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Rojo y negro (miniserie) (nota = 6,8)

Rojo y negro, el libro de Stendhal, es de los que más pereza me ha dado siempre, pero de los que siempre he considerado imprescindibles. En verano, de vacaciones, me lo empecé a leer, pero la edición tenía demasiadas erratas y cambié a Ciudadano Max. El otro día me iba a empezar otra edición que tenemos, pero vi que la miniserie de cuatro capítulos me iba a llevar menos tiempo. Comprobé que no era la típica cutre, que hasta salía Ewan McGregor, y la vi en cuatro “amenas” sesiones.

Mientras la veía, no sabía hasta qué punto la miniserie era fiel a la novela. Había cosas que no me pegaba mucho que salieran en la novela, como el personaje imaginario de Napoleón, pero en general suponía que la historia sí seguía la de la novela. Según leo ahora, Napoleón es la referencia de Julián Sorel (el protagonista, representado por Ewan McGregor) en la novela y, efectivamente, es creación de la miniserie. Desde luego más fiel que el protagonista seguro que es la miniserie.

Pero el problema claramente es la historia. Es la típica historia decimonónica y de estilo folletinesco que tanto aborrezco. Lo de folletinesco lo digo no porque se publicara en folletín, sino por ser de esas obras en las que parece que al autor se le van ocurriendo las cosas según escribe, sin tener un plan o una estructura previa. Es además de esas historias en las que las mujeres son por naturaleza infieles, donde todos los personajes son malvados y envidiosos, donde todos son quisquillosos e impulsivos, en los primeros coletazos de una sociedad decadente. Lo de los duelos, por ejemplo, es algo que yo no soy capaz de entender.

Pero lo peor de las obras del siglo XIX es la intensidad y el dramatismo con el que se cuentan cosas que hoy, por gracia o por desgracia, están más que superadas. La sensación que da al final es que te han contado algo grandioso (me pasó lo mismo, por ejemplo con Madame Bovary, publicada algo más de veinte años después) y en verdad es una historia tonta y aburrida, con alguna frase propia de escritor grandilocuente y poco más. Y siempre con líos de faldas, cartas y clases sociales muy pesados.

En defnitiva, es otra obra tan pretenciosa y aséptica como los cuadros de Courbet y de otros de esa época. Quiero creer que el libro ofrece algo más que esta miniserie, la cual hay que reconocer que, dentro de las limitaciones, no está mal.

¿Por qué se llama Rojo y negro? El protagonista es un cura que destaca por su buena memoria para las referencias latinas, por sus comedidos aires de grandeza y por enamorar siempre a quien no debe. Yo creía recordar que el título era por algo de que el rojo se refería al uniforme de guerra y el negro al de cura. La cosa es que, o no me fijé bien, o no hay demasiado rojo en la miniserie. Acabo de mirar otra vez a ver si es que Napoleón iba de rojo, pero no. Tal vez los colores se refieran a sangre y vísceras o a sangre fresca y a sangre podrida. O que el protagonista es un soldado en tiempo de paz. A saber.

¿Por qué o por qué no verla? Si la novela es como la miniserie, desde luego es preferible perder cuatro horas en la miniserie que alguna más en la novela. Si la novela es mejor, nadie se pierde nada (salvo algún semidesnudo de Rachel Weisz) si no ve la miniserie.

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Quiéreme si te atreves (nota = 7,1)

Una chica me habló bien de Quiéreme si te atreves y, aunque dijo que no me iba a gustar, cualquier película que alguien destaca es de obligada visión para mí. No importaba que la película sea la típica francesa con Mation Cotillard que odio. Había que verla.

Y, aunque es la típica película francesa que odio, la verdad es que no me disgustó. Aunque es una película algo errabunda, inestable y saltarina (como un tiovivo, quizás), por lo menos es original para bien. Cuenta la historia de un juego entre dos niños (es mucho más acertado el nombre en francés de la película, Jeux d’enfants) que se van pasando precisamente un tiovivo retándose. Los retos, que podían ser buenos, no son más que fechorías que les meterán en líos. Y los líos no estarían mal si no fuera porque poco a poco les van separando, a pesar de lo mucho que se quieren.

No obstante, entre salto y salto temporal, acaban dejando a un lado todo lo que tienen alrededor, porque desde pequeños nada más que ellos importa, ni el respeto a los demás, ni las relaciones con otros, ni un recuerdito de la abuela, ni las bodas, ni siquiera el tiempo. El amor que les une puede más que todo eso. Prueba de ello es el simbólico y terrible final, muestra de un amor eterno en el que solo estar juntos importa a la pareja. Un amor que está magistralmente representado por Guillaume Canet y Marion Cotillard, que hacen gala de ser una pareja ideal no solo en la realidad.

Y es esta terrible, extraña, retadora e inquietante forma de ver el amor lo que hace que la película sea muy interesante. Sin embargo, se podría haber mejorado con unos retos algo más edificantes y románticos. En cualquier caso, la doble posibilidad final es una brillante muestra de que cuando uno encuentra el amor verdadero da igual llegar a viejos o acabar sepultados en un bloque de hormigón. Lo importante es acabar juntos uno al lado del otro, porque incluso toda una vida tiene menos importancia que ese único instante.  Luego ya cada uno puede considerar si es capaz o incapaz de dar toda una vida por un instante como ese. Si a esto se le añade una banda sonora con La vie en rose como tema, pues queda una cosa cuando menos artística y bonita.

¿Por qué se llama Quiéreme si te atreves? Porque la película es un reto continuo a cometer atrocidades, algunas de las cuales les perjudican, pero otras, como darse un beso, decir que no en la boda con otro o quererse, acaban uniéndoles para siempre. Y uniéndoles bien.

¿Por qué o por qué no verla? Puestos a ver una película francesa, esta por lo menos es original y transmite una idea profunda y bonita. Eso sí, la forma como esta idea está tratada puede tocar un poco las narices.