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Todos eran mis hijos de Arthur Miller (nota = 7,8)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Con motivo del centenario del nacimiento de Arthur Miller El Cultural de El Mundo dedicaba el otro día varias páginas al autor. Fue el aliciente perfecto para dejar a un lado por fin la desazón que me produjo Muerte de un viajante y atreverme, no sin miedo, con Todos eran mis hijos, obra suya de la que tanto había oído hablar. Opté por la representación de Estudio 1, disponible en la página de rtve.


Y la obra es muchísimo mejor que Muerte de un viajante. En este caso la amargura de la historia presentada no es en absoluto innecesaria. La sospecha de la culpabilidad del padre, la esperanza de que alguien no haya muerto, el rencor o la distinta manera de entender la vida son algunas de las cuestiones trascendentales que se tratan aquí y que retratan en un espacio único y de una manera terriblemente veraz las obligatorias fricciones que se dan en la vida cuando la muerte acecha o cuando debemos elegir entre lo que debemos y lo que queremos.

Basada en hechos reales, pero presentada de una manera genial, que la buena representación de Estudio 1 no desmejora, con un genial Narciso Ibáñez Menta (padre de Chicho), como Joe Keller, la obra presenta dilemas clásicos motivados por el amor. ¿Hasta qué punto querer a alguien justifica nuestro actos? A la solidez y contundencia de la obra contribuyen sin duda símbolos como el del árbol, que muestran cómo a veces, cuando todo falla, siempre nos queda la opción de refugiarnos en la fantasía, opción no obligatoriamente desdeñable.

¿Por qué se llama Todos eran mis hijos? Ojo spoiler. Las muertes de los aviadores que se estrellaron por culpa de las piezas defectuosas que Joe Keller no evitó que se mandaran, entre los que se econtraba su hijo, al fin y al cabo le duelen como si todos fueran sus hijos (dicho al final de la obra).

¿Por qué o por qué no verla? La obra es muy buena a pesar del estatismo de las escenas y de que trata un tema bastante duro y poco agradable. Demuestra que en un solo espacio se puede hacer una gran obra (no como en Mi gran noche), siempre y cuando los diálogos y los sentimientos sean capaces de cubrirlo todo e, incluso, de levarnos más allá de la escena.

Ahora me queda El crisol o Las brujas de Salem y con eso iré que chuto con Arthur Miller.

La dama duende de Calderón de la Barca (nota = 7,0)

Siempre he sentido curiosidad por tres obras con la palabra dama: La dama boba de Lope, La dama duende de Calderón y La dama pájara de Camilo José Cela. El otro día, quería seguir con Poncela y ponerme Un marido de ida y vuelta, pero no hay versión de Estudio 1 de ella. Para elegir cuál ver entonces, me metí en el canal de Youtube de Estudio 1 con la intención de ir siguiendo un orden. La primera que aparece es La vida es sueño, que ya vi, y la siguiente era precisamente La dama duende. Era el momento de empezar con el trío de damas.

La historia es bastante simple, pero la trama es un poco intrincada. Es una verdadera comedia de enredo con un jaleo grande de personajes y lugares. Los versos no son demasiado buenos al principio, hasta que se llega a las impresionantes palabras (casi al comienzo de la Jornada II) que don Luis, el hermano de don Juan, amigo que acoge al protagonista don Manuel, le dedica a Beatriz. Unas palabras de amor cargadas de preciosos contrastes:

«Mayor gloria me darás
cuando más penas me ofrezcas;
pues cuando más me aborrezcas
tengo de quererte más.»

Y sobre todo las palabras del final:

«aunque es mejor, porque dé
gloria al amor, siendo dios,
que olvides tú por los dos;
que yo por los dos querré.»

Estos versos quizás son lo mejor de la obra (creo recordar que luego había alguno más), junto con las graciosas situaciones que se producen con el miedo del criado gracioso de don Manuel, Cosme, cuando cree que ha entrado un duende en la habitación.

Pero, aunque más completa y simpática que La cisma de Ingalaterra, es esta otra obra sencilla, pese a lo embrollado de la trama, de Calderón.

¿Por qué se llama La dama duende? Porque doña Ángela, hermana del que hospeda a don Manuel, tiene acceso a través de una alacena al cuarto del invitado y, hasta que no se dan cuenta de que la que entra y desordena las cosas es ella, creen que es un duende.

¿Por qué o por qué no verla? La obra es bastante normal, pero la representación de Estudio 1 es muy buena, con un gran Jaime Blanch, por ejemplo. Aunque solo sea por eso, se puede ver, siempre y cuando se hayan visto antes otras del autor como La vida es sueño y El alcalde de Zalamea.