Archivo de la etiqueta: distopía

Alphaville (nota = 6,6)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Alphaville era una de esas películas clásicas que el no verla me hacía sentir que no sé de cine a pesar de haber visto ya bastates películas. Pero es que no me apetecía nada. Y eso que aún no sabía que era una distopía de esas frías y agobiantes. Finalmente, el cargo de conciencia de no haber visto ninguna película de Godard y el hecho de que la película sea corta y estuviera de las primeras de mi lista alfabética me hicieron decidirme a verla. Seguir leyendo Alphaville (nota = 6,6)

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Un mundo feliz de Aldous Huxley (nota = 6,1)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

No sé si leí Un mundo feliz en el colegio o no (me da a mí que no). El caso es que el otro día al leer sobre Divergente, me di cuenta de que no me acordaba de nada. Decían que Divergente se inspira en Un mundo feliz en el hecho de dividir a la sociedad en clases, una idea que, como ya dije, me interesa bastante. A pesar de mi tirria a las distopías, decidí leérmela, sin recordar que estaba en la primera página de mi cuaderno de listas. No esperaba gran cosa. Seguir leyendo Un mundo feliz de Aldous Huxley (nota = 6,1)

1984 (nota = 7,1)

Llevaba tiempo queriéndome leer 1984 de George Orwell , pero pasaba el tiempo y veía que se me acumulaba debajo de otros, así que decidí ver la película para al menos recordar la historia y, entre otras cosas, no limitarme a saber que de aquí se sacó lo de Gran hermano sino también poder acertar la respuesta a preguntas como la que hicieron el otro día en Saber y Ganar de cómo se llamaba el protagonista. Ahora ya sé que es Winston Smith. La verdad es que como en cualquier obra con distopía me daba un poco de pereza, pero 1984 es un clásico que hay que conocer y que encima estaba en la primera página de mi lista.

La película es tan escalofriante como esperaba. ¡Qué mal lo paso con la ciencia ficción y más con este tipo de distopías! En esta obra uno se siente continuamente observado y perseguido, casi no se atreve uno a parpadear. Provoca un terrible desasosiego e inquietud. Continuamente se ven los ojos del gran hermano mirando y se están oyendo consignas por la radio. También lo de la neolengua escalofría un poco. Me recuerda en parte a una de las novelas que estoy escribiendo.

Todos los personajes son como autómatas, fríos y sin sentimientos. Incluso los protagonistas, que son el ejemplo de la revolución, parecen cumplir con las órdenes cuando las están desobedeciendo. Los desnudos integrales de Julia, por ejemplo, son frígidos. Luego la reconversión de Winston es claustrofóbica, agobiante y estremecedora. Casi peor que lo de los ojos de  La naranja mecánica.

La conclusión que uno saca de esta obra es que, a menor escala, vivimos en un mundo así donde poca gente piensa por sí misma y donde nos limitamos a ocupar el lugar que la sociedad nos deja por mucho que vivamos en democracia y no en un estado comunista. En esta sociedad el pensamiento libre es un peligro para todos, quizás porque no nos educan desde pequeños a utilizarlo y a sacarle provecho, debido seguramente a tener que ir al colegio y tener que estudiar lo impuesto por los planes de estudios, es decir, por los que gobiernan, vamos.

En general es, pues, una obra interesante, pero terrible, con la que se pasa bastante mal rato. Yo llegué a sudar. Pero, claro, yo es que tengo especial aversión a las distopías. Sigo teniendo pendiente leer o releer Un mundo feliz de Aldous Huxley, pero dejaré un tiempo hasta que se me pase el disgusto de esta.

¿Por qué se llama 1984? Porque 1984 (año en el que nací yo, por cierto) es el año en el que el protagonista Winston Smith empieza a escribir su diario con ideas revolucionarias, diario que acabará dejando a la fuerza para simplemente acabar escribiendo en el polvo de una mesa 2 + 2 = 5 (de donde Radiohead sacó el nombre de su canción, por ejemplo).