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Dos tontos todavía más tontos (nota = 7,7)

Vi no hace mucho Dos tontos muy tontos con el fin de prepararme para la segunda parte, Dos tontos todavía más tontos. Aunque la primera de pequeño me encantaba, me sorprendió gratamente lo buena que me seguía pareciendo y lo superior que era el humor de esta película con respecto al de las pelis actuales. A pesar de todo, de la segunda parte esperaba menos.

Pero no. Aunque es verdad que Dos tontos todavía más tontos es algo peor, se sigue manteniendo ese dulce y tonto, pero a la vez inteligente humor, de la primera, a pesar de tocar temas ciertamente delicados. Tan brillante es el humor que consigue hacerle a uno replantearse si en la vida es preferible ser tonto. Este humor sigue estando, pues, por encima del tosco, agresivo, desagradable y hasta zafio humor de las películas actuales (como en La Lego película, donde lo califiqué de humor bruto y enfadado, o Rango, por ejemplo).

1422556094889Mantiene también esta película un entrelazamiento de las historias soberbio, aunque no tanto como el de la primera. Quizás aquí se podría reprochar que en esta hay demasiadas sorpresas, las cuales, por cietro, he de reconocer que no me esperaba. Además nuevamente la película tiene buena música (con canciones de Franz Ferdinand o Empire of the sun entre otros).

En suma, es una segunda parte más que digna a pesar de competir con una primera parte maravillosa. No hay tantos puntos buenos, pero los hermanos Farrelly han vuelto a demostrar que el humor no está reñido con el buen gusto. Sigue siendo magistral, por ejemplo, el recurso de hacer parecer que uno se va a enfadar con otro por una broma, pero en lugar de eso felicitarle y que celebren los dos lo tontos que han sido.

¿Por qué se llama Dos tontos todavía más tontos? Porque, aunque parecía imposible, en esta película Lloyd y Harry se superan. No están tan graciosos, pero sí deliciosamente tontos.

¿Por qué o por qué no verla? A los que no les gustó Dos tontos muy tontos, quizás no les haga gracia. A los que les gustó, que no se pierdan esta; van a pasar un rato muy agradable. Mismos personajes, mismos recursos y un esquema muy parecido. No faltan muertes, suplantaciones de personalidad, el niño ciego, etc.

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Armas, gérmenes y acero de Jared Diamond (nota = 6,6)

El otro día en El Cultural de El Mundo, venía un reportaje de Why the West rules for now de Ian Morris y nombraban Armas, gérmenes y acero como obra clave. Y yo, que tantas veces he oído hablar de ella, pero por tenerla en inglés no terminaba de decidirme nunca a leérmela decidí comprarla en español. Esperaba algo como el libro de Ian Morris o Una breve historia de casi todo de Bill Bryson, que, aunque no me las he leído enteras, he leído muchas partes y las tengo como obras de divulgación con miles de datos interesantes que dan una visión general, muy detallada, eso sí, pero objetiva, de la historia. Y yo creía que este iba a ser así, por lo que, una vez que decidí que me quería leer este tipo de libros enteros, empecé a leerlo.

Y qué mal. En las primeras catorce páginas de las más de quinientas que tiene empecé a escamarme por el tono y las ideas, pero cuando me quedé de piedra fue cuando llegué a la siguiente estupidez, que resume el libro, y que demuestra la poca capacidad científica, pese a o quizás precisamente ratificada por lo mucho que critica a los demás, del señor Jared Diamond: «La historia siguió trayectorias distintas para diferentes pueblos debido a las diferencias existentes en los entornos de los pueblos, no debido a diferencias biológicas entre los propios pueblos». Esta idea es en sí misma falaz, poco científica y extrema. Si uno quiere decir que el entorno influye, ¿cómo no va a influir el entorno más inmediato que es la bilogía y la genética? Es imperdonable que se pueda omitir un factor tan importante solo por querer llevar la contra a otros, demostrando el poco rigor científico. Además, es muestra de esa idea tan común de que el ser diferente es ser malo, llamando racistas a los que simplemente apuntan diferencias entre pueblos, sin decir si una es inferior a otra. Gente como el señor Diamond demuestran que los racistas son ellos, porque vienen a decir que si hubiera diferencias entre pueblos ellos serían los superiores frente a los que creemos en la diferencia entre unos y otro y no lo vemos como una diferencia de escalón, sino como una diferencia dentro de un mismo escalón. Un desastre de inicio, vamos.

Por supuesto, al leer esta frase me planteé dejar el libro, porque no me apetecía leer los más que trillados argumentos de este tipo que no hacen sino tirar piedras en su propio tejado y que, no queriendo decir que hay diferencias entre nosotros, nos igualan a todos por lo bajo, en este caso sí, por lo bajo, como si fuéramos meras bestias arrojadas a un medio que nos determina sin que podamos hacer nada. Según se dice, si coincide que vivimos en un continente con más golfos (geográficos), seremos más avanzados que si vivimos en un continente amplio y recto. Hasta el mismo Diamond se da cuenta de su error y lo intenta matizar diciendo, creo que en el epílogo de 2003, que no es que seamos como marionetas, que algo sí que influye nuestra biología. Acabáramos.

Pero bueno, como yo sí que creo que podemos decidir, decidí leerme las restantes quinientas páginas a ver si sacaba algo interesante. Y la verdad es que hay poco, pero hay. Aunque casi todo el libro es un listado de especies vegetales y animales, útiles para decírselas a mi hermano para una lista que tiene, pero poco más, es verdad que no me viene mal saber un poco más de este tipo cosas. Además luego hay cosas interesantes como la explicación de las diferencias entre pueblos cazadores-recolectores y pueblos agricultores y cómo un pueblo sedentario puede crecer más y desarrollar la tecnología, o lo de la importancia de la resistencia a las enfermedades, o lo del eje norte-sur y este-oeste, si es que es verdad. Esto explicaría bien por qué suele haber más diferencias entre el norte y el sur que entre el este y el oeste (no hay una poesía que diga que el oeste también existe). Tiene interés también que el libro se centre en territorios no tan cercanos ni geográfica ni culturalmente, de los que yo he leído poco, como Australia. Lo malo es que el tío está obsesionado con Nueva Guinea porque ha vivido ahí y es bastante cansino con el tema, que no dejaría de ser interesante si no fuera tan pesado con ello. Además, al más puro estilo de una tesis, se repiten las cosas mucho. A veces parece que se han escrito los capítulos por separado, y me suena que leí en el prólogo que era así, que estaban recopilados. El caso es que el libro es más largo de lo debido, todo lo contrario que lo que pasa con los de Bryson.

En fin, que está claro que el entorno influye mucho, pero no hay que llegar a extremos imposibles y sin sentido y para llegar a esa conclusión no hace falta leerse este libro. Qué diferencia entre este libro y el de Bryson o el que me estoy leyendo ahora de Asimov, «X» representa lo desconocido, que está siendo una verdadera maravilla.

¿Por qué se llama Armas, gérmenes y acero? Porque el autor trata de demostrar que la respuesta a la pregunta de la que parte el libro, es decir, ¿por qué hay desigualdades entre distintos pueblos?, se debe a que el entorno ha hecho que unos pueblos hayan podido desarrollar armas y tecnología y a la vez que hayan desarrollado más resistencia a las enfermedades. Por ejemplo, los españoles conquistaron a los incas y aztecas en mayor parte debido a que les transmitieron enfermedades que a la fuerza o a la superioridad en las armas.