Archivo de la categoría: Libros

Narváez de Benito Pérez Galdós (nota = 7,4)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

El otro día alguien mencionó a Narváez en mi presencia y yo, al volver a casa, para saber algo más de este personaje, busqué algún libro en el que se hablara de él. Aunque buscaba alguna biografía modernita, vi que uno de los Episodios Nacionales de Galdós se llama Narváez. Como además llevaba tiempo creyendo necesario leer algo de este autor, decidí leerlo. Supuse que no importaba haber leído solo Trafalgar (el primero) para seguir la historia. Seguir leyendo Narváez de Benito Pérez Galdós (nota = 7,4)

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Tuve que hacerlo y otros relatos de Carlos Ortega Vilas (nota = 7,0)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Me enviaron también el otro día Tuve que hacerlo y otros relatos de Carlos Ortega Vilas para que diera mi opinión. No soy muy amigo de los libros de cuentos o de relatos, pero no me importa leer de vez en cuando alguno. Seguir leyendo Tuve que hacerlo y otros relatos de Carlos Ortega Vilas (nota = 7,0)

La dueña de mi vacío de Manuel García Sánchez (nota = 7,1)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Me escribió Manuel García Sánchez, autor de La dueña de mi vacío, para ver si podía hacer la reseña de su novela. Como siempre, acepté encantado. El mismo día que recibí el libro me lo leí.

Por lo que se adelantaba en la contraportada, la novela tenía pinta de ser del estilo de La lluvia amarilla de Julio Llamazares, una de mis favoritas. Empezaba bien la cosa. Seguir leyendo La dueña de mi vacío de Manuel García Sánchez (nota = 7,1)

La Galatea de Miguel de Cervantes (nota = 6,9)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Una de las obras grandes de Cervantes que me faltaba por leer era La Galatea. Algo decepcionado por no haber encontrado en las Novelas ejemplares o en Los trabajos de Persiles y Sigismunda el nivel del Quijote empecé esta con pocas expectactivas y más cuando recordé que era de tema pastoril. Seguir leyendo La Galatea de Miguel de Cervantes (nota = 6,9)

Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza (nota = 6,6)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Para quienes nos hemos leído con esfuerzo La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios y alguno más de Eduardo Mendoza, pero no Sin noticias de Gurb, es un poco molesto que alguien que sí lo ha leído (aunque no los otros), y que encima lo ha hecho obligado en el colegio, se escandalice de que nosotros no lo hayamos hecho. Uno trata de excusarse diciendo que se ha leído los otros, como si por la suma de páginas pudiera concluirse que lo hemos leído, pero no. Perturba por eso que, siendo un libro tan corto, uno mismo no encuentre el momento de ponerse con él.

Menos mal que al fin, después de mucho, el viernes pasado por la tarde, no apeteciéndome demasiado en ese momento seguir con La Galatea, se me ocurrió leer Sin noticias de Gurb. Seguir leyendo Sin noticias de Gurb de Eduardo Mendoza (nota = 6,6)

Una primavera para Doménico Guarini de Carme Riera (nota = 6,5)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

El otro día Carme Riera, miembro de la RAE, fue distinguida con el Premio Nacional de las Letras 2015. Recordé que por mi cuarto andaba un libro suyo, Una primavera para Doménico Guarini, y colé su lectura antes de empezar con La Galatea. Seguir leyendo Una primavera para Doménico Guarini de Carme Riera (nota = 6,5)

Libertad de Jonathan Franzen (nota = 6,6)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Resultó para mí una gran sopresa ver que se tomaba como gran noticia la publicación de la nueva novela de Jonathan Franzen, Pureza. Yo conocía al autor exclusivamente porque su novela Libertad estaba en una estantería de mi casa a la altura exacta a la de mi cabeza cuando hago flexiones. Al verla en tal actividad siempre me había preguntado quién podría leerse un tocho tal de un autor tan raro. Mi poca confianza en la novela se confirmó cuando vi que mi madre la usé algún tiempo después para sujetar una balda del baño. «Ah, bueno, para eso sí que está bien», me dije. Jamás se me habría ocurrido pensar que meses más tarde me iba a leer ese mamotreto (literalmente ‘criado por su abuela’). Pero, sí, con la balda ya sujeta por otros medios (no se vaya a creer alguien que por leer el libro la balda se vino abajo) me lo empecé. Tenía alguna esperanza, a pesar de que mi madre se lo había dejado en la página 20, porque decían que Franzen es el gran novelista americano actual. Seguir leyendo Libertad de Jonathan Franzen (nota = 6,6)

