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Insidious (nota = 7,8)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Cuando vi que iban a estrenar Insidious 3 recordé que no había visto las anteriores. Me sonaba haber oído hablar de ellas cuando salieron pero, no sé si porque las confundí con El incidente de Shyalaman o por qué, pero no les presté atención. Entonces, investigando un poco, vi que Insidious e Insidious 2 eran del director de Saw y de Expediente Warren, James Wan, y que tenía que ver con Paranormal activity, la cual, aunque no me dio miedo (por algo que me habían dicho antes), sí me inquietó al menos y su estilo me gustó. Así que empecé a ver Insiduous con muchas ganas y con algo de miedo. Seguir leyendo Insidious (nota = 7,8)

Selma (nota = 6,8)

Aunque solo le dieran el Óscar a la mejor canción, una película que me quedaba por ver relacionada con los últimos Óscar era Selma. La otra importante que me queda es Siempre Alice, pero no soporto a Julianne Moore, así que esa tendrá que esperar. Con Malcolm X todavía pendiente, y ya sabiendo, por el tráiler, que no trataba de una mujer sino de un pueblo de negros que se rebeló contra el gobierno de los Estados Unidos bajo el liderazgo de Luther King, vi Selma. Seguir leyendo Selma (nota = 6,8)

Esta es una foto de la balda de mi cuarto en la que tengo los libros pendientes. Están ordenados por urgencia de lectura de izquierda a derecha. A ver si cumplo el orden. Ya digo que será difícil. El primero debería ser El Buscón, que me llega hoy. Y a lo mejor meto entre medias el Guzmán de Alfarache.

El lamento de Portnoy de Philip Roth (nota = 6,7)

Justo al terminar El proceso de Kafka, siendo el día antes de la entrega del premio Nobel, me dio una corazonada de que se lo iban a dar a Philip Roth y decidí leerme uno de los libros que tengo pendientes desde hace mucho, como refleja el hecho de que esté en la primera página de mi lista. El libro en concreto es El lamento de Portnoy (Portnoy’s complaint), que creo que es el más famoso suyo.

Empecé con intriga porque mi padre se lo había dejado en la página 64. Pronto pude comprender por qué. Desde el principio es un libro sucio, guarro y desagradable, de un personaje judío obsesionado con la masturbación. En la reseña de la edición que tengo (Bruguera) decían que es «una lúcida e irónica visión» de los judíos. Yo para eso ya tengo a Ross de Friends y a Howard de Big BangTheory, entre otros. El libro se basa en una explicación y justificación de su vida de Alexander Portnoy al psiquiatra Dr. Spielvogel. Es un monólogo que solo al final tiene respuesta del doctor. De forma parecida a Conversación en La Catedral, esto hace que de vez en cuando se vean en la obra elementos de conversación, como vocativos, lo que aquí está un poco mejor ejecutado.

El libro al final no son más que reflexiones y situaciones de la vida de Alex, centradas sobre todo en la relación con sus padres y con su hermana de pequeño, sus inicios en el amor propio y ajeno y sus relaciones con distintas mujeres a lo largo de la vida, además de su experiencia como judío dentro de la sociedad. En la mayoría de los casos se trata de cosas verdaderamente desagradables que yo preferiría no haber leído: el estreñimiento del padre, las obsesiones de la madre, sus masturbaciones explicadas con todo detalle, que dan arcadas, incluso masturbaciones en lugares públicos, sus relaciones sexuales con putas y su obsesión con enfermedades venéreas. En fin, todo un conjunto de experiencias de un depravado al que no le sirvió de nada ser un genio en la escuela.

Solo salva a la novela y al autor el que está muy bien escrita. La forma en la que se van narrando y encadenando estas horribles experiencias es magistral y cómo una cosa lleva a la otra y cómo una cosa recuerda a otra. La parte final en la que se ve desengañado por su propia tierra es interesante también. Por este estilo seguramente le daré otra oportunidad a Philip Roth, a ver si encuentro algo que no sea tan desagradable y permita disfrutar de su estilo y técnica tranquilamente. En ese mismo estado de espera se encuentra para mí Houellebecq, de quien leí otro libro bastante desagradable, Las partículas elementales, pero del que quiero leer algo más. Ayer me dijo mi madre que otro de sus libros le gustó mucho.

