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Fundación de Isaac Asimov (nota = 7,0)

Mi hermano llevaba años recomendándome leer Fundación de Isaac Asimov, pero a mí me daba pereza (no soy devoto de la ciencia ficción). Tuvo que llegar el hermanito de Chritopher Nolan, Jonathan, y anunciar que va a sacar una serie basada en la saga para que yo me la empezara. Yo siempre me había imaginado Fundación como una historia de ciencia ficción en estado puro, con gobiernos y guerras futuristas.

Y aunque la novela es más o menos así, me sorprendió bastante. Yo esperaba un protagonista aventurero que fuera salvando planetas o algo así, pero aquí, como bien justifica mi hermano, el protagonista es la Fundación establecida en el planeta Términus y pensada para preservar el conocimiento enciclopédico de todo el Universo y así mantener el equilibrio y poder defenderse de las futuras crisis (crisis Seldon). Lo que no me imaginaba es que entre capítulo y capítulo iban a pasar muchos años, todos unidos por la figura de Hari Seldon, que se va apareciendo cada cierto tiempo, orientando sin dar demasiadas explicaciones a los miembros de la Fundación. Por lo menos, esta es la parte genial de la novela a mi parecer. Me emocioné con la idea de que los miembros de la Fundación no saben bien para qué hacen lo que hacen porque Hari Seldon, un psicohistoriador que ha sido capaz de vaticinar el futuro gracias a las estadísticas obtenidas a través de la psicología, no quiere que cambien los factores y considera que deben mantenerse en la ignorancia. Una ignorancia que no tiene por qué entenderse como algo malo. Y esa idea, la de cumplir una función sin saber siquiera si sirve para algo, es un reflejo claro de lo que representa la humanidad y la eterna pregunta de «¿Quiénes somos?». Por algún motivo estaremos aquí. Lo malo es que nosotros llevamos bastante tiempo sin que un Hari Seldon nos anime diciéndonos que vamos por el buen camino. También es genial la idea de que a partir de estudios psicológicos se pueda predecir el futuro y que no se intente evitarlo, sino simplemente saber reaccionar ante él. Al principio mola que todo lo que parecen adversidades habían sido planeadas por Hari Seldon, pero según se avanza en el tiempo la novela se va estropeando.

Efectivamente, es ese futuro predicho por Hari Seldon es lo que me decepcionó. Las historias que se cuentan en la novela son algo inconexas. En ellas asistimos a distintas etapas de la historia del Universo, de planetas como Ancreonte o Korell y sus reyes, sacerdotes, alcaldes y comerciantes. Pero no son historias completas ni bien desarrolladas, sino pedacitos que quedan algo incompletos, igual que los extractos de la Enciclopedia Galáctica que van apareciendo al inicio de los capítulos. Para mí esta estructura es incómoda y espero que en las siguientes partes de la saga todo se empiece a relacionar. Mi hermano justifica esta estructura alegando que es como si alguien cuenta la historia de Roma (en la que supuestamente está basada esta novela), que no tiene un solo personaje en el que centrarse. Pero uno espera historias más desarrolladas, no encuentros rápidos y esporádicos entre personajes que se nos van presentando a saltos.

Lo bueno es que estas historias dan pie a algunas reflexiones geniales sobre el poder y sobre qué mueve la sociedad («Habrá otras crisis en el porvenir, cuando el poder del dinero se haya convertido en una fuerza muerta como es ahora la religión»), sobre los gobiernos («Korell es uno de esos fenómenos frecuentes en la historia: la república cuyo gobernante tiene todos los atributos del monarca absoluto, menos el nombre») y su manipulación, sobre el tiempo o sobre la cultura («En estos días de decadencia no está de moda ser culto»).

Es, por tanto, un libro interesante, pero distinto a como yo pensaba. Como en otros libros de este tipo, me gustaría volver a leérmelo ya sabiendo cómo es, sin estar las primeras doscientas páginas esperando a que se acomode a mis expectativas hasta llegar a falta de diez páginas a la conclusión de que ya no va a ser así. Lo malo es que ahora tengo que leerme Señas de identidad de Juan Goytisolo, que ayer fue galardonado con el Premio Cervantes.

