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Conversaciones con Billy Wilder de Cameron Crowe (nota = 7,6)

El otro día por mi cumpleaños alguien que tiene el don de hacerme los mejores regalos, me regaló Conversaciones con Billy Wilder sin saber del todo si me gustaba Billy Wilder. Acertó plenamente porque, aunque no es mi director favorito, sí es de los que más películas suyas he visto y de los que más me interesa. Últimamente había visto suyas Sabrina e Irma la dulce, y también hace no mucho Testigo de cargo, Perdición o El apartamento. Como curiosidad diré que también ese alguien me regaló entradas para un concierto de Vetusta Morla y Supersubmarina, solo por Vetusta, sin saber que me gusta aún más Supersubmarina. La regaladora me dijo que entre otras cosas me regalaba el libro porque es interesante para el que quiere hacer guiones, como empieza a ser mi caso. Y para colmo últimamente había estado pensando que quería algún libro de cine divertido. Así que todo empezaba muy bien.

Y el libro no defraudó. Siendo un libro largo y tratándose solo de una entrevista, podría no haberme gustado, pero ni el libro se hace largo ni la entrevista cansa. Y eso que hay algunas cosas que se repiten, y eso que Cameron Crowe (director de Jerry Maguire o de Casi famosos) parece un poco pretencioso y algunas de sus preguntas no son las más acertadas ni siempre parece tomar el camino correcto y que Billy Wilder es a veces un poco idiotita y chulo. quotescover-JPG-14

Pero, en general, se dicen cosas muy interesantes, de esas que no se suelen encontrar fácilmente en páginas generales y que luego mola reconocer al ver las películas. También se habla de muchas películas (de Billy y no de Billy; me hice una lista de las que me faltan) y de actores. Aprovechando, vi Ariane entre medias y me fijé en cosas que antes no me habría fijado como que es música de Waxman, guión de Billy y de Izzy Diamond y en detalles más concretos, como la genial escena del carrito de las bebidas.

Con respecto a las técnicas para escribir un guión o contar una historia, no se dan consejos ordenados, pero sí que se van dando pistas suculentas a lo largo de la entrevista. Son sobresalientes entre otras muchas cosas la mención a los trucos de los hermanos Marx, controlando los tiempos de las risas del espectador, por ejemplo, la pasión por Lubistch (director de Ninotchka, de la que Wilder fue guionista) y la famosa frase colgada en su estudio de «¿Cómo lo haría Lubitsch?», las numerosas anécdotas, como la del diálogo con la cucaracha y la historia de la mosca, y la continua presencia del ingenio de Wilder, un ingenio que no siempre llega a ser genial, pero se queda cerca, como cuando dice que él rechazó el formato panorámico porque «solo servía para contar la historia de amor de dos perros salchicha».

Es, en definitiva un libro idóneo para los que quieren saber algo más del cine, para los que han entrado o quieren entrar en el mundo Wilder, para los buscadores de curiosidades, para los que quieran escribir, para los que quieran saber el truco de Gary Cooper para ligar, para los que como Wilder tengan una visión del cine en la que no solo hay que darle un premio a los actores que representan a cojos y retrasados, para los que tampoco entiendan los musicales porque no es normal que la gente empiece a cantar de repente o para los que encuentran en su propia vida el mejor guión.

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Ariane (nota = 7,5)

En algunas entradas de este blog he mostrado mi interés por ver Ariane o Love in the afternoon. Al final, cuando entré en la racha de no ver casi películas antiguas la dejé de lado. Pero, como dije el otro día, alguien me regaló por mi cumpleaños el libro de Conversaciones con Billy Wilder de Cameron Crowe, y eso reavivó el deseo de verla.

No sabía demasiado de la peli, pero fui recordando cosas que había leído en el libro a medida que avanzaba, como lo del cuarteto o lo de la ristra de novios. No sé por qué la escena inicial me sonaba muchísimo, como de haberla visto ya o de haberla visto en otra película. Pasada esta escena, la película en sí es algo larga y no llega al nivel de deleite de otras como Sabrina, por ejemplo. Es algo peor. Solo cuando Audrey, que también está pero, menos atractiva y dulce aquí, empieza a dar la lista de antiguos novios, la película empieza a ganar interés,PicsArt_1418992744596 pero enseguida, cuando el señor Flannagan (Gary Cooper) se pone a repetir la grabación, se vuelve repetitiva y pesada.

Los escasos toques de humor buenos también son algo repetitivos, como lo del cuarteto de zíngaros. Destaca aun así el valor de la música en la película y el buen uso del blanco y negro. Es interesante también el juego con el nombre de Ariane durante toda la película y hay que reconocer que el argumento está muy bien construido con el continuo cruce entre el mundo del padre detective y el de Gary Cooper, a través de Ariane. La continua presencia de la melodía de Fascinación, aparte de pegadiza, es genial. También, hay muestras de la genialidad de Billy Wilder en la escena de los carritos de la bebida. Como dicen en el libro, cualquier otro guionista se habría llevado al desesperado personaje a emborracharse a un bar.

