana Alexievich como posible regalo de cumpleaños, no porque yo sepa mucho de literatura, sino porque leí que era de las que más sonaba como candidata al premio. Al final preferí otros regalos —no recuerdo qué— y hasta que no le dieron el Nobel no me decidí a hacerme con el libro y leerlo. No soy yo muy de libros documentales, pero algo me atraía de este. Seguir leyendo Voces de Chernóbil de Svetlana Alexievich (nota = 8,2)

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Calle de las Tiendas Oscuras de Patrick Modiano (nota = 6,8)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Lo reconozco: yo no sabía quién era Patrick Modiano cuando le dieron el Nobel. Puede que me sonara un poco y que hasta hubiera sabido que era escritor si me lo hubieran preguntado antes, pero poco más. Y supongo que toda la gente que colapsó Amazon pidiendo sus obras (a mí tardó unos 4 meses en llegarme Calle de las Tiendas Oscuras) o no le conocía antes o, por lo menos, no lo había leído. Elegí Calle de las Tiendas Oscuras después de investigar un poco porque parecía la mejor de sus novelas. Viendo la contraportada, en la que se habla de un personaje que ha perdido la memoria y trata de recuperar sus recuerdos, la cosa se ponía interesante. Seguir leyendo Calle de las Tiendas Oscuras de Patrick Modiano (nota = 6,8)

Memed, my hawk (nota = 5,0)

Hace poco los periódicos anunciaron la muerte del escritor turco Yasar Kemal. Yo, por supuesto, no le conocía; ni siquiera me sonaba. Al único escritor turco que conocía (y solo el nombre) era a Orhan Pamuk. Es la triste diferencia entre haber o no haber ganado el Nobel. Estuve investigando y vi que la gran novela de Kemal era Ince Memed o El halcón. Pensé en leérmela, a pesar del atasco de libros que tengo, pero para mi regocijo, descubrí que había película (Memed, my hawk, dirigida por Peter Ustinov) y que estaba en Youtube. Seguir leyendo Memed, my hawk (nota = 5,0)

Bon voyage (nota = 6,4)

En cuanto me enteré de que le habían dado el premio Nobel de Literatura a Patrick Modiano, decidí ver Bon voyage, de la que Modiano es guionista y que al parecer tuvo éxito, mientras esperaba a que me llegara un libro suyo que compré en Amazon (Calle de las Tiendas Oscuras), adelantándome a una posible subida de precios. No esperaba demasiado de la película, pero por lo menos veía un poco algo de Modiano.

Y efectivamente la película es bastante mala. Es una historia completamente insustancial, que no aporta demasiado. Está muy bien ambientada, pero la trama, aunque es bastanta compleja, es muy poco interesante. Encima trata uno de los temas que, no sé por qué, más rechazo me produce: la reacción de la gente al enterarse de que ha estallado una guerra. Es un tema que me desagrada mucho y que además ya está más que tratado. No sé qué otra película he he visto de este tipo, pero sí sé que no me suelen gustar.

En este caso se cruzan distintos personajes, cuyas historias están más que vistas y las cuales en conjunto no dan mucho de sí. Quizás solo lo del agua pesada o lo de la novela del protagonista, pero, vamos, que al terminar la película me quedé igual que estaba. El final tampoco arregla demasiado la película.

Los personajes caen mal, en general, menos la chica que lleva el agua pesada (Camille) y el viejete que lee la novela. Y para colmo Gerard Depardieu y Peter Coyote (los únicos que yo conocía) tienen papeles poco favorecedores. Camille me sonaba un poco y por lo que veo supongo que será porque sale en La playa.

Lo único que se podría salvar un poco es la música de Gabriel Yared (el de El paciente inglés, por ejemplo), que a mí me sonaba todo el rato al tango de Por una cabeza de Gardel. En el tráiler (hacia el segundo 58) se puede apreciar.

En fin, que es una película con buenos ingredientes, pero mal cocinada. A ver qué tal el libro que me he comprado. Con lo descontento que estoy con la literatura actual, espero que Modiano me sorprenda. Del director (Jean Paul Rappeneau) tengo pendiente Cyrano de Bergerac. Espero que no se la cargue.

¿Por qué se llama Bon voyage? Pues la verdad es que la película me interesó tan poco que no me enteré de por qué se llama así. Supuse que era porque ante el estallido de la Segunda Guerra Mundial los personajes tienen que viajar. Pero ahora leo que es porque en el momento en el que aparece Charles de Gaulle abandonando Francia rumbo al Reino Unido le desean buen viaje.

¿Por qué o por qué no verla? Recomiendo no verla porque no aporta nada. Es una historia como otra cualquiera sobre la estampida de la gente ante el inicio de una guerra, aquí ante la ocupación de París por parte de los nazis, y los encuentros de unos personajes y otros en otras ciudades, en este caso Burdeos, creo. Pero no hay nada sustancial en la película con lo que uno se pueda quedar.

El pájaro azul (nota = 5,5)

El pájaro azul era una obra que llevaba teniendo pendiente desde hace tiempo. Sabía que no era una obra fundamental, pero se me cruzó en mi camino un día y el hecho de que su autor, el belga Maurice Maeterlinck, ganara el Nobel de la Literatura en 1911 le daba un atractivo especial. Después de ver Crimen y castigo pensé en ver Amor a quemarropa porque había leído una noticia, que se refería a ella, sobre la publicación de un nuevo libro, Canciones de amor a quemarropa, el primero de Nikolas Butler y además había visto que Amor a quemarropa es una película que tengo dos veces en mi lista, no sé por qué. Pero no me daba tiempo a verla, así que busqué una más corta y consideré oportuno ver de una vez El pájaro azul, que también está en la primera página de mi lista. La versión que tenía era la de 1976, dirigida por nada menos que George Cukor, el de My fair lady, y con un elenco impresionante, con Elizabeth Taylor, Jane Fonda, que aparecerá ahora en la comedia Ahí os quedáis y Ava Gardner.

Como ya predecía la nota de IMDb, la película es muy mala. Es un despropósito de película que encima no sigue el orden de la obra de teatro que fui más o menos leyendo a la vez, siguiendo mi costumbre. El argumento es bonito. Es la típica búsqueda de la felicidad y recuerda a obras preciosas como  El caballero de la armadura oxidada, El principito o El mago de Oz. Y la idea del gorro que tiene un diamante que se gira y permite ver el alma de las cosas es interesante. Lo malo es que en este caso las escenas no están hilvanadas, los personajes no están bien definidos y no hay demasiadas frases para el recuerdo. Quizás lo más bonito sea el encuentro con el amor materno. También tiene gracia lo del tiempo disfrazado como la muerte, con guadaña y todo, pero de blanco.  Pero, vamos, que además los trajes y los personajes son ridículos. Se puede apreciar ya algo en el cartel de la película. 11541908Dan vergüenza ajena. Sobre todo la gata. Curiosamente, la actriz que la interpreta fue acusada por Cukor de haber gafado con sus frases la película. Lo dicho: un despropósito.

El resultado es una obra que parte de una idea buena, pero que está muy mal ejecutada.

Por cierto, de Ava Gardner no he visto casi ninguna película. Tengo pendientes Forajidos y La noche de la iguana. De Jane Fonda tengo pendientes Barbarella y Klute, por la que me preguntaron el otro día en el Trivial. Y de Elizabeth Taylor ya he visto bastantes. Quizás debería ver Un lugar en el sol.

¿Por qué se llama El pájaro azul? Porque la felicidad se simboliza en la obra como la búsqueda de un pájaro azul. Es bonita la idea de que al final no es posible encontrar un pájaro completamente azul porque estos no resisten el cautiverio. Es un bello símbolo de que no hay que buscar una felicidad total porque es imposible mantenerla en el mundo en el que vivimos, pero sí es posible buscar una felicidad media.

¿Por qué o por qué no verla? En este caso no hay que verla porque da vergüenza ajena ver a actrices tan buenas hacer el ridículo en una obra que parte de una idea bonita, pero que acaba siendo un camino de escenas irritantemente inconexas (no como en El principito) y sin demasiada profundidad. Mejor leer la obra en un ratito o leerse otros muchos libros de este tipo, pero mucho mejores. Aprovecho para recomendar uno que leí hace muchos años (igual ya no me gustaría). Era El enigma y el espejo de Jostein Gaarder.

La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon (nota = 6,8)

Muchos son los motivos que me llevaron a leer ayer La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon. Me compré el libro hace tiempo, creo recordar que en una de esas veces en las que se empiezan a barajar posibles ganadores del Nobel de Literatura y me entra el agobio por no haber leído nada de alguno de ellos. Compré esta obra en concreto porque está considerada como una de las mejores novelas del siglo XX (bueno, de 1923 a 2005 por la revista TIME). Desde que me la compré, he tenido esta obra esperándome en mi cuarto y en el primer puesto de la primera página de mi famosa lista., siempre sintiendo algo de pereza por leerla, víctima del típico síndrome de libro que está primero en la lista. El empujón para vencer esta pereza llegó a partir de que Paul Thomas Anderson (el director que me aburrió con Pozos de ambición, pero del que no puedo opinar mucho porque no he visto The master, Magnolia o Boogie Nights) va a sacar una adaptación de otra de las obras de Pynchon, Vicio propio o Inherent Vice, y a partir de que precisamente por esta película, un amigo que estaba preparando un artículo para Kulturtado sobre ella, me preguntó si había leído algo de Pynchon. Consideré entonces que tenía que leer La subasta del lote 49 ya, dejando para más tarde El proceso de Kafka.

