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Rush (nota = 7,7)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Suelo resistirme a ver biopics y más si tienen algo que ver con el deporte, no sé por qué. Luego me gustan, pero me cuesta. Es lo que me pasó con Rush. Ya no solo el hecho de que fuera un biopic deportivo, sino el que además fuera de deporte antiguo (de antes de que yo naciera) me hizo tener la sensación de que la película iba a ser algo casposa.


Pero no. La película está bien narrada, a un ritmo perfecto para que incluso a los que no somos amantes de la Fórmula 1 nos pueda llegar. De hecho, creo que para acentuar la emoción ayuda  el no conocer la historia de Niki Lauda.

Aunque se echa mano —supongo que porque así ocurrió— de recursos típicos de películas deportivas con rivalidad entre dos deportistas (Niki Lauda y James Hunt), la película es fresca y original. Y lo que no lo es sirve para recordar las películas de hace poco tiempo que no necesitaban de demasiada parafernalia para gustar. Se puede hacer una buena película simplemente con una buena historia, imágenes decentes, alguna frasecilla que aporte algo más, un mensaje bonito, buenos actores (o, al menos, que no den vergüenza) y música emocionante. Y eso es lo que pasa aquí. Por eso, Rush no es un peliculón, pero sí una película entretenida y agradable de ver (quitando una escena).

¿Por qué se llama Rush? Rush en inglés significa ‘prisa’ o ‘apresuramiento’. Un nombre lógico para una película de Fórmula 1.

¿Por qué o por qué no verla? Ron Howard consigue hacer una película moderna pero de las tradicionales, algo que se ve poco hoy. A esto ayudan un claro mensaje de superación a través de la enemistad o rivalidad, donde se ve que lo malo no siempre es malo, y, sobre todo, Daniel Brühl, por quien yo no daba ni un duro, pero de quien el propio Niki Lauda dijo que lo había bordado. Todo lo demás rueda solo.

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Los juegos del hambre: En llamas (nota = 6,6)

Viendo que iban a sacar la tercera parte de Los juegos del hambre y con la curiosidad de saber lo que era sinsajo, pensé que tenía que ver la segunda parte, Los juegos del hambre: En llamas, a pesar de que la primera no me gustó mucho. Debería haber sospechado que no iba a ser nada buena y más, cuando el viernes mi hermano, que la había visto recientemente, me pidió encarecidamente que no la pusiera, que no quería verla otra vez.

Y es que esta segunda parte es bastante mala. Probablemente peor que la anterior. La película se queda a medias en todo. Uno espera otros juegos del hambre como los de la primera, pero cuando ve que ha pasado más de una hora considera que ya no va a haber juegos, pero luego de repente salen los juegos de los mejores, que tienen muy buena pinta, pero ya no hay tiempo para desarrollarlos y se quedan en una tontería aún mayor que los de la primera. Lo de los cañonazos, por ejemplo, me ataca los nervios. Toda la historia me deja la misma sensación que la guerra en general y que el sentimentaloide (otro más) nuevo anuncio de Navidad de la I Guerra Mundial que ha salido en las redes. Por mucho que te obliguen, si tú no quieres matar a nadie, no le matas, por mucho que si no lo haces te maten a ti. Así se acabarían todas las guerras.

Pero bueno, tratar estos temas estaría bien y más si se les suma la crítica a la parafernalia en torno a los espectáculos y a los medios y cómo estos pueden manipularnos si la historia fuera un poco más verosímil y menos embarullada, con toda la liosa relación aparente entre los dos protagonistas, si los diálogos no fueran tan estúpidos y si los personajes estuvieran mejor construidos y no fueran tan ridículos. Hasta Woody Harrelson da repelús. Por no hablar de Josh Hutcherson, al que no sé si cogí manía en Los chicos están bien o dónde, pero al que verdaderamente tengo mucha manía. La película se salva por la maravillosa Jennifer Lawrence. Bueno, y por el gran Stanley Tucci, que nunca falla. Y tiene la curiosidad de que el diseñador sea Lenny Kravitz, en otra película con cantante, como Sin compromiso con Ludacris. Precisamente, los diseños son de lo mejor de la película, con esos vestidos que se transforman en llamas.

El resultado, pues, es una película ñoña, excesivamente larga, que quiere y no puede tratar de manera adecuada y pertinente el tema de la esperanza contra las injusticias y la rebelión, una película, en fin, que se queda a medias en todo. Una película donde todo está tratado desde un punto de vista muy comercial, para ganar dinero, que es supuestamente una de las cosas que se critica en la película.

Al menos esta es mejor que la de El corredor del laberinto. Ahora me queda ver Divergente, para seguir con las sagas mediocres, sensibleras y comerciales que inundan últimamente los cines. Lo peor de todo es que supongo que iré a ver la parte tercera de Los juegos del hambre por curiosidad. Del director, Francis Lawrence, tengo pendiente Constantine, que veré dentro de poco.

240px-Sinsajo_de_Los_Juegos_del_HambrePor cierto, al final descubrí que el sinsajo (en inglés mockingjay, que suena algo mejor) es el pájaro símbolo de la esperanza. En esta no se dice, pero el nombre viene de la unión de los pájaros charlajo y sinsonte.

¿Por qué se llama Los juegos del hambre: En llamas? Pues supongo que se llama así porque a Katniss Evergreen (Jennifer Lawrence) la llaman la chica en llamas por sus vestidos, que al girar, con la fricción, se transforman en llamas. Lo de juegos del hambre creo que es porque los juegos son un tributo para que los superiores de todos los distritos les sigan alimentando.

¿Por qué o por qué no verla? Sinceramente, no habría que verla. Antes se pueden ver películas como V de vendetta, si se quiere ver algo sobre venganzas contra la injusticia social o muchas más. La ley del silencio, por ejemplo, es bastante mejor. Y si se quiere ver algo de aventuras de este tipo, mejor ver películas de superhéroes o leer cosas sobre mitología griega, que es lo que este tipo de películas plagian para peor.