Curiosamente, hay algunas referencias a obras que he visto o leído recientemente. Por ejemplo, el protagonista se declara un «Raskolnikov de la masturbación», en referencia a Crimen y castigo. También en algún momento cita a Josep K. de El proceso.

En cualquier caso, ha sido un desastre y encima para colmo le dan el Nobel a Patrick Modiano, del que por cierto intentaré ver este fin de semana Bon voyage y he encargado por Amazon Calle de las Tiendas Oscuras. Con este libro de Roth ya tengo más o menos controlados a tres de los cuatro grandes novelistas norteamericanos (según Harold Bloom). De Cormac McCarthy he visto la de No es país para viejos. De Pynchon me leí el otro día la de La subasta del lote 49. De Don DeLillo ya investigaré a ver qué leo o veo, quizás Cosmópolis, y de Philip Roth de momento me conformo con esto. Pero, vamos, que visto lo viso creo que voy a dedicarme una temporadita a leer clásicos, que tengo pendiente la Odisea, la Eneida, las tragedias griegas y los diálogos de Platón (todo lo que voy leyendo en Breve historia del leer de Van Doren), así como muchas obras clásicas de la literatura española, El Buscón, por ejemplo.

¿Por qué se llama El lamento de Portnoy? Porque toda la obra es un lamento o explicación de su vida del judío Alexander Portnoy a su psicoanalista. Al final parece que después de todo y a pesar de todas las contingencias el protagonista ha disfrutado con su vida. No así el lector con la obra.

¿Por qué o por qué no leerla? Mi consejo es no leerla, porque es muy desagradable. Philip Roth parece un gran escritor, así que ya buscaré otro libro menos desagradable que se pueda leer.

Crimen y castigo (nota = 7,2)

Otra de las obras que llevaba tiempo atormentándome por estar en la famosa primera página de mi lista era Crimen y castigo (Prestupléniye i nakazániye) de Fiodor Dostoievsky. Como obra fundamental de la literatura tenía que por lo menos conocer la historia. Como leerme la novela me iba a llevar demasiado tiempo, vi un telefilm de 2002 de tres horas. Era consciente de que no iba a ser lo mismo, pero de momento solo puedo dedicar tiempo a obras largas en español. Ahora, por ejemplo, estoy dedicando tiempo (quizás más del debido) a Conversación en La Catedral de Vargas Llosa, que ya comentaré.

Pues bien, la obra me pareció bastante simple. Con un argumento impactante, pero sin ser nada del otro mundo. Me dejó bastante indiferente, la verdad. Toda la obra se basa en el crimen cometido por Raskolnikov, quien mata a una vieja usurera, en acto por la justicia, y la posterior descripción de la manera en la que va encajando en su vida lo que ha hecho, con momentos de felicidad y a la vez momentos de culpabilidad. Una auténtica lucha interna influenciada por todo lo que va ocurriendo a su alrededor.

Es algo que puede dar mucho juego, pero en la peli no lo hace. Supongo que la adaptación, aunque tiene un 7,6 en IMDb, hará que se pierdan muchísimas reflexiones y muchísimos detalles del libro. Por sia caso, fui leyendo partes del libro a la vez que veía la peli y tampoco me convenció nada demasiado. Ya me leeré el libro algún día, o quizás habría que leer el libro en ruso. Por ejemplo, hay muchas juegos de palabras con los nombres de los personajes que se pierden en la traducción. Solo me llamó la atención toda la idea de que los grandes hombres o los hombres extrordinarios de la historia de la humanidad se han visto obligados a ser criminales o, mejor dicho, «vienen obligados, por su propia naturaleza, a ser criminales sin remisión». De ahí que Raskolnikov, creyéndose un hombre extraordinario, cometa el crimen para cambiar las cosas, hasta que acaba desmoronándose y dándose cuenta de que quizás no sea igual que hombres como Napoleón, por lo que debe confesar y recibir el castigo. Un castigo que al final tampoco parece para tanto y menos cuando aparece Sonia, por lo que uno deduce que el verdadero castigo no es ese sino el de la culpabilidad infligido por la propia conciencia.

