Archivo de la etiqueta: mark ruffalo

Begin again (nota = 7,4)

Crítica de EL PRÍNCIPE LECTOR

Hay días en los que, después de trabajar, la cabeza no me da para más que para tumbarme en un sofá y poner una película de fondo mientras me sumerjo en pensamientos melancólicos. Fue en este estado en el que Begin Again me atrapó. Seguir leyendo Begin again (nota = 7,4)

Anuncios

Vengadores: La era de Ultrón (nota = 6,5)

Con la buena e interesante compañía de una persona que sabe tanto del mundo Marvel como mi hermano fui el otro día a ver Vengadores: La era de Ultrón. Yo no soy experto porque tengo mala memoria, pero he visto casi todas las de Marvel. Quizás me falte alguna del capitán América, pero he visto muchas de las demás. Y me suelen gustar. La primera de Vengadores me gustó bastante. Así que tenía ganas de ver esta. Seguir leyendo Vengadores: La era de Ultrón (nota = 6,5)

Foxcatcher (nota = 5,9)

¡Menuda decepción! Hoy empiezo con esto antes de explicar qué me llevó a ver esta película. Foxcatcher es de lo peor que he visto últimamente. ¿Por qué fui a verla? Porque escuché en la radio que era mucho mejor que The interview y porque vi en el Metrópoli de El Mundo —debería dejar de fiarme de los críticos— que le daban cuatro estrellas. Aparte me interesaba ver la actuación de uno de mis actores favoritos de comedia, Steve Carell, en un drama por el que le han nominado al Óscar.

Y como digo fue una gran decepción. La película es excesivamente lenta y vacía. Vacía de todo: de historia, de argumento, de intriga y, sobre todo, de sonido. Es una película terrible y bochornosamente silenciosa (no apta para comedores de palomitas), con la única recompensa del impactante contraste con el ruido del final (aunque en esto no le llega ni a la suela de los zapatos a The artist, por ejemplo). También hay algunas pequeñas muestras de música desquiciantemente tranquila.

1423523320571Digo que además está vacía de argumento porque es una historia poco interesante y mal narrada. Si una historia real es aburrida, ¿para qué contarla? Y ya que se cuenta, cuéntese con gracia, con coherencia y con esmero. Tampoco los personajes ayudan mucho, con personalidades poco y mal definidas. Steve Carell, por muy bien que se haya preparado el papel, por mucho que actuara así hasta en los descansos, perpetra, perdón, representa un personaje muy mal caracterizado hasta en el maquillaje (y eso sin contar lo de la nariz), un personaje cuya transición, si es que la hay, va a saltos, sin que uno sepa bien de qué va todo hasta el final, con lo que acaba pareciendo un quiero y no puedo de Jack Torrance. Una pena porque Channing Tatum, por su parte, hace lo que puede y Mark Rufallo demuestra que se le puede meter en cualquier brete, que él saldrá airoso. Pero una película no se sustenta solo por la actuación de sus actores; eso debería darse por hecho. Y menos una película vacía además de mensaje alguno.

Y yo que me esperaba una película de luchas entre hermanos a lo Warrior. Pero, claro, ¿qué se puede esperar del director (Bennett Miller) de la penosa Capote o de la interesante pero fatal ejecutada Moneyball?

En fin, una tarde de dinero, salud y ánimo tirados a la basura y otra decepción más del cine, ante una película que tenía muchas ganas de ver. Y encima habrá que soportar a los listillos que, como pasó con Matthew McConaughey, empiecen a ponderar ahora la versatilidad de Steve Carell.

¿Por qué se llama Foxcatcher? Es el nombre de la finca donde vive con su madre du Pont, el psicópata personaje acomplejado y con aires de grandeza (hasta llegar a creer que es la esperanza a Estados Unidos), representado por Steve Carell, que demuestra lo peligroso que es el dinero en malas manos. Eso sí, su intención de patrocinar una disciplina cultural, en este caso el deporte, ya podría ser imitada por muchos, en vez de que se lo gastaran en caprichos. La finca se llama así porque alberga caballos empleados en la caza del zorro.

¿Por qué o por qué no verla? No hay que verla. Es lenta, tediosa, molesta, incoherente, está mal narrada y parece que asistimos a los ocho años que le llevó al director terminarla, aunque en verdad no son más que dos largas y pesadas horas. Lo de la escasa presencia femenina, pega que le ponían en el Metrópoli,  es lo de menos.