Troya (nota = 7,4)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Puede sorprender que un aficionado como yo a la mitología y a la guerra de Troya, habiéndome leído la Ilíada, la Odisea y la Eneida, no hubiera visto Troya. La explicación está precisamente en eso, en que, por saber supuestamente bastante de la historia, los que se preocupan por mí me habían prevenido de verla; decían que me iba a enfadar por todo lo que se han inventado. Aun así, una endécada (11 años) después de su estreno, decidí jugármela.

Y no fue para tanto. Entre que tengo la suerte de tener mala memoria y que los cambios son tan evidentes (la muerte de Menelao o la presencia de Aquiles dentro del caballo) que no son de los que enfadan, disfruté bastante. Supongo que mi predisposición a los cambios amortiguó la posible conmoción.

Pero es que además a mi gusto la película conserva una parte importante de la esencia de las obras en las que se inspira. Por un lado, la idea de que una guerra es un conjunto de casuísticas personales y no de una voluntad común, y por otro, sobre todo, que en todos está el deseo de pervivir en la historia, de ser eternos.

Es esa una diferencia clara entre las obras actuales y las antiguas: que en las antiguas los protagonistas se afanaban, de múltiples maneras, por que su nombre se recordara eternamente, mientras que en las actuales los protagonistas parece que, asumiendo que no son trascendentales, tratan de exprimir al máximo su vida, frustrándose por no conseguirlo, porque raramente los resultados se ven en la propia vida.

Y esto creo que la película lo refleja acertadamente, ya desde las primeras palabras, pero también, en la conversación entre Agamenón y Aquiles, por ejemplo. Además uno de los momentos culminantes de alguna de las obras (ahora no recuerdo cuál, supongo que de la Ilíada), el difícil encuentro entre Príamo y Aquiles para que le devuelva los restos de Héctor, está bastante bien representado y tratado, con un genial Peter O’Toole.

El resto del reparto (quitando a Eric Bana como Héctor y a Orlando Bloom como Paris, que dan una nota algo torpe y poco dramática al asunto) está bien elegido, incluso Brad Pitt como Aquiles. La música, refrito de otras películas, no desentona.

Wolfgang Petersen, el director de La historia interminable, vuelve a encontrar la medida perfecta para contar una historia. Le falta aquí, no obstante, algo de complejidad para lograr una obra maestra.

¿Por qué se llama Troya? Porque allí es donde tiene lugar la batalla y por la importancia para la historia que tuvo esta pequeña ciudad, como excusa para que muchos fueran recordados por siempre.

¿Por qué o por qué no verla? Aunque es muy larga, es entretenida. Los que no sepan nada de la historia tal vez haya cosas que no entiendan bien. A los que sí sepan les recomiendo pasar por alto los drásticos cambios y fijarse en cómo se mantiene ese espíritu de la guerra como medio para encontrar la trascendencia humana. Puede ser un medio peor o mejor, pero al menos está movido por el deseo de encontrar la trascendencia en nuestra especie, un deseo dormido en una gran parte de la sociedad y de las obras actuales donde todo se hace sin saber por qué verdaderamente, solo por el aparente deleite instantáneo, y no lleva a ninguna parte. Sirva esta película como prueba de que se puede trascender, al menos 3000 años.

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4 comentarios en “Troya (nota = 7,4)”

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