A lo largo de la obra somos testigos de distintas peleas familiares y de distintos amores y desamores. También hay muchas escenas en la comisaría a la que Raskolnikov va por distintos motivos, entre otros porque se siente culpable y porque su amigo Razumikin es sobrino del comisario Porfirio Petrovich. Esto crea bastante tensión, sobre todo cuando Raskolnikov se desmaya, dando muestras de que es culpable.

Pero, en fin, la obra me ha decepcionado bastante. Es mucho peor que Guerra y paz, obra de Tolstoi con la que general e irremediablemente se la compara. Aunque la verdad es que de Guerra y paz también vi una adaptación, que recomiendo vivamente, por cierto. Es la miniserie de 2007, donde entre otros sale Malcolm Mcdowell, en un papel bastante bueno. Prometo algún día leerme las dos obras, aunque habiendo visto esto cada vez me da más pereza meterme con la literatura rusa, y más quedándome todo lo que me queda de la española.

¿Por qué se llama Crimen y castigo? Porque la novela se vertebra sobre un crimen y su posterior castigo. El crimen es el de una vieja usurera que no tiene corazón y el de una posible testigo asesinadas brutalmente por el protagonista a hachazos. El castigo verdadero solo se produce al final cuando confiesa y es enviado a Siberia. Pero la cuestión es que ni el crimen ni el castigo son lo que aparentan. El crimen no es por robar o por una venganza. es simplemente porque un hombre extraordinario debe asesinar a los seres inútiles para crear un mundo mejor. El castigo verdadero son todos los sentimientos que surgen a raíz del crimen en el protagonista y lo que estos condicionan su vida y sus relaciones con los demás.

La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon (nota = 6,8)

Muchos son los motivos que me llevaron a leer ayer La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon. Me compré el libro hace tiempo, creo recordar que en una de esas veces en las que se empiezan a barajar posibles ganadores del Nobel de Literatura y me entra el agobio por no haber leído nada de alguno de ellos. Compré esta obra en concreto porque está considerada como una de las mejores novelas del siglo XX (bueno, de 1923 a 2005 por la revista TIME). Desde que me la compré, he tenido esta obra esperándome en mi cuarto y en el primer puesto de la primera página de mi famosa lista., siempre sintiendo algo de pereza por leerla, víctima del típico síndrome de libro que está primero en la lista. El empujón para vencer esta pereza llegó a partir de que Paul Thomas Anderson (el director que me aburrió con Pozos de ambición, pero del que no puedo opinar mucho porque no he visto The master, Magnolia o Boogie Nights) va a sacar una adaptación de otra de las obras de Pynchon, Vicio propio o Inherent Vice, y a partir de que precisamente por esta película, un amigo que estaba preparando un artículo para Kulturtado sobre ella, me preguntó si había leído algo de Pynchon. Consideré entonces que tenía que leer La subasta del lote 49 ya, dejando para más tarde El proceso de Kafka.

Y, aunque era consciente de que sería un libro de los (pos)modernos que no me gustan, tipo El mar de Banville o Desgracia de Coetzee o La historia siguiente de Nooteboom, no me esperaba el libro así en absoluto. No sé si está hecho aposta, pero es un libro paranoico y alucinógeno, que nos va llevando como a saltos de un sitio a otro siguiendo a la protagonista, Edipa, nombrada albacea de la herencia de un amante suyo, en busca de un misterio relacionado con esta herencia y que no se llega a saber si al final es verdad o si solo es una paranoia de la protagonista o un “bromazo” del fallecido. Digo lo de que no sé si está hecho aposta porque Edipa en la novela se ha sometido a experimentos con drogas y sería un buen recurso que el narrador se contagiara de ese estado de éxtasis, un éxtasis que, según se dice al final, puede ser la única manera de soportar la vida en América, una difícil vida en la que, por ejemplo, la protagonista ha perdido a todos sus hombres y no sabe qué es real y qué es ficticio.

Por este éxtasis o por la complicada sintaxis que a veces se nos presenta, tanto el relato como la protagonista son difíciles de seguir. Y esto hace que quizás el argumento se nos quede un poco lejano, que nos quedemos atrás, y que, consecuentemente, la novela no resulte tan interesante como lo podría ser un relato que narra la investigación de una antigua compañía clandestina de correos que aún hoy podría seguir viva, con sus propios símbolos y seguidores misteriosos, con muertes sospechosas, con mensajes escondidos en una obra literaria, con sellos falsos, es decir, tan interesante como puede ser El código Da Vinci, salvando las distancias en cuanto a calidad literaria. Tampoco ayuda mucho a tomarse en serio la novela que, por ejemplo, el marido de la protagonista se llame Mucho Maas. Bueno, peor habría sido Artur Mas.

En general, es un libro corto pero complicado que mehace recelar aún más de la literatura (pos)moderna, incluso de lo que yo mismo escribo, que he encontrado algunas notas comunes entre mi primera novela y esta, como las frases excesivamente largas y cargadas en algunos casos, las referencias culturales o el intercalado de historias que rompen la continuidad del texto. Con todo, trataré de ver Vicio propio, además de las de Paul Thomas Anderson que me quedan.

¿Por qué se llama La subasta del lote 49? Porque la herencia de sellos falsos que ha dejado Pierce, herencia de la que la portagonista Edipa es albacea, se acaba subastando como el lote 49. Estos sellos falsos, con el símbolo de una sordina, son restos de una compañía secreta de correo llamada Tristero.

El abuelo que saltó por la ventana y se largó (nota = 7,7)

Como sabéis, me leí el libro para ir a ver al cine El abuelo que saltó por la ventana y se largó.

La adaptación está muy bien hecha. Se saltan muchas partes, alguna con razón, como la parte de Irán, que era bastante aburrida, y cambian un poco la historia, a veces arreglan tonterías del libro, pero la película mejora bastante el libro. No sé si es que tengo una imaginación perversa, pero los personajes, que en el libro me cayeron fatal, en la peli son bastante agradables. Incluso el protagonista, que de joven (es el mismo actor de joven y de viejo) da un poco de asquete con un parecido a Harpo Marx, al final acaba convenciendo. Tanto me gustó la película más que el el libro que, al mirar hoy la nota que le di al libro, me ha extrañado un poco haberle dado una nota tan baja. Entiendo que lo que no me gustó del libro es el estilo. También es verdad que en una película no queda tan cargante el continuo salto en el tiempo.

Una pega de la película con respecto al libro es que se pierde uno de los mayores logros de este, como es el hecho de que, aunque de una manera algo ad hoc, todo está muy bien hilado. Y es una pena no ver a Mao en la película, aunque lo de Franco no tiene desperdicio. Además en la película se pierden algunas de las pocas cosas que me hicieron gracia del libro, como la explicación de por qué Benny ha casi terminado muchas carreras o la historia de los Never again. El jefe de estos es el único actor que nos sonó durante la película porque sale en Snatch (tengo que volver a verla) y Lock & Stock. Del resto la mayoría no nos sonaba y no tienen ni cara en IMDB. Solo Julius creíamos que nos sonaba, pero mi hermano sagazmente descubrió que es porque se parece a Chicote.

En resumen, considero que la combinación libro y película puede ser un buen plan para este verano.

La ladrona de libros (nota= 6,5)

Hace ya unos días que vi La ladrona de libros. No llegué a leerme el libro, así que tuve suerte de que sacaran la película rápido.

Lo que pasa es que la película en sí es bastante sosita y nada novedosa. Nada que no se haya visto ya en una película sobre algún pueblo durante la II Guerra Mundial, con su romance entre niños, su judío escondido, sus peleas entre vecinos, sus bombardeos y demás. Incluso el aliciente que podía tener lo de que la niña robe libros queda un poco al margen en la película. Salva los muebles Geoffrey Rush, que está impecable. Es bonito lo de la pizarra, pero no hay mucho más con lo que quedarse. Lo de quién es la de la voz en off  tiene su aquel, pero tampoco es para tira cohetes. Supongo que el libro será mejor.

Nader y Simin, una separación (nota = 6,2)

Empecé a ver esta película con gran expectación por cómo me la habían pintado y por el 8,5 de IMDB, no tanto por el Óscar a mejor película extranjera. Sin embargo, muy desde el principio me di cuenta de que no me iba a gustar, pero pensé que, como en Warrior, cuanto peor fuera el principio, más apoteósico iba a ser el final. Nada de nada. Un tema que en principio podría dar lugar a escenas emocionantes se queda en un conjunto de escenas sencillas que solo tienen fuerza por la situación de los personajes, la del padre sobre todo, para mí el personaje mejor conseguido de la película. Quizás porque no habla. El resto de personajes, salvo las dos niñas, que son las que lo pagan todo, son un conjunto de marionetas movidas por las mentiras, principalmente por la mentira de una mujer malvada; eso sí, luego no se atreve a jurar. Lo que sí que consigue la película es crear una tensión, a veces innecesaria, por las mentiras y peleas que se repiten en exceso -hasta el juez se lo recrimina a los dos hombres en una ocasión-.
Además se me ocurren finales mucho mejores. Es de las pocas veces en las que el final se produce al rato de empezar una escena, supongo que para reflejar que la vida continúa, pero que los momentos se alargan. La sensación que da es no obstante que el señor Farhadi no se quiere mojar en la elección de la niña o no sabe muy bien cómo resolver la situación. A mí se me ocurren otros finales, otro quizás muy típico y, por eso, pensaba que iba a ser el que había emocionado a los que, no conociendo mis gustos, me habían recomendado la película, y es que el abuelo al final hablara y contara toda la verdad, es decir, que el único que sabe y dice la verdad es el personaje que tiene Alzheimer, lo que vendría a representar que la enfermedad que padece nuestra sociedad es peor que el Alzheimer.
Lo que más me sorprendió de la película es la cantidad de peugeots que aparecen, en muchos casos más limpios que los no peugeots que aparecen alrededor.

Kickboxer (nota = 7,1)

Recomendada por un amigo cachas, ayer vi Kickboxer, de Van Damme. Desde el principio se nota que la peli es un último coletazo de los 80 por la musiquilla y la ropa, los pelos y bigotes de la gente. También se nota que es de serie B con planos que hasta yo que no tengo ni idea veo que están mal tomados. La cámara vibra.
Pese a todo pasé un rato buenísimo. Como buena película de acción y lucha, es deliciosamente previsible, ya desde el momento en que se ve al hermano. A mí siempre me han gustado especialmente las películas de venganza y más si el malo es muy malo y pega patadas a columnas de hormigón (aunque se nota demasiado el cartón piedra). Más aún si el bueno se prepara con uno de los mejores entrenadores de Muay Thai. Se ceban, eso sí, un poco con las fechorías de los malos: violación, secuestro, hasta maltrato animal. Y creo que el final no es todo lo apoteósico que podría ser, a pesar del Nun tsu kau del público cuando aparece el hermano. Mucho mejor es el momento de Bomber Bomber en Bombardero de Bud Spencer.
Por si todo esto fuera poco, mi hermano estaba todo el rato anunciando, sin saberlo, que iba a salir el baile de Van Damme de la vaina loca, así que imaginaos qué momento de gozo cuando, efectivamente, sale, pudiéndose además predecir antes al ver con qué atuendo aparece en la escena Van Damme (una horrible camiseta de tirantes ).
En resumen, una película recomendable para un día tonto, para reírse un rato, pero que nadie espere que Van Damme doble hierros para contrarrestar las patadas de Tong Po. En cualquier caso, es una pena que Kickboxer 2 no sea de Van Damme. Por cierto, gracias a comentar que había visto Kickboxer me han recomendado Warrior. A ver qué tal.