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Glengarry Glen Ross (nota = 6,2)

Mi relación con Glengarry Glen Ross lleva viva ya algunos años. Desde hace mucho la llevo teniendo apuntada en mis listas porque aparece en todas partes. En las listas de César Vidal, por ejemplo, aparece tanto en películas como en obras de teatro. Pero no sé por qué siempre me había dado pereza verla. Llevaba tiempo diciéndole a mi hermano que había que hacerlo, pero nunca nos decidíamos. Al final, el detonante fue, como muchas otras veces Saber y Ganar. En la prueba de la parte por el todo salió el fotograma de una película y Víctor acertó a la primera que era La casa del juego de David Mamet. Me quedé flipado y cuando miré quién era David Mamet descubrí que era el escritor precisamente de Glengarry Glen Ross. Ya no había excusas.

Por el argumento pensamos que iba a ser dramática pero con algún tinte cómico, pero es solo dramática. Es una película angustiosa de uno de los temas que más odio, el de los vendedores. Tipo El lobo de Wall Street o Muerte de un viajante. No llega a ser tan horrible ni deja con tan mal cuerpo como Muerte de un viajante, pero es por el estilo. Representa los problemas entre una serie de vendedores de una empresa que compiten para no quedar últimos en el rankin del mes, para evitar ser echados. Todos están obsesionados con unas fichas nuevas que han venido de gente que tiene más probabilidades de comprar que la de las fichas que les dan. Planean robarlas y alguien llega a hacerlo. No digo quién o quiénes. Entre medias nos enfrentamos al sufrimiento de todos, al agobio del vendedor, a las falsas alegrías, a la manipulación, al feroz e irrespetuoso trato de unos con otros, de jefes a empleados y de empleados a jefes, incluso contra la policía que investiga el robo. Se nos presenta un mundo inhóspito en el que unos llaman a otros y no se contestan o contestan repitiendo lo anteriormente dicho o haciendo preguntas obvias para no avanzar en el diálogo. En esto el diálogo es brillantemente desapacible, pero creo que es demasiado teatral en la película. Es ese diálogo teatral demasiado rápido que odio, ese diálogo que cobra demasiado protagonismo en la historia y está demasiado cargado, tanto que la mitad de él sobra, con planos que se suceden demasiado rápido. Es decir, es el extremo opuesto a los odiosos silencios innecesarios de muchas películas. Creo que en esto la película fracasa no desligándose del teatro aprovechando la posibilidad de mejores escenarios, de la lluvia, por ejemplo. Algo sobra.

Por lo demás, el excelente reparto (Kevin Spacey, Al Pacino, Ed Harris, Jack Lemmon, Alec Baldwin, al que pronto veremos en Torrente 5) no defrauda. Lo hacen todos demasiado bien, tanto que uno piensa que son vendedores de verdad. Destaca Jack Lemmon, al que yo, si no llego a saber que salía, no le habría reconocido.

Al final, uno podría llegar a entender si se esfuerza la fama que tiene esta película, pero yo personalmente no entiendo quién puede recomendarla. Ahora veo que James Foley, el director es el mismo que el de House of Cards. Uf. Desde luego Mamet se ha ganado que no vea La casa del juego. Sé que así nunca voy a acertar a la primera la parte por el todo de Saber y Ganar, pero el precio es caro.

¿Por qué se llama Glengarry Glen Ross? No me quedó demasiado claro. Glengarry es la empresa que les vende las famosas fichas con gente a la que sería fácil vender. Y Glen Ross creo que solo se menciona una vez en la película y es una empresa antigua con la que también tuvieron relación.

Carlito’s way (nota= 7,0)

Yo siempre la había llamado Carlito’s way, pero descubrí que en español se llama Atrapado por su pasado. Es la típica película que sabía que había que ver, encuadrada en el grupo de pelis de gángsters que hay que ver junto a Scarface, Uno de los nuestros y otras de ese tipo, como Érase una vez en América, todas de Brian de Palma o de Scorsese. Generalizando, a mí esas películas siempre me han dado pereza. Son lo que yo llamo cine gris, en contraposición al cine negro, de una época del cine que detesto: finales de los 80 y principios de los 90. Por lo menos en los 90 ya las chicas no llevan esos pelos raros o esas hombreras vergonzosas y la música no es tan detestable.

El caso es que por fin decidí verla, con el detonante final de una chica que me envió su lista de 100 películas favoritas hecha en IMDb, en la que esta aparecía siendo una de las doce únicas que no había visto de toda la lista, junto con Casino, por ejemplo, que muy probablemente va a caer pronto. En este caso sentía especial pereza porque el título no me inspiraba mucha confianza.

Pero al final la película no estuvo del todo mal. Sería mucho mejor si no te destrozaran el final al principio. No entendí demasiado bien esta jugada. Tampoco ayuda mucho Al Pacino o, mejor dicho, el personaje de Carlito, porque Al Pacino está muy bien. Es un personaje que no me llega a convencer. Convence más, a pesar del auténtico asco que da y del que ya me había prevenido mi hermano, el personaje de Sean Penn. Hay extras míticos como Luis Guzmán, al que vimos por ejemplo el otro día en Somos los Miller, o James Rebhorn, al que vimos en Mi primo Vinny. ¡Anda! Y ahora veo que el que hace de Benny Blanco justo es Javier en Kick-Ass 2.

Luego hay partes que no están mal. Está bien la del billar con el chaval que sale en La Roca. Pero en general falta un poquito de acción. La persecución final por Grand Central es muy buena, lo de las escaleras mecánicas, por ejemplo, con la cámara bajando por las escaleras, pero creo recordar que me gustó mucho más Scarface.

Ahora, como ya he dicho, me queda Casino, Una historia del Bronx y acabo de ver que también tengo pendiente Donnie Brasco.