El argumento quizás se puede ver como algo frívolo y a Audrey como una tonta más que cae en el encanto de un seductor y se puede discutir si Billy Wilder era misógino (en el libro se sugiere), pero yo creo que lo bonito es quedarse con la idea de que a pesar de haber estado con muchas chicas, solo a ella la sube al tren, y solo a ella la quiere de verdad, lo cual explica la sonrisa del padre, a pesar de lo viejo, por cierto, que está Gary Cooper. Mucho mejor habría estado Cary Grant, que era el pretendido inicialmente.

¿Por qué se llama Ariane? Porque Audrey Hepburn tiene ese extraño nombre (aunque también se usa en Good Bye, Lenin!). El nombre da mucho juego. No digo mucho para no estropear. En inglés se llama Love in the afternoon porque Audrey no puede quedar con Gary por la noches y lo hace por las tardes, cosa que también da juego.

¿Por qué o por qué no verla? Se puede ver porque es de las películas simpáticas de Billy Wilder y es mucho mejor que lo que hay por ahí. Hay que verla por la escena de los carritos y la estridente música que la acompaña. Sin embargo, la película es un poco larga y Audrey no está tan bien como en otras.

Sabrina (nota = 8,1)

Otra de esas películas antiguas con nombre de chica que tenía en mis listas era Sabrina. Y más de darme cuenta de lo mucho que me gusta Audrey Hepburn cuando vi Vacaciones en Roma.

Y la película es muy buena. Tiene muy buen gusto, es muy dulce y la historia es complicada, pero muy bonita. Es la historia de un amor compulsivo equivocado, pero rectificado. Es una muestra de cómo las apariencias, a pesar de que puedan engañar al principio, acaban siendo menos importantes que la esencia misma de las personas. De cómo las diferencias sociales no son importantes. De cómo alguien acaba dejando una vida artificial y solitaria, simbolizada magistralmente por el plástico, por una vida feliz y plena donde no hace falta nada, ni paraguas.

Y en esto están genial Audrey Hepburn, que es Sabrina, y Humphrey Bogart. Están muy bien también todos los demás personajes, desde William Holden hasta todos los empleados de la casa. Sus reacciones, las lecturas de las cartas, sus buenos deseos hacia Sabrina y todo son deliciosos. Destaco al padre de Sabrina, interpretado por mi querido John Williams, que me encantó en películas Crimen perfecto, Testigo de cargo o Atrapa un ladrón. No es el compositor, por cierto.

El resultado es, por tanto, una película divertida, tierna y dulce, con una magnífica Audrey Hepburn. Tan deliciosa es Audrey que, incluso la terrible escena del humo de los coches tiene un toque tierno. Para seguir disfrutando con Audrey, veré My fair lady, y volveré a ver Charada. De Billy Wilder todavía me quedan La tentación vive arriba y Ariane, por ejemplo.

¿Por qué se llama Sabrina? Porque así es como se llama la protagonista, la hija del chófer, interpretada por Audrey Hepburn. Es una chica enamorada perdidamente de un hombre frívolo al que llega a conquistar para luego acabar dándose cuenta de que el amor es algo más que admiración.

Irma la dulce (nota = 7,6)

Por fin le hinqué el diente a una de las películas de un grupo que supongo que relaciono porque todas contienen un nombre de mujer. En el grupo están Irma la dulce, Marnie la ladrona, Marty y Laura, todas ellas presentes en mis listas desde hace tiempo. He empezado por Irma la dulce porque el otro día le pedí a unos amigos que me recomendaran películas y entre otras me recomendaron esta, aparte de Fanny y Alexander, que ya veré poco a poco, La diligencia o Caravana de mujeres.

Cuando empecé a ver Irma la dulce, no recordaba que iba de una puta ni lo de las medias verdes. Pero en cuanto vi a Shirley MacLaine lo recordé y recordé que preguntaron por lo de las medias en Saber y Ganar no hace mucho.

La película es divertida, inesperada, curiosa y bien hilada. Quizás lo único que podría haber mejorado es la idea final; mi hermano propuso otra que lo habría cerrado todo mejor. No voy a desvelar aquí nada. Sorprenden además algunas cosas, no solo dentro del mundo de la prostitución, que no sé si hoy estarían bien vistas, pero, en general creo que la película tiene muy buena intención.

Jack Lemmon, dentro de lo irritante que puede resultar está genial, mejor como Lord X, y Shirley MacLaine también. El personaje del dueño del bar es brillante y en general todos los personajes. Así, aunque es una película demasiado larga para su estilo, no se hace pesada en absoluto. Ah, y hay gracieta final, muy de la época.

Con esta ya he visto las cuatro de Billy Wilder que destaca IMDb, pero me quedan al menos tres en mis listas: Ariane, Sabrina y La tentación vive arriba. Las veré.