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Sé infiel y no mires con quién (nota = 7,0)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

¡Qué mejor como película de jueves que una española de la 2! Y más si está basada en una obra de teatro. Pues eso era el jueves pasado Sé infiel y no mires con quién. Encima de Trueba y con grandes estrellas como Resines (en la época en la que tenía pelo y bigote negros), Carmen Maura, Ana Belén, Verónica Forqué o Santiago Ramos (el de la buhardilla de Aquí no hay quien viva). Seguir leyendo Sé infiel y no mires con quién (nota = 7,0)

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Carmen (nota = 6,8)

Carmen de Bizet es una de mis óperas favoritas (a punto estuvo de dejar de serlo en Utrecht porque las campanas de la catedral me despertaban con la melodía), pero nunca había sabido bien de qué iba el tema. Sabía que la tal Carmen era cigarrera, pero poco más. Ni siquiera tenía muy claro lo que era una cigarrera. Y como en estos casos, por mucho que leas el resumen en la Wikipedia, luego no te acuerdas, decidí ver Carmen, la película española de Vicente Aranda, que me quedé con ganas de ver en su momento, para enterarme de una vez del argumento. Suponía que no iba a ser nada del otro mundo, pero por lo menos me enteraba de la historia.

Y la película me sorprendió por varios motivos. El primero fue por la dureza o crudeza de la historia plagada de peleas, insultos, artes ocultas, infidelidades y muertes. No me imaginaba en absoluto que fuera a ser así. Yo pensaba que era una historia feliz en la que una cigarrera se enamoraba de un torero y acababan los dos felizmente casados. Esto, sumado a la presencia de Prosper Merimée (el escritor de la novela en la que se basa la ópera de Bizet) como personaje de la película, me hizo sospechar que la historia fuera en verdad una adaptación libre de la historia. Lo miré al terminar y lo que sucede es que la película está basada directamente en la novela y no en la ópera, que tiene un argumento algo distinto y supongo que más cómico, porque se encuadra dentro de la opéra-comique francesa, aunque por lo que veo la muerte final sigue estando presente. He llegado a dudar que lo de comique significara ‘gracioso’, pero en la Wikipedia pone que este estilo tiene un tono más jocoso y popular que la grand opéra. También me soprendió, aunque no tanto porque por algún motivo me daba el tufillo cuando empecé a verla, el hecho de que no se utilice en la película la música de Bizet. Una pena. Y por último sorprende la cantidad de desnudos integrales de Paz Vega.

Pero, quitando estas sorpresas, en general la película está bastante bien hecha, bien ambientada, es entretenida y los actores no están mal, Paz Vega y Sbaraglia, sobre todo, como protagonistas que llevan muy bien la historia. Me ha convencido Vicente Aranda para ver otra de sus películas que tengo pendientes, Juana la Loca.

¿Por qué se llama Carmen? Porque la protagonista es una mujer gitana y medio bruja que se llama Carmen. La historia trata de la manera en la que esta Carmen trastorna la vida de un soldado que se enamora de ella y al que lleva por el camino de la amargura, llevándole a cometer actos que jamás habría cometido, propiedad del amor que bien se señala en El banquete de Platón, hasta que se produce el trágico desenlace. Lo que no sé es por qué Merimée le puso Carmen a la protagonista. Puede que tenga que ver con que canta (carmen en latín es ‘canto’ o ‘música’).

¿Por qué verla o no verla? Es perfecta para el que quiera enterarse de la historia de Carmen, si se tienen en cuenta, eso sí, los factores que a mí me sorprendieron, como que está basada en la novela de Merimée y que no sale la música de la ópera de Bizet. Encima tiene el aliciente de los desnudos de Paz Vega. Pero que tampoco se espere nadie una maravilla de película.

¡Ay, Carmela! (nota = 6,3)

Siguiendo con la lista de obras de teatro, la siguiente era ¡Ay, Carmela!, una obra reciente de José Sanchis Sinisterra que (ahora me pregunto por qué) aparece en un montón de listas. En este caso, igual que en El perro del hortelano, estaba claro que había que ver la película a la que le dieron tantos Goyas. Me esperaba una comedia graciosa que diera un toque de humor a la Guerra Civil.

Pero no. Como he dicho antes, me amargó la tarde. Es verdad que tiene alguna cosa graciosa, pero en general es una visión horrible de la Guerra Civil y de la vida. Pero eso ya se sabe; no hace falta darle más vueltas. La trama parecía convincente: unos cómicos que accidentalmente se ven obligados a cambiar un espectáculo dirigido a los republicanos por uno dirigido a los nacionales. Y esto, que podría dar lugar a escenas cómicas y embarazosas y tener gracia, en la obra no la tiene en absoluto. Y eso que Carmen Maura, Andrés Pajares y Gabino Diego están geniales. Incluso el italiano. No tanto otros como el desafortunado Miguel Rellán.

Pero el problema es que la obra no da mucho de sí. En momentos llega incluso a ser innecesariamente desagradable. Aparte endosan canciones enteras así por las buenas que a uno no le importan un pepino. Menos mal que la canción italiana la pasan a segundo plano. Solo se salvan los momentos de la canción de ¡Ay, Carmela! y el del Himno de Riego.

Por último, el final, nefastamente abrupto, deja con muy mal cuerpo. Lo que pasa con Gabino Diego es típico y lamentable.

Así que es una obra que probablemente refleja muy bien los horrores de la Guerra Civil, pero que a mí me parece que lo hace de una manera torpe y simplona. Vaya diferencia con otras obras que también tratan temas duros y delicados.

¿Por qué se llama ¡Ay, Carmela!? «¡Ay, Carmela!» es lo que se dice en el estribillo de la canción El paso del Ebro, que fue una canción del Ejército republicano del Ebro, adaptada de una independentista de 1808 donde se decía ¡Ay, Manuela!, según puedo ver en honor a Manuela Malasaña. Además, la protagonista del grupo cómico de la obra, aquí Carmen Maura, se llama a su vez Carmela, lo cual hace que algunos personajes la vean como un símbolo republicano y que en el momento álgido de la obra canten la canción enardecidos por ella contra los despiadados franquistas. Lo que no sé es quién es la Carmela que se menciona en la canción republicana.

Por cierto, escribiendo sobre la adaptación de Ricardo III del mismo autor, me doy cuenta de que Sanchis es sin tilde, no es como el futbolista. Lo corrijo aquí.