La dueña de mi vacío de Manuel García Sánchez (nota = 7,1)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Me escribió Manuel García Sánchez, autor de La dueña de mi vacío, para ver si podía hacer la reseña de su novela. Como siempre, acepté encantado. El mismo día que recibí el libro me lo leí.

Por lo que se adelantaba en la contraportada, la novela tenía pinta de ser del estilo de La lluvia amarilla de Julio Llamazares, una de mis favoritas. Empezaba bien la cosa.

Y el principio no se aleja mucho de este estilo, un estilo tristón, pero poético, poco pretencioso, sin expresiones artificiosas ni largas enumeraciones, con los rasgos justos y suficientemente cercanos para que enseguida entendamos y podamos ser cómplices de los sentimientos del protagonista, con ese toque misterioso y mágico que tanto aporta a una obra cuando se emplea bien (es decir, cuando se acerca al estilo de García Márquez, no al de Isabel Allende).

Y, por si esto fuera poco, la novela, a medida que transcurre, aunque pierde algo de poesía y de fuerza y se vuelve algo turbia, con relaciones no muy agradables entre los personajes, gana en intriga y va mostrando su faceta determinante, el existencialismo. Un existencialismo algo especial, eso sí, en el que el protagonista acepta su presente, venga como venga, pero porque se siente culpable, porque no asume el pasado, no porque sí. En esto se aleja del existencialismo de El extranjero de Camus, por ejemplo, sin perder por ello la esencia angustiosa y hueca de esta corriente.

De esta forma, el protagonista,  que además padece la triste felicidad y tranquilidad que da tener dinero, va aceptando todo, hasta lo más maravilloso e irreal, como son las misteriosas cartas que le llegan y que le arrastran por una aséptica búsqueda que le permite acabar resolviendo su conflicto con su pasado. Un cambio que, aun así, no basta para que, en el momento culminante, aún se pregunte si es libre o si su vida está en verdad manejada, como la de los personajes de sus escritos.

Es, en definitiva, una novela bastante bien escrita, con agradables toques poéticos, dentro de una historia algo desapacible, con algunas metáforas y comparaciones muy acertadas  (otras veces no tanto) y con ese sabor profundo del existencialismo y de los sentimientos, que autores actuales (como Franzen en Libertad, sin ir más lejos) no consiguen, o no quieren, transmitir.

¿Por qué se llama La dueña de mi vacío? Esta expresión aparece en una de las cartas que le llegan misteriosamente al protagonista. A veces hay un vacío en la vida que impide que todo lo demás tenga sentido. Aceptar que existe y encontrar, como el protagonista de la novela, a alguien que sepa manejarlo puede ser la solución.

¿Por qué o por qué no leerla? Es una novela muy cortita (tiene poco más de 100 páginas) que se lee bien (hay algún momento que atrapa verdaderamente, que deja sin aliento), con emocionantes pizcas de poesía y existencialismo, que, si bien no llega al nivel de complejidad emocional de los grandes clásicos, sí demuestra al menos que hay escritores actuales que aún se preocupan por los sentimientos profundos del ser humano y saben compartirlos con soltura.

No sé si el autor habrá tenido los mismos problemas para publicar que tiene el protagonista de la novela, pero, desde luego, si sigue por este camino y se entrega aún más a lo poético, sería raro que no llegara a alcanzar un gran nivel y que, por tanto, publique sin problemas (confiando en el buen criterio de las editoriales, claro).

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