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Imparable (nota = 6,8)

Tuvo su familla cuando salió, pero nadie me recomendó Imparable lo suficiente como para ir al cine a verla. Aun así, es de esas que suelen acampar en mis listas. Sin esperar nada del otro mundo, nos la pusimos como película de jueves. Y no defraudó… en cuanto a absurda película de jueves. Seguir leyendo Imparable (nota = 6,8)

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Historias de San Valentín (nota = 7,5)

Aunque no me suelen gustar las películas con demasiadas historias, sí me gustan las comedias románticas de este tipo como Love Actually o Alles is liefde, una película holandesa que recomiendo vivamente (al parecer la única película en la que Carice Van Houten, Melisandre en Juego de Tronos, no enseña las tetas). En este sentido  Historias de San Valentín tenía que gustarme y por eso tenía muchas ganas de verla cuando salió. Pero la gente la puso a parir y al final no la vi. Hasta el otro día. Me daba vergüenza ser un aficionado de las comedias románticas y no haberla visto.

10917521_10155242438515438_233501728_nY no sé si fue por el efecto rebote, pero no me disgustó. No importa que las historias no sean interesantes o que en algunos casos sean completamente exageradas e inverosímiles; no importa que salgan Anne Hathaway, Jennifer Garner y Julia Roberts; no importa que salga el lobo de Crepúsculo; no importa que la genial Shirley MacLaine tenga un papel de los que me ofende; no importa la presencia de Jamie Foxx, tan repelente como siempre, y no importa que todo se desarrolle en el incómodo día de San Valentín. Ashton Kutcher y su jersey rosa, la impresionante Taylor Swift (aunque me caiga mal porque no pone sus canciones en Spotify), Patrick Dempsey (al que tengo especial cariño desde la genial La boda de mi novia) y una muy bien tramada red de personajes e historias consiguen hacer de la película algo llevadero, entretenido y ameno. Mejoraría algo con mejor música.

Así que, sin llegar al nivel de Love Actually, no me parece una película tan mala para ser como es.

¿Por qué se llama Historias de San Valentín? Porque toda la película se basa en las historias de distintas parejas el día de San Valentín. Podría ser muy repelente, pero en general el sabor que se le queda a uno es el de que, aunque el amor es una locura, es algo maravilloso y que el día de San Valentín no es más que un reflejo exacerbado de ello.

¿Por qué o por qué no verla? Aunque no es una película genial, es de esas comedias románticas dulces y entretenidas que alegran una tarde.

Amor y otras drogas (nota = 7,6)

Otra de las pelis que alguien me recomendó en su lista era Amor y otras drogas (lista que podéis ver en la entrada que publiqué ayer). Esta era una de esas comedias que aparece en las listas, así que no me costó mucho decidirme a verla. Lo malo es que como me pasó con Crazy, Stupid, Love, también la había visto ya y en este caso me acordaba un poco más. Según mi hermano la otra vez que la vi salí despotricando.

Pues no sé si el estar con alguien me ha cambiado la perspectiva o si he cambiado yo, pero esta vez me gustó un poco más y hasta me llegué a emocionar con la última escena. Lo bonito de la película es la historia que se describe, la de una pareja en la que se crea un desequilibrio, en este caso por una enfermedad, y lo difícil que es manejar eso. Por una parte es difícil para la persona, supuestamente superior (aquí porque no está enferma), que tiene que convivir con los posibles trastornos que una enfermedad puede causar. Pero también para la persona enferma es una situación complicada, por la desconfianza que su situación le provoca y por las dudas que le surgirán para entender por qué la otra persona, pudiendo estar con cualquier otra mujer, quiere estar con ella. La razón es que el amor es irracional, es como una droga o una medicina (drug es también medicina), como el título de la película indica, algo que misteriosamente hace que necesitemosPicsArt_1418123962430 a la otra persona, sea como sea, y que esa persona nos necesite a nosotros. Y esta idea está bastante lograda en la película, sin que importe tener que aguantar a Anne Hathaway, que al menos aquí no da tanto repelús como en Interstellar. Jake Gylenhaal, en cambio, está más o menos bien. El que no falla es Hank Azaria, quien, sin poder llegar al nivel de Agador Spartacus en Una jaula de grillos o a su personaje en Friends, vuelve a estar brillante a pesar de su poco agradecido papel.

Se consigue, así, en la película transmitir la idea de que todos los planes que teníamos pueden cambiar cuando —cito libremente la película— entre cientos de personas de las que ninguna te deja huella de repente conoces a una que te cambia la vida para siempre. Y no importa el motivo, no importa lo superficial, lo importante es que esa persona tiene algo que nadie más tiene, algo que está mucho más allá de cualquier enfermedad o defecto o cualquier cuestión física, algo que está más allá de las tonterías de la vida, algo que va a ser para siempre (a lo sapiosexual, je, je). Y ahí es cuando te das cuenta de que es verdad que en la vida, como dice Jake Gylenhaal, muchas veces no se cumple lo que deseas, pero eso es porque lo que has encontrado es tan bueno que era imposible de desear o de imaginar. Y por eso se hace tan necesario, bendita necesidad, estar con la otra persona.

