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El hereje de Miguel Delibes (nota = 6,6)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Con el optimismo y la entrega propia de un forofo que confía en que por lo menos los escritores de renombre escriban bien, empecé a leer El hereje de Miguel Delibes. El resumen en la contraportada y el primer capítulo prometían. Parecía que iba a ser la típica historia de aventuras al más puro estilo Baroja, pero con la frescura de superventas propia de Ken Follett o Noah Gordon. Y encima escrito en el supuesto buen español de Delibes. Seguir leyendo El hereje de Miguel Delibes (nota = 6,6)

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Los trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes (nota = 7,4)

El supuesto descubrimiento de los huesos de Cervantes no ha dejado a la gente tan indiferente como a mi parecer debería. Unos porque lo celebran como si se hubiera descubierto una obra de la calidad del Quijote y otros porque se quejan o bien de que se quiera hacer negocio del tema o bien de que la gente celebre este tipo de hallazgos pero no celebre los hallazgos lingüísticos de Cervantes en el Quijote, seguramente porque o no lo han leído o, al menos, no lo han leído a la edad apropiada, que no es la niñez.

Por mi parte yo, persona a la que le gusta sacar provecho de todo, decidí tomarme estas noticias como acicate para dar un paso más en mis lecturas de Cervantes y leerme Los trabajos de Persiles y Sigismunda, tras el Quijote y las Novelas ejemplares. Sospechaba que iba a ser más parecido en estilo a las Novelas ejemplares, cuyo estilo ya dije que era bastante peor que el del Quijote y cuyas eran historias menos divertidas. Aun así, como filólogo, me daba algo de apuro no haberme leído esta obra. Seguir leyendo Los trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes (nota = 7,4)

Del sentimiento trágico de la vida de Miguel de Unamuno (nota = 6,9)

Llevo tiempo siendo consciente (o conciente, según lo leído en la obra que aquí trataré y según emplea en su nombre Lápiz Conciente, el de «Tú tienes la magia, la sabiduría» de Si no te quisiera de Juan Magán), siendo conciente, digo, de que tengo que leer más libros de filosofía. Me leí el Discurso del método y tengo Así habló Zaratustra en mi balda de pendientes mirándome desde hace mucho con ojos desafiantes. Eso por no contar otras obras que me van saliendo mencionadas como la Ética de Spinoza o el Leviatán de Hobbes. Como a la vez siento la comezón de leer libros de literatura española, qué mejor idea pude tener que leerme Del sentimiento trágico de la vida de don Miguel de Unamuno.

Pero no me ha gustado. Es un libro algo caótico, contradictorio, poco convincente y no tan inspirador como podría. Aunque es cortito, se hace muy largo y Unamuno le da demasiadas vueltas a los mismos temas todo el rato, bueno, sobre todo al tema que vertebra el libro, la inmortalidad, la necesidad y el ansia de ella para sentirnos humanos. De ahí se derivan otros temas como la existencia de Dios, la relación con Él, la imposibilidad de demostrar que no existe, el deber moral, etc.

Por eso el libro empieza bien, pero poco a poco se va volviendo más pesado, con tanta ida y venida de las mismas ideas, en ocasiones con contradicciones, como el propio Unamuno reconoce, y con una larga serie de citas,1422704002854 muchas de ellas interesantes, pero que, como ocurre en general con las citas, no sirven como argumento. El que alguien haya dicho algo antes no quiere decir que esté bien. Esta es una falacia en la que caen muchos en el mundo intelectual. Bastaría, para desarrollar las ideas expuestas en esta obra, con un panfleto o libelo de veinte paginillas. Vamos, que resulta mucho más convincente, aunque para la idea contraria, San Manuel Bueno, mártir, que creo recordar que no llega a las cincuenta páginas.

Con todo, esto no quita que la obra permita disfrutar de la placentera y deleitosa prosa de Unamuno y que se puedan sacar citas conmovedoras como que «antes se empleó la piedra para las sepulturas que no para las habitaciones», y muchas otras relacionadas con el progreso, el conocimiento, la necesidad de ser alegres, la lucha entre la razón y el sentimiento, el amor. Se trata también adecuadamente, por ejemplo, la cuestión de la envidia que algunos tienen de que otros crean y se dan buenos palos a la ciencia y al progreso, que tan engañados tienen a la gente en los últimos tiempos, como la única respuesta que nos salvarán. Falsos ídolos.

Pero, en fin, es una obra que se pierde en la circularidad de la fe y que termina por no convencer de nada. Llegaría a decir que ni siquiera abre puertas para salir de esa circularidad. No responde ni de lejos a la cuestión de por qué el hombre se puede hacer preguntas sobre la finalidad de su vida, pero no puede contestarlas, y no hay nadie que nos conteste claramente. En teoría ahí entra la fe y se nos puede decir que tenemos la respuesta delante y no la vemos, pero no se llega a entender bien por qué es necesario este esfuerzo o a qué viene este misterio, como si fuera un acertijo, y no se nos da una respuesta clara, una respuesta que todos podamos ver, al menos los que, como yo, estamos deseosos de ello.

¿Por qué se llama Del sentimiento trágico de la vida? En muchas partes del libro Unamuno se refiere a este sentimiento trágico que suscita el vivir. Todo es trágico, el hombre no sabe, tan terrible es la mortalidad como la inmortalidad. En algún momento dice que la finalidad de la vida es vivir y no comprender. Pero, entonces, ¿a qué este deseo de comprender? ¿Es nuestra razón verdaderamente un error de la naturaleza?

¿Por qué o por qué no leerla? Como se ve, la obra no responde a nada, pero sí que suscita algunas preguntas, preguntas que, eso sí, yo ya me llevo planteando desde hace mucho tiempo. Conviene leer la obra sabiendo que es muy repetitiva, pero sabiendo también que se asiste a una excelente recolección de citas y autores. Que nadie se pierda, por cierto, el último capítulo con una muestra de cómo alguien se puede chiflar leyendo el Quijote igual que don Quijote se chifló leyendo libros de caballería.

parte final quijote