El último Catón de Matilde Asensi (nota = 6,7)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Creo que la razón por la que me he leído El último Catón de Matilde Asensi está clara: la publicación, bastantes años después, de su continuación, El regreso de Catón, se ha convertido en un auténtico fenómeno y ya está la primera en la lista de ventas de ficción. Había que enterarse por qué. Sabía que el libro era tipo El código da Vinci, por lo que me podía hacer una pequeña idea de la razón de su éxito. Seguir leyendo El último Catón de Matilde Asensi (nota = 6,7)

Diario del Nuevo Mundo de Juan Larrea (nota = 7,2)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Tuve la suerte de ser invitado a la presentación de Diario del Nuevo Mundo de Juan Larrea, una de las obras de autores no demasiado conocidos que la Fundación Banco Santander está publicando.

Lo primero que conseguí gracias a esto fue conocer bien la figura de Juan Larrea que, hasta entonces, para mí solo era uno de los poetas poco conocidos de la generación del 27. Y mereció la pena. Este es uno de esos personajes sorprendentes en muchos aspectos. En artículos como este, se dice por ejemplo que tenía sueños premonitorios y que podía adivinar el futuro (adivinaba números de lotería y caballos ganadores), que le perseguían las palomas, que Alberti le imitó en su Sobre los ángeles, que ayudó a Picasso con el Guernica, que la gente dijo que El perro andaluz de Buñuel parecía un poema suyo, que ayudó a muchos miembros de la generación del 27 a huir de España, que reunió la que hoy es la mayor colección de arte precolombino fuera de América. Y para colmo, el original del Diario del Nuevo Mundo lo tenía Alejandro Finisterre, inventor del futbolín y amigo suyo.

También me permitió la invitación escuchar las palabras de Gabriele Morelli y José Manuel Díaz de Guereñu, encargados de la edición de esta obra, además de conseguir un ejemplar gratuito.

Al ser el libro una recopilación de anotaciones esporádicas en forma de diario que Larrea escribió durante su estancia en México no existe una continuidad narrativa, pero sí se aprecian muchos de los fascinantes pensamientos que los dos expertos en Larrea destacaron en sus intervenciones. Larrea era un hombre convencido de que el ser humano es algo más, de que la vida es el resultado de la combinación de una serie de elementos ocultos, que solo se pueden detectar a veces con las casualidades. El autor encuentra en estas casualidades (basadas en números, como el cuatro, o en la figura de la paloma, o en la coincidencia de nombres) una muestra clara de la transcendecia del ser humano.

Es precisamente esa convicción razonada, entre lo subjetivo y lo objetivo, la mayor aportación de la obra. Y, aunque tal vez la creación de un nuevo mundo con base en América pueda considerarse una fantasía del autor, sí es verdad que todavía hoy Europa necesita encontrar su conciencia, abandonar el culto a lo meramente físico, a lo que precisamente no distingue al ser humano del resto de la naturaleza. Es necesario un nuevo mundo en el que no se prefiera «la cáscara del huevo a su contenido». Para eso es necesaria una confianza total en la condición especial del ser humano y de su papel en la naturaleza, algo que Larrea ve en las extrañas conexiones de distintos puntos de su vida y también en la religión, unos medios que por alguna razón la gente hoy ha abandonado. Ahora, como decía el autor, «nadie responde cuando se habla de razones superiores. No entienden más lenguaje que el de las conveniencias inmediatas». Y eso que en su época no había redes sociales aún.

Si esto en sí mismo es un problema, lo es más aún porque se ha perdido la felicidad. Y no la felicidad pasajera, sino la total, la que lleva a Larrea a decir que «la vida es perfecta pase lo que pase». Se ha perdido algo crucial en el pensamiento de Larrea: el optimismo.

¿Por qué se llama Diario del Nuevo Mundo? Porque Larrea cree que el renacer de la conciencia de trascendentalidad del ser humano debe nacer en América, el Nuevo Mundo (con mayúsculas, como todo lo superior para Larrea), lugar desde donde se puede dejar atrás la cascaridad de Europa.

¿Por qué o por qué no leerla? Como obra literaria no es gran cosa. Son solo anotaciones personales a veces de difícil comprensión. Pero, por el afán tan inspirador del autor de entender el sentido del ser humano, merece la pena leerla. Es un buen acicate para afrontar con optimismo la búsqueda de lo que nos hace distintos, de lo que permite encontrar la felicidad hasta en los momentos de mayor angustia, de enfrentarse a los problemas universales (algo que Larrea ve que ya en su época ha abandonado la literatura joven de España). Obras como esta dan ánimo a los que intentamos, ya sea a través de la poesía o de cualquier otra manera, crear y descubrir nuevos caminos para entendernos y abandonar de una vez las viejas y manidas ideas, en un mundo donde la gente se limita a copiar o como mucho a reformular los tópicos que solo conducen al pesimismo y a la absurdamente baja consideración de nuestra especie. Somos algo más y un visionario como Larrea muestra algunas vías para descubrirlo, por muy excéntricas que a veces puedan parecer.

