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Historias de San Valentín (nota = 7,5)

Aunque no me suelen gustar las películas con demasiadas historias, sí me gustan las comedias románticas de este tipo como Love Actually o Alles is liefde, una película holandesa que recomiendo vivamente (al parecer la única película en la que Carice Van Houten, Melisandre en Juego de Tronos, no enseña las tetas). En este sentido  Historias de San Valentín tenía que gustarme y por eso tenía muchas ganas de verla cuando salió. Pero la gente la puso a parir y al final no la vi. Hasta el otro día. Me daba vergüenza ser un aficionado de las comedias románticas y no haberla visto.

10917521_10155242438515438_233501728_nY no sé si fue por el efecto rebote, pero no me disgustó. No importa que las historias no sean interesantes o que en algunos casos sean completamente exageradas e inverosímiles; no importa que salgan Anne Hathaway, Jennifer Garner y Julia Roberts; no importa que salga el lobo de Crepúsculo; no importa que la genial Shirley MacLaine tenga un papel de los que me ofende; no importa la presencia de Jamie Foxx, tan repelente como siempre, y no importa que todo se desarrolle en el incómodo día de San Valentín. Ashton Kutcher y su jersey rosa, la impresionante Taylor Swift (aunque me caiga mal porque no pone sus canciones en Spotify), Patrick Dempsey (al que tengo especial cariño desde la genial La boda de mi novia) y una muy bien tramada red de personajes e historias consiguen hacer de la película algo llevadero, entretenido y ameno. Mejoraría algo con mejor música.

Así que, sin llegar al nivel de Love Actually, no me parece una película tan mala para ser como es.

¿Por qué se llama Historias de San Valentín? Porque toda la película se basa en las historias de distintas parejas el día de San Valentín. Podría ser muy repelente, pero en general el sabor que se le queda a uno es el de que, aunque el amor es una locura, es algo maravilloso y que el día de San Valentín no es más que un reflejo exacerbado de ello.

¿Por qué o por qué no verla? Aunque no es una película genial, es de esas comedias románticas dulces y entretenidas que alegran una tarde.

Amor y otras drogas (nota = 7,6)

Otra de las pelis que alguien me recomendó en su lista era Amor y otras drogas (lista que podéis ver en la entrada que publiqué ayer). Esta era una de esas comedias que aparece en las listas, así que no me costó mucho decidirme a verla. Lo malo es que como me pasó con Crazy, Stupid, Love, también la había visto ya y en este caso me acordaba un poco más. Según mi hermano la otra vez que la vi salí despotricando.

Pues no sé si el estar con alguien me ha cambiado la perspectiva o si he cambiado yo, pero esta vez me gustó un poco más y hasta me llegué a emocionar con la última escena. Lo bonito de la película es la historia que se describe, la de una pareja en la que se crea un desequilibrio, en este caso por una enfermedad, y lo difícil que es manejar eso. Por una parte es difícil para la persona, supuestamente superior (aquí porque no está enferma), que tiene que convivir con los posibles trastornos que una enfermedad puede causar. Pero también para la persona enferma es una situación complicada, por la desconfianza que su situación le provoca y por las dudas que le surgirán para entender por qué la otra persona, pudiendo estar con cualquier otra mujer, quiere estar con ella. La razón es que el amor es irracional, es como una droga o una medicina (drug es también medicina), como el título de la película indica, algo que misteriosamente hace que necesitemosPicsArt_1418123962430 a la otra persona, sea como sea, y que esa persona nos necesite a nosotros. Y esta idea está bastante lograda en la película, sin que importe tener que aguantar a Anne Hathaway, que al menos aquí no da tanto repelús como en Interstellar. Jake Gylenhaal, en cambio, está más o menos bien. El que no falla es Hank Azaria, quien, sin poder llegar al nivel de Agador Spartacus en Una jaula de grillos o a su personaje en Friends, vuelve a estar brillante a pesar de su poco agradecido papel.

Se consigue, así, en la película transmitir la idea de que todos los planes que teníamos pueden cambiar cuando —cito libremente la película— entre cientos de personas de las que ninguna te deja huella de repente conoces a una que te cambia la vida para siempre. Y no importa el motivo, no importa lo superficial, lo importante es que esa persona tiene algo que nadie más tiene, algo que está mucho más allá de cualquier enfermedad o defecto o cualquier cuestión física, algo que está más allá de las tonterías de la vida, algo que va a ser para siempre (a lo sapiosexual, je, je). Y ahí es cuando te das cuenta de que es verdad que en la vida, como dice Jake Gylenhaal, muchas veces no se cumple lo que deseas, pero eso es porque lo que has encontrado es tan bueno que era imposible de desear o de imaginar. Y por eso se hace tan necesario, bendita necesidad, estar con la otra persona.

¿Por qué se llama Amor y otras drogas? Porque aparte de la relación amorosa en la que Anne Hathaway se vuelve como una droga, o más bien como una medicina, para Jake Gylenhaal, el personaje interpretado por Jake es un comercial de medicamentos, entre los que está la viagra, por ejemplo.

¿Por qué o por qué no verla? Recomiendo verla cuando se esté en una relación. Como he dicho, creo que a mí no me gustó nada la primera vez que la vi, estando soltero y ahora… ahora me ha emocionado un poquito. Tiene algunas partes emocionantes y algunas partes medio divertidas, a pesar de los dramáticos momentos que la enfermedad lógicamente conlleva. Recuerda un poco a El lado bueno de las cosas en ese sentido o a 50 primeras citas.