El comensal de Gabriela Ybarra (nota = 5,5)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Alguien me habló un día de El comensal de Gabriela Ybarra, como un libro que estaba llamando bastante la atención, de la nieta de un asesinado por ETA. Desde que me lo dijo no dejó de aparecerme en la radio, en las listas de los mejores libros de 2015 y en todas partes. Por eso no me importó que la gente que a mi alrededor se lo leyó me aconsejara no leerlo sabiendo que me iba a enfadar por distintos motivos. Yo no hice ni caso y me lo leí, creyendo que me iba a enfadar por el tema de ETA.

Pero no fue eso lo que me enfadó o, al menos, no lo único. Lo que me enfadó sobre todo fueron las críticas que aparecían en la faja del libro (la cintita de fuera). Si de verdad este es uno de los fenómenos de la temporada, si rezuma humanidad y naturalidad y si es un libro irrepetible, apaga y vámonos. ¡Qué mal está la literatura entonces!

En primer lugar, aunque es verdad que el libro (no novela, como la autora se empeña en llamarlo) es honesto, lo que ofrece es una serie de vivencias que, tratando temas terribles y, por tanto, pudiendo aprovechar para transmitir unos valores, esperanza y aliento a los que puedan vivir algo semejante, a lo que se reducen es a una serie de apuntes insulsos y reacciones poco maduras de una persona que parece (no digo que sea verdad, digo que parece) que no es capaz de aceptar su realidad y no hace esfuerzos por aceptarla; todo lo contrario, se ceba en recordar lo malo.

A la insipidez del libro contribuye el estilo parco, muy poco literario y mucho menos poético, de la autora. En la faja se dice que «quién necesita una carrera literaria cuando ya ha escrito un libro irrepetible». Desde luego, para escribir de una manera tan básica no hace falta carrera alguna, pero tampoco se hace carrera con ello.

Tratándose los delicados temas que se tratan, me sentiría mal por criticar al libro y a la autora, pero es que yo, habiendo vivido también la larga enfermedad de un familiar, creo que a la hora de ponerse a contarla y, sobre todo, de publicarla es necesario hacerlo con el fin de aportar, no simplemente de narrar. Y aun haciéndose con el mero fin de desahogarse se puede hacer algo mejor. Ayer tuve la suerte de empezar el Diario de Ana Frank y en menos de 50 páginas se puede ver mucho más despojo, honestidad, exactitud, humanidad, naturalidad y poesía que las que se puede encontrar en El comensal. Y el Diario supuestamente lo escribió una niña de 13 años.

En fin, yo que pensaba que me iba a encontrar un inspirador relato de una víctima del terrorismo y al final me encontré con un aséptico conjunto de apuntes cuya única carga emocional se debe a lo desgarrador de las dos historias familiares que engarza.

¿Por qué se llama El comensal? Al principio del libro la autora dice que en su familia es como si a las cenas llegara un comensal invisible y ocupara el sitio de alguien haciendo que al poco muera. En el libro se ve que hay familias que no tienen la suerte de su parte.

¿Por qué o por qué no leerla? A mí me ha parecido un libro tremendamente insípido y superficial para lo profundo que podía ser contando las historias que cuenta de primera mano. Además es bastante desalentador; me parece una muestra de la falta de aceptación de la realidad que impera en nuestra sociedad. Pero a los críticos de El País les ha parecido fastuoso. Ellos sabrán más. Tal vez a mí, por haber pasado por algo semejante (la enfermedad de un familiar, que al final es lo que ocupa más parte del libro) no me ha sorprendido tanto. En cualquier caso, creo que no basta con narrar hechos, por muy tristes que estos sean; hay que aportar algo más.

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2 comentarios en “El comensal de Gabriela Ybarra (nota = 5,5)”

  1. Estoy completamente de acuerdo contigo. A mí “El comensal” no me gustó nada, de hecho me decepcionó mucho, me pareció un libro sin alma, insípido, como bien dices, y, sobre todo, muy mal escrito… Me temo que la popularidad que ha alcanzado se debe más al tema que trata (el del terrorismo etarra, que sigue vendiendo mucho en este país) que a sus verdaderas dotes literarias, prácticamente inexistentes (ya que se asemeja más a una crónica periodística que a un relato literario). Hay una novela que trata el mismo tema del duelo y que es, a mi juicio, todo lo contrario: “La pertenencia” (la autora se llama Gema Nieto y también es una chica muy joven). Me pareció brillante. Lírica, honesta, valiente y conmovedora. Trata infinidad de motivos con un manejo sobresaliente del estilo: el dolor de una familia rota, el descubrimiento del amor… todo contado de manera bellísima. Impresionante, de verdad, de lo mejor que he leído últimamente, me ha marcado. Viene avalada además por Belén Gopegui y Alberto Olmos. Desde que la devoré la recomiendo encarecidamente a todo el que puedo, así que aquí dejo mi apunte, que espero que no caiga en saco roto porque de verdad es un libro que vale la pena. Un saludo.

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