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La última legión (nota = 7,4)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Hacía ya mucho tiempo que me llevaban mencionando y recomendando La última legión y que yo la quería ver sabiendo que trataba del último emperador de Roma, Rómulo Augústulo. Desde que lo estudié en el colegio siempre me impactó saber que el último emperador de Roma se llamaba como su fundador, Rómulo. Y nunca se me había olvidado quién fue el que le derrotó: Odoacro. Aun así era la típica película que tenía atragantada, hasta que por fin, después de otra nueva mención y recriminación por no haberla visto, la vi. Seguir leyendo La última legión (nota = 7,4)

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Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte (nota = 6,4)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

A pesar de lo poco que me gustó La tabla de Flandes, de la que dije que parecía estar escrita por un niño, quería leerme alguna otra novela de Reverte, tal vez El club Dumas. Y entonces publicó Hombres buenos.  Era perfecto: una novela de actualidad, de un autor del que quería leer algo y, encima, sobre un tema que me atañe, como es el de la historia de la RAE. En cuanto pude me puse con ella. Seguir leyendo Hombres buenos de Arturo Pérez-Reverte (nota = 6,4)

La tabla de Flandes de Arturo Pérez-Reverte (nota = 6,8)

Aunque por distintos motivos había cogido algo de manía a Arturo Pérez-Reverte, no podía criticarle por sus novelas porque El capitán Alatriste me encantó y no había leído nada más de él, así que decidí leer alguna novela suya. Vi que La tabla de Flandes era de las más celebradas y me puse con ella, o bien para seguir teniéndole al menos por buen escritor o bien para tener más armas con las que criticarle. Y ocurrió lo segundo.

El argumento de la novela en sí es interesante y toda la historia del cuadro está coherentemente planteada y tiene su misterio. Pero la estructura de la novela y la forma en la que se va desarrollando todo son poco acertadas. Es todo muy básico. Es como un libro infantil, pero sin serlo, exclusivamente por la capa de innecesarias escenas soeces y algunos tacos y palabras subidas de tono que aparecen en la novela. Lo de la botella de ginebra, por ejemplo, era totalmente prescindible. Además, a pesar del buen planteamiento inicial, del que sobran algunas listas de datos, la forma en la que se resuelve todo es sencilla y torpe. Tan torpe que, o se me ha escapado algo o hay una incongruencia grande. Al principio no se sabe bien la manera en la que el asesino se entera de las jugadas de los buenos, y luego, cuando se sabe quién era el asesino, uno puede explicárselo, pero no se explica por qué los buenos no se preguntaban que cómo lo descubría si no sabían que era él (o ella). Ahí hay un error garrafal. No sé cómo lo harían en la película, pero espero que lo arreglaran. partida2

Pero bueno, dejando a un lado este supuesto error, es que encima el final está fatal resuelto. Y ya no solo porque el asesino no tiene verdaderamente ninguna razón aceptable para hacer lo que ha hecho, sino porque luego se tira veinte densas páginas explicando todo, cosa que en las novelas policiacas suele agradecerse que se haga en dos páginas. Pero, claro, para eso hay que haber construido la novela de una manera más perspicaz.

Por otro lado, el libro tiene un toque sospechosamente femenino, como si lo hubiera escrito una mujer, algo que se puede apreciar en los personajes de Julia y Menchu. Muy raro. Y en general, aunque el estilo es aceptable, y Reverte conoce y utiliza muchas palabras y expresiones del español, al final no son más que circunloquios que demuestran que el autor camufla con un léxico excesivamente pomposo una sintaxis muy sencilla. Y encima se repite con el léxico que utiliza. No sé cuántas veces sale por ejemplo la palabra mohín.

En resumen, La tabla de Flandes es una novela con buen planteamiento pero fatalmente desarrollada que con una pequeña censura pasaría más por una novela infantil. No deja de ser, a pesar de todo, entretenida, salvo por su espeso final y por algunos incisos e interrupciones en los que los personajes reflexionan durante bastante rato, sin que ello aporte nada a la historia. Demuestra el autor, eso sí, un gran dominio del ajedrez, o al menos lo aparenta. En cualquier caso, como soy muy valiente y me gusta leer de todo, no dentro de mucho volveré algo de Reverte, por ejemplo, La carta esférica.

¿Por qué se llama La tabla de Flandes? Porque la pintura que da origen a la trama es una tabla holandesa obra de un autor inventado, Pieter Van Huys (no es el real Peter Huys), donde dos hombres juegan al ajedrez bajo la atenta mirada de una mujer, y en la que se descubre una misteriosa inscripción en la que se pregunta por el asesino del caballero. Habría tenido más gracia la cosa si este cuadro hubiera sido real y no un pastiche (leo por ahí que inspirado por obras como la Virgen del Canciller Rolin de Van Eyck), pero aun así, el cuadro está bien logrado y la historia, inspirada en personajes reales está muy bien elaborada. En eso hay que aplaudir a Reverte.

¿Por qué o por qué no leerla? Conviene leerla para saber cómo escribe Reverte y se puede leer poco después de haber leído alguna obra con verdadero buen español (alguna de Cela, por poner un ejemplo) para comprender que no basta con un léxico preciso para escribir bien.

 Con esta me quito la primera de las novelas de mi balda.

sin tabla flandes