Como comparto con él algunas ideas, retomo su atención a las casualidades y, ¿por qué no?, veo con asombro la cantidad de cosas que han tenido que pasar para que haya llegado a mí esta obra. Por algo será.

Decamerón de Boccaccio (nota = 7,3)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Llegó el momento en mi vida de leer el Decamerón de Boccaccio. Daba un poco de impresión ver los tres tomos de Libra que teníamos en casa, pero había que hacerlo. Para mí era incluso menos apetecible porque no soy amigo de los libros de cuentos, pero era uno de los (muchos) grandes clásicos que me faltaba por leer. Y me costó tres semanas (con la lectura de Escoria de Marta Marín entre medias), pero lo conseguí.


Para el que no lo sepa el Decamerón consta de 100 cuentos que se cuentan 10 personajes durante 10 días (de ahí lo de decamerón, de déka ‘diez’ y hēmérai ‘días’) mientras están refugiados de la peste a las afueras de Florencia.

Con eso tuvo que ver precisamente lo primero que me sorprendió. Aunque hay una introducción en la que se cuenta cómo las siete mujeres creen conveniente refugiarse con tres hombres y cómo deciden contarse cuentos, luego entre cuento y cuento, ni siquiera entre día y día, se dice nada más sobre los cuentistas. No hay ni conclusión al final en la que se despiden o algo. Solo, como algo externo, en el segundo tomo de Libra se incluye un cuento que Boccaccio dedica a sus censores, Las ocas del hermano Felipe, un cuento bastante malo, pero acompañado por unas geniales palabras que el autor dedica a los que continuamente le amenazan con que va a caer arruinado como siga escribiendo. Es una lectura muy recomendable para los que sientan la pasión de escribir y a veces se preocupen por su futuro. Entre otras cosas el autor dice: «les suplico se ocupen de mi porvenir tanto como yo me ocupo del suyo».

Además de estas palabras poco más se puede destacar de todo el libro. Los dos mejores cuentos con diferencia son el II del primer día, en el que se cuenta cómo un judío se convierte al cristianismo, y el IV del sexto día, el de la grulla. El resto son cuentos bastante tontos y simples, algo picantes (aunque no tan verdes como algunos dicen: siempre se utilizan eufemismos como dedicarse a los gustos del amor y cosas por el estilo) y de temas licenciosos, donde hay muchos cuernos y relaciones impuras, incluso entre curas y monjas, junto a robos, timos y venganzas, a veces muy poco morales. Muchas veces recuerdan las historias a las de las Novelas ejemplares por no ser demasiado llamativas, pero sí entretenidas.

Si he podido aguantar los tres tomos y, más aún, disfrutar leyéndolos, ha sido por la traducción. En los libros de Libra no sale de quién es la traducción, pero está en ese español del siglo XVII que tanto me gusta. Si no fuera porque es muy laísta, diría que es del propio Cervantes (que creo que no lo era tanto). No sé cómo sería leerla en otra traducción, pero desde luego la sintaxis y la ingenua pero deliciosa elección de las expresiones de la de la colección Libra hace que sea muy llevadera y deleitosa.

¿Por qué se llama el Decamerón? Como ya he indicado, los 100 cuentos se deben a que 10 personajes cuentan un cuento cada uno durante diez días. Decamerón viene de déka ‘diez’ y hēmérai ‘días’. De hēmérai vienen también hemeroteca o efímero (literalmente ‘que solo dura un día’).

¿Por qué o por qué no leerlo? Es una obra que hay que leer. Quizás baste con leer la introducción, los tres cuentos que he indicado y alguno suelto para hacerse una idea. En general el estilo y el tema de todos son parecidos. También se pueden ir leyendo poco a poco. No sé. Recomiendo, eso sí, encarecidamente buscar la traducción de Libra. También hay una película de Pasolini, pero supongo que se perderá la brillante manera en la que están construidos y narrados los cuentos en el libro.

Ahora me quedan El conde Lucanor o Las mil y una noches, pero dejaré que pase un tiempo, que con tanta historia en la que al principio hay que hacer un esfuerzo para situarse voy a acabar agotado, si no chalado.