Y, aunque era consciente de que sería un libro de los (pos)modernos que no me gustan, tipo El mar de Banville o Desgracia de Coetzee o La historia siguiente de Nooteboom, no me esperaba el libro así en absoluto. No sé si está hecho aposta, pero es un libro paranoico y alucinógeno, que nos va llevando como a saltos de un sitio a otro siguiendo a la protagonista, Edipa, nombrada albacea de la herencia de un amante suyo, en busca de un misterio relacionado con esta herencia y que no se llega a saber si al final es verdad o si solo es una paranoia de la protagonista o un “bromazo” del fallecido. Digo lo de que no sé si está hecho aposta porque Edipa en la novela se ha sometido a experimentos con drogas y sería un buen recurso que el narrador se contagiara de ese estado de éxtasis, un éxtasis que, según se dice al final, puede ser la única manera de soportar la vida en América, una difícil vida en la que, por ejemplo, la protagonista ha perdido a todos sus hombres y no sabe qué es real y qué es ficticio.

Por este éxtasis o por la complicada sintaxis que a veces se nos presenta, tanto el relato como la protagonista son difíciles de seguir. Y esto hace que quizás el argumento se nos quede un poco lejano, que nos quedemos atrás, y que, consecuentemente, la novela no resulte tan interesante como lo podría ser un relato que narra la investigación de una antigua compañía clandestina de correos que aún hoy podría seguir viva, con sus propios símbolos y seguidores misteriosos, con muertes sospechosas, con mensajes escondidos en una obra literaria, con sellos falsos, es decir, tan interesante como puede ser El código Da Vinci, salvando las distancias en cuanto a calidad literaria. Tampoco ayuda mucho a tomarse en serio la novela que, por ejemplo, el marido de la protagonista se llame Mucho Maas. Bueno, peor habría sido Artur Mas.

En general, es un libro corto pero complicado que mehace recelar aún más de la literatura (pos)moderna, incluso de lo que yo mismo escribo, que he encontrado algunas notas comunes entre mi primera novela y esta, como las frases excesivamente largas y cargadas en algunos casos, las referencias culturales o el intercalado de historias que rompen la continuidad del texto. Con todo, trataré de ver Vicio propio, además de las de Paul Thomas Anderson que me quedan.

¿Por qué se llama La subasta del lote 49? Porque la herencia de sellos falsos que ha dejado Pierce, herencia de la que la portagonista Edipa es albacea, se acaba subastando como el lote 49. Estos sellos falsos, con el símbolo de una sordina, son restos de una compañía secreta de correo llamada Tristero.

El mar de John Banville (nota = 7,0)

Como buen oprtunista, en cuanto me enteré de que le habían dado el Príncipe de Asturias de las Letras a John Banville, busqué algún libro suyo para comprarme por Amazon y consideré que El mar era el más apropiado. En mi favor he de decir que ya llevaba tiempo queriéndome leer algo de Banville, desde que vi que sonaba para el Nobel.

Como yo estaba con La Regenta, a mi madre le dio tiempo a leérselo antes (no es muy largo) y dijo que «sin más». En cuanto acabé con La Regenta me puse con él y efectivamente es un libro «sin más». Pero aun así algo se puede salvar. Había leído en las reseñas que es una novela en la que cada frase dice algo y que hay frases que merecen ser leídas más de una vez. Es verdad en parte, en algunos casos hay que releer las frases porque es difícil de seguir, y eso que me lo he leído en español, pero también hay frases que se pueden releer. Entre las frases destaqué una porque es algo que mi hermano siempre dice, que las grandes desgracias le pasan a la gente buena y beata: «La desdicha, la enfermedad, la muerte prematura, esas cosas les pasan a la buena gente, a los humildes». Además tiene palabras de las de apuntarse para que no se olviden (he tenido que buscar bastantes en el diccionario); no sé cómo serán en inglés, pero en español son, como yo digo, deliciosas. Un ejemplo es apotropaico, que se dice de los ritos que sirven para alejar un mal. También aparece varias veces la expresión risa sardónica, lo que me hizo buscarla al final en el diccionario por saber el origen para descubrir que el jugo de la sardonia, que es una planta, hace que los músculos de la cara se tensen en forma de risa. Esto entrará en la novela lingüística que estoy preparando.

En cuanto al argumento, la historia es bonita y conmovedora, pero, en primer lugar, a veces uno tiene la sensación de que son cosas que a uno no le importan y que no aportan demasiado a la novela y, en segundo lugar, es algo confusa a veces a la hora de mezclar historias pasadas y presentes, en lo que me recuerda un poco a En la orilla de Chirbes.

Al terminarla todavía me quedaba un rato antes de dormirme y me leí el prólogo (de la edición de Libra) y la introducción del Decamerón de Bocaccio, después de verlo representado en parte en el quinto capítulo de Da Vinci’s Demons. Me iré leyendo los cien cuentos poco a poco. Ahora en teoría por lista me toca leerme La subasta del lote 49 de Pynchon, como ya dije, pero ya veré lo que leo, quizás El coronel no tiene quien le escriba o a lo mejor ya espero y elijo alguno mañana, que me voy unos días a la playa.