¿Por qué se llama Amor y otras drogas? Porque aparte de la relación amorosa en la que Anne Hathaway se vuelve como una droga, o más bien como una medicina, para Jake Gylenhaal, el personaje interpretado por Jake es un comercial de medicamentos, entre los que está la viagra, por ejemplo.

¿Por qué o por qué no verla? Recomiendo verla cuando se esté en una relación. Como he dicho, creo que a mí no me gustó nada la primera vez que la vi, estando soltero y ahora… ahora me ha emocionado un poquito. Tiene algunas partes emocionantes y algunas partes medio divertidas, a pesar de los dramáticos momentos que la enfermedad lógicamente conlleva. Recuerda un poco a El lado bueno de las cosas en ese sentido o a 50 primeras citas.

Las cosas de Georges Perec (nota = 7,7)

No quiero ni pensar cuánto tiempo llevaba con Las cosas de Georges Perec pendiente. Desde que me lo recomendó una amiga y me lo compré han podido pasar cuatro años. Ayer quería leerme un libro de los de un día porque en teoría hoy me llega El Buscón y, después de mucho cavilar (estaba un poco desganado), me decidí por este. En el momento en el que me recomendaron el libro yo no tenía ni idea ni de quién era Perec, pero luego leyendo por ahí uno ve que es de los escritores franceses más importantes, lo que pasa es que murió muy joven, con 45 años, en 1982. Si no, podría haberle arrebatado el Nobel a Modiano. He de reconocer que un libro que uno lleva teniendo tanto tiempo pendiente da pereza, pero en algún momento había que leerlo. Encima era el primero en la famosa lista de la primera página de mi cuaderno.

Y la cosa (o Las cosas) empezó mal. Demasiada descripción de cosas y un listado demasiado grande. Muy duro para mí que odio los listados en los libros. Pero luego se le coge el tranquillo al estilo y acaban teniendo sentido las enumeraciones, porque representan la cantidad de cosas que nos rodean e inundan nuestras vidas.

Destacan en el libro algunas cosas interesantes. Lo primero es que el protagonista es una pareja: Jérôme y Sylvie. Siempre están juntos, siempre actúan a la vez, tienen los mismos deseos, incluso cuando se pelean se pelean los dos de igual manera. Lo segundo destacable es la combinación sutil de distintos tiempos verbales como la del condicional para enumerar todo lo que conseguirían si fueran ricos con el pasado, con un interesante imperfecto y con el futuro. En esto me recordó a veces a La lluvia amarilla de Julio Llamazares. Y destaca la prodigiosa manera en la que el autor describe esos años de incertidumbre entre los 25 y los 30 en los que uno no sabe muy bien lo que hacer, no sabe si lo bueno es asumir que por vivir en una sociedad hay que adaptarse a la vida “normal” y tener un trabajo normal y una familia e hijos.

Es la parte central del libro y para mí la que de verdad merece la pena. La primera parte con todas las enumeraciones y la última en Sfax (Túnez) no aportan demasiado. Pero esa parte central refleja magistralmente la brecha que se crea en un grupo de amigos cuando unos van cayendo al abismo de la sociedad normal y otros todavía mantienen la esperanza de llevar una vida libre, con poco dinero, en la que el deseo no puede con la libertad. Pero al final todo el mundo cae. Yo ahora que no estoy trabajando estoy precisamente en ese momento de indeterminación. ¿Puedo dedicar mi vida a escribir? ¿Tengo que buscar irremediablemente un trabajo normal? ¿Tengo que formar una familia? Como se dice en algún momento del libro, los que trabajan para un futuro «no están necesariamente equivocados» y los que solo buscan la felicidad «serán siempre desgraciados». Ya veremos si yo también acabo cayendo. Así caen Jérôme y Sylvie en el libro:

«Entonces un día —¿no habían sabido siempre que vendría ese día?—, decidirán acabar, de una vez para siempre, como los otros.»

Es una visión terrible de cómo la sociedad y, como se menciona en el libro, la publicidad pueden determinar la vida que debemos llevar.

En resumen, que a pesar de las largas enumeraciones de cosas (muy apropiado con el título del libro) y el viaje a Túnez esta obra refleja de una manera brillante, aunque abrumadora, la transición a la vida adulta.

¿Por qué se llama Las cosas? A mi entender se llama así por la cantidad de cosas que nos rodean y nos hacen sentir deseos de poseerlas, haciendo que necesitemos vivir una vida normal con un trabajo que nos permita si no adquirir esas cosas, al menos pensar que podemos hacerlo y no vernos lejos de ellas. En algún punto del libro se dice que la falta de dinero hace que incluso se evite tener pareja. Terrible.

¿Por qué o por qué no leerla? Es un libro muy corto y ya digo que con una parte central sublime. Es muy recomendable para los que tengan entre 25 y 35 años y no tengan trabajo y, sobre todo, para los que tengan tentaciones de vivir una vida al margen de la sociedad. Aquí hay otra crítica que explica bien por qué leer Las cosas.