Mad Max: furia en la carretera (nota = 6,8)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Otra de las películas que consideraba imprescindibles de este año era Mad Max: furia en la carretera. Hace tiempo vi la primera y no me gustó demasiado, pero aun así la presión de ver esta nueva versión (no sé si precuela o secuela) en todas las listas, me hizo ponerla en mi lista de pendientes. No esperaba gran cosa.

Pero desde luego, aunque sabía que iba a ser rara, no esperaba que fuera a ser como es: una locura. Ya al principio lo anuncia Max Rockatansky, que no sabe si está más loco él o el resto. Y el que avisa no es traidor.

No es solo que la película sea una locura estridente y desequilibrada lo que ha hecho que me parezca una muestra más del mal cine de este año, es además que sea una distopía de las duras, de las que tienen un argumento básico y se recrean en un futuro desalentador (ya en la primera pasaba), sin aportar nada, salvo, en casos como este, acción pura, algo en lo que no hay duda de que la película lo borda. El problema es que, tal y como ayer pude ver también en Alphaville, las distopías se empeñan en mostrar a la humanidad sojuzgada y enajenada. Es verdad que por lo que se ve en la sociedad parecería que vamos a eso, porque la mayoría parecen no tener ideas propias, pero hay mucha otra gente que sí las tiene y que jamás permitirá que se llegue a esto.

Por lo demás, poco se puede destacar. Cuesta tragar, como siempre, a Charlize Theron, y Tom Hardy, uno de esos actores que tanta rabia da que se pongan de moda, sigue haciendo que me replantee si de verdad me gustó en Warrior y como Bane. Solo mola de la película (y mucho) el de la guitarra eléctrica.

¿Por qué se llama Mad Max: furia en la carretera? La película sigue al loco Max Rockatansky. En este caso otra vez vuelve a haber mucha furia sobre ruedas (de hecho, el personaje de Charlize se llama Furiosa), aunque carreteras hay pocas. Sería más acertado decir algo como «furia en el polvo».

¿Por qué o por qué no verla? La película es tan mala como otras distopías, aportando incluso menos. Pero al que le guste la acción no puede dejar de verla. Le va a flipar. A mí me pareció que a veces era incluso una parodia (algo que un amigo me mediorratifició). No le falta el toque macabro del director, George Miller, del cual no me extrañó nada cuando vi que era también el de Happy feet, turbia película de pingüinos que el otro día dejé a medias (y ya hacía tiempo que no me pasaba), ante la decepción de no encontrarme algo como los pingüinos que regalaban en el Kinder sorpresa.

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