¿Por qué se llama Fundación? Porque el libro trata sobre una fundación creada en el exilio (tal como había planeado Hari Seldon) para redactar la Enciclopedia Galáctica y preservar así los conocimientos de una sociedad que se está desmoronando. Un desmoronamiento no muy alejado de la pérdida de valores y conocimientos profundos de nuestra sociedad actual.

¿Por qué o por qué no leerla? Aunque reconozco que el desconcierto que me ha producido la estructura del libro ha sido negativo, creo que es un libro que hay que leer, y más ahora que van a sacar la serie. Se lee rápido y sospecho que cuando lea las dos siguientes partes todo quedará un poco más claro y conectado.

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«X» representa lo desconocido de Isaac Asimov (nota = 8,5)

Para mi blog de ¿Por qué no sé esto? me salió una pregunta sobre las partículas alfa. Comentándolo con mi hermano me negó que las partículas alfa fueran núcleos de helio y me remitió a «X» representa lo desconocido de Isaac Asimov. AL consultarlo él mismo se dio cuenta de que yo estaba en lo cierto, pero me recomendó que me leyera el libro. Yo he de reconocer que antes de hacer la entrada de estas partículas no tenía ni idea de lo que eran ni de lo que son los rayos gamma, por ejemplo. Yo de Asimov he leído poco, mucho menos de lo que debería, y eso que Las palabras y los mitos, por ejemplo, me encantó. En cuanto terminé, lo más rápido que pude con el de Armas, gérmenes y acero, me puse con este.

Y me gustó mucho. A la primera parte de Física y Química le habría puesto más de un 9 seguro. Luego la parte de Astronomía y Matemáticas es un poco más aburrida, aunque, claro, yo la Astronomía, por algún motivo, quizás porque me parece inabarcable, la detesto. Pero esa primera parte es absolutamente recomendable para los que como yo no tengan ni idea de Física y Química. Explica perfectamente las propiedades del carbono y del silicio, las propiedades de los rayos ultravioleta y los infrarrojos, los rayos gamma, las ondas de radio, las microondas y las diferencias entre todos ellos. Lástima que ya se me empiece a olvidar todo. Y a lo Asimov todo explicado con una sencillez pasmante que hace que solo en alguna ocasión haya que releer párrafos, sobre todo en la parte de las Matemáticas. Se nota que Asimov domina menos esta disciplina. También destaca la introducción de cada artículo en la que nos deleita con alguna anécdota graciosa personal que luego enlaza, a veces de manera algo forzada, con lo que quiere explicar. Con esto demuestra lo brillantemente chalado que estaba Asimov.

Es, pues, un libro más que recomendable, sobre todo la primera parte, que, al parecer, es lo que me había dicho que me leyera mi hermano. No el libro entero. Si no me quedara tanto por leer, me lo releería. Lo que sí que me leeré pronto son los de Fundación y ya le he pedido más a mi hermano de Física. Lo bueno que tiene Asimov es que te enseña las bases necesarias para entender las cosas.

¿Por qué se llama «X» representa lo desconocido? Este es el título de uno de los artículos. El artículo se llama así porque habla de los rayos X. Los rayos X se llamaron así porque al principio no se sabía si eran partículas u ondas electromagnéticas. Al final se descubrió que eran ondas más cortas que los infrarrojos, aunque más largas que los rayos gamma, pero, según Asimov, se siguieron llamando X porque la otra opción, que era rayos Roentgen (por su descubridor), se rechazó por la dificultad de pronunciar Roentgen en lenguas distintas al aleman.

Pero lo de la x va más allá y le sirve a Asimov para remarcar la importancia para el ser humano de tener incógnitas que resolver, que si no, sería todo muy aburrido. Tal como dice en la Introducción, «lo verdaderamente delicioso se halla en el descubrimiento más que en el conocimiento».