El último Catón de Matilde Asensi (nota = 6,7)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Creo que la razón por la que me he leído El último Catón de Matilde Asensi está clara: la publicación, bastantes años después, de su continuación, El regreso de Catón, se ha convertido en un auténtico fenómeno y ya está la primera en la lista de ventas de ficción. Había que enterarse por qué. Sabía que el libro era tipo El código da Vinci, por lo que me podía hacer una pequeña idea de la razón de su éxito. Seguir leyendo El último Catón de Matilde Asensi (nota = 6,7)

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Todos eran mis hijos de Arthur Miller (nota = 7,8)

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Con motivo del centenario del nacimiento de Arthur Miller El Cultural de El Mundo dedicaba el otro día varias páginas al autor. Fue el aliciente perfecto para dejar a un lado por fin la desazón que me produjo Muerte de un viajante y atreverme, no sin miedo, con Todos eran mis hijos, obra suya de la que tanto había oído hablar. Opté por la representación de Estudio 1, disponible en la página de rtve.


Y la obra es muchísimo mejor que Muerte de un viajante. En este caso la amargura de la historia presentada no es en absoluto innecesaria. La sospecha de la culpabilidad del padre, la esperanza de que alguien no haya muerto, el rencor o la distinta manera de entender la vida son algunas de las cuestiones trascendentales que se tratan aquí y que retratan en un espacio único y de una manera terriblemente veraz las obligatorias fricciones que se dan en la vida cuando la muerte acecha o cuando debemos elegir entre lo que debemos y lo que queremos.

Basada en hechos reales, pero presentada de una manera genial, que la buena representación de Estudio 1 no desmejora, con un genial Narciso Ibáñez Menta (padre de Chicho), como Joe Keller, la obra presenta dilemas clásicos motivados por el amor. ¿Hasta qué punto querer a alguien justifica nuestro actos? A la solidez y contundencia de la obra contribuyen sin duda símbolos como el del árbol, que muestran cómo a veces, cuando todo falla, siempre nos queda la opción de refugiarnos en la fantasía, opción no obligatoriamente desdeñable.

¿Por qué se llama Todos eran mis hijos? Ojo spoiler. Las muertes de los aviadores que se estrellaron por culpa de las piezas defectuosas que Joe Keller no evitó que se mandaran, entre los que se econtraba su hijo, al fin y al cabo le duelen como si todos fueran sus hijos (dicho al final de la obra).

¿Por qué o por qué no verla? La obra es muy buena a pesar del estatismo de las escenas y de que trata un tema bastante duro y poco agradable. Demuestra que en un solo espacio se puede hacer una gran obra (no como en Mi gran noche), siempre y cuando los diálogos y los sentimientos sean capaces de cubrirlo todo e, incluso, de levarnos más allá de la escena.

Ahora me queda El crisol o Las brujas de Salem y con eso iré que chuto con Arthur Miller.

Crematorio (nota = 8,6)

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Tuve la mala pata de entrar en el mundo de Rafael Chirbes con En la orilla. Aunque la novela me hizo empezar este blog —algo bueno—, ya dije que no me había gustado nada, que era muy liosa, pesimista y poco atractiva, lo cual me quitaba las ganas de ver o leer Crematorio, pese a que había oído hablar maravillas de la serie. Pero, claro, también En la orilla fue elegida como la mejor novela de 2013 y luego era como era. Aun así, seguramente por tenerla apuntada en la primera página de mis listas, seguía con la tentación de ver Crematorio. Con la triste noticia de la muerte del autor, se reavivó mi curiosidad y empecé a ver la serie. Seguir leyendo Crematorio (nota = 8,6)

Mi gran noche (nota = 4,8)

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Como buen fan de la canción de Mi gran noche de Raphael tras su redescubrimiento (hasta tengo Twitter y página de Facebook llamados qpqmh? por qué pasará, qué misterio habrá) al ver el tráiler de Mi gran noche, la película, creí obligatorio verla. Pasé por una etapa de pereza las siguientes veces que vi el tráiler, supongo que por el pelo de Mario Casas, pero finalmente la he ido a ver el día de su estreno. Y la verdad es que no he querido perder tiempo y me he puesto a hacer la crítica nada más llegar para prevenir a la gente que este fin de semana pretenda verla. Seguir leyendo Mi gran noche (nota = 4,8)

Diario del Nuevo Mundo de Juan Larrea (nota = 7,2)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Tuve la suerte de ser invitado a la presentación de Diario del Nuevo Mundo de Juan Larrea, una de las obras de autores no demasiado conocidos que la Fundación Banco Santander está publicando.

Lo primero que conseguí gracias a esto fue conocer bien la figura de Juan Larrea que, hasta entonces, para mí solo era uno de los poetas poco conocidos de la generación del 27. Y mereció la pena. Este es uno de esos personajes sorprendentes en muchos aspectos. En artículos como este, se dice por ejemplo que tenía sueños premonitorios y que podía adivinar el futuro (adivinaba números de lotería y caballos ganadores), que le perseguían las palomas, que Alberti le imitó en su Sobre los ángeles, que ayudó a Picasso con el Guernica, que la gente dijo que El perro andaluz de Buñuel parecía un poema suyo, que ayudó a muchos miembros de la generación del 27 a huir de España, que reunió la que hoy es la mayor colección de arte precolombino fuera de América. Y para colmo, el original del Diario del Nuevo Mundo lo tenía Alejandro Finisterre, inventor del futbolín y amigo suyo.

También me permitió la invitación escuchar las palabras de Gabriele Morelli y José Manuel Díaz de Guereñu, encargados de la edición de esta obra, además de conseguir un ejemplar gratuito.

Al ser el libro una recopilación de anotaciones esporádicas en forma de diario que Larrea escribió durante su estancia en México no existe una continuidad narrativa, pero sí se aprecian muchos de los fascinantes pensamientos que los dos expertos en Larrea destacaron en sus intervenciones. Larrea era un hombre convencido de que el ser humano es algo más, de que la vida es el resultado de la combinación de una serie de elementos ocultos, que solo se pueden detectar a veces con las casualidades. El autor encuