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Discurso del método de René Descartes (nota = 7,5)

Charles Van Doren pone por las nubes el Discurso del método de Descartes: «al lector que desee comprender el mundo intelectual en el que vivimos no sabría recomendarle libro más útil que el Discurso del método». Con esa recomendación era difícil no aprovechar que esa noche tenía que empezar un nuevo libro para leerme este.

Pues o yo ya comprendo el mundo intelectual y estoy a la altura de Descartes, cosa que me extraña, o a mí no me parece que Descartes sea tan revelador como sugiere Van Doren. Aunque no se puede negar que el Discurso del método tiene muchas frases para subrayar, no son de las que a uno se le quedan grabadas para siempre. Y encima el método que describe y utiliza en la propia obra no es convincente. El famoso «cogito, ergo sum», el cual no sin dudas yo siempre había respetado, acaba quedando en entredicho en la obra. No me parece el utilizado un razonamiento metódicamente adecuado. Además los argumentos, que supuestamente van paso a paso construyendo el edificio del pensamiento y solo con los bloques verdaderos en sí mismos, se escurren entre las manos y no son satisfactorios. Me suscitó muchas dudas la discusión sobre la diferencia entre sueños y pensamiento lúcido y despierto o la demostración de la existencia de Dios. En algunos momentos parece que peca de lo mismo que critica y esto hace que hasta uno se cuestione si está tan claro que existamos porque pensamos.

Aun así, es un magnífico libro para replantearse algunos principios que tenemos demasiado asentados, como el excesivo asombro ante lo que nos dicen los mayores y los supuestos intelectuales y personajes cultos de la sociedad, es un magnífico libro para darse cuenta de que es verdad que pocas veces uno recibe críticas imprevistas y adecuadas, es magnífico para entender que solo pensando por uno mismo y no arrastrados por gurús ciegos que nos arrastran a cuevas oscuras para que estemos a su altura es como uno puede llegar a la verdad, magnífico para comprender nuestro poder como seres humanos frente a los animales, para animarnos en el camino de nuestros sueños y objetivos y no quedarnos en cambio perdidos en medio del bosque, para hacernos ver que quizás es mejor dedicarse a cosas que pueden hacer mucho bien a nuestros nietos antes que dedicarse a cosas que pueden ser meramente correctas para nuestros coetáneos, para reflexionar sobre qué tareas del hombre son útiles y trascendentes si es que hay alguna, para entender, en fin, que, aunque irremediablemente y por suerte vivimos en una sociedad, esto no quiere decir que tengamos que pertenecer enteramente a ella, que la sociedad misma nos deja momentos que hay que aprovechar para la reflexión, para el pensamiento, para ser nosotros mismo dentro del mogollón que es la sociedad y que puede llevarnos a  pensar igual que los demás sin ser conscientes de ello, a necesitar su aprobación para ser felices, a, como leí el otro día, preferir tener razón antes que saber la verdad, a un marasmo moral camuflado de dinamismo ficticio y presente en el que solo importa quedar bien en cada momento.

Así pues, a pesar de que el Discurso del método no es la gran obra que uno puede pensar, sí que convendría que mucha gente la leyera para tratar de salir de esa parálisis y esa dependencia intelectual de muchos, que sería poco adecuada y conveniente incluso en una sociedad que defendiera los valores que nos hacen humanos, que me temo que no es el caso en estos tiempos que corren.

¿Por qué se llama Discurso del método? En primer lugar, Descartes lo llama discurso y no tratado, por ejemplo, porque no quiere dar lecciones, sino simplemente describir y hablar sobre (y esta es la segunda parte del título) el método que le sirvió para acercarse a la verdad. Supuestamente, según las notas de la edición de El Mundo que manejé, Descartes no era tan humilde. El método consiste en empezar de cero asumiendo como ciertas solo las verdades absolutas.

¿Por qué o por qué no leerla? Como he dicho, sin ser una obra definitiva a mucha gente le vendrá bien un golpe de raciocionio y de reflexión y un toque de atención para no dejarse llevar por la sociedad, lo cual es cómodo y satisfactorio, pero solo en el momento presente y, por tanto, no deja huella ni en nuestra alma ni en las futuras generaciones.

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Lista por ver/leer 3

20150321_161631La catedral del mar
Paul Auster – Brooklyn Follies
Fausto
Así habló Zaratustra
Gulliver
Pilares de la tierra
La montaña mágica
Memorias de Adriano
La conjura de los necios
Elogio de la locura
La feria de las vanidades
Discurso del método
Del sentimiento trágico de la vida
Manifiesto comunista
Mi lucha
Archipiélago Gulag
Mortal y rosa
Bernal Díaz del Castillo
Carmen
Juana la Loca
Los Borgia
Medici: padrinos Renacimiento
Los Tudor
El Corán
El libro de Mormón
La interpretación de los sueños
Kawabata
Rebecca
Rayuela
Casa de muñecas
Ubú rey
Ensayos Montaigne
Alice Munro
Fred Vargas
Anna Gavalda
Zalacaín
AMDG Ayala
Los detectives salvajes – 2666 – Bolaño
La tregua – Benedetti
El jinete polaco – Muñoz Molina
Tiempo de silencio
Bomarzo
Beatriz y los cuerpos celestes
Libro de Job de la Biblia
Gogol – Almas muertas / Taras Bulba
Knut Hamsun – Hambre
Tristam Shandy
John Banville – El mar
Plácido
La dama de hierro
Poemas de Paul Celan
Céline – Viaje al fin de la noche
Sandor Marái – El último encuentro
Echegaray
Love Story
Novelas ejemplares
Persiles Segismunda
La verbena de la paloma 1963
Capitán Blood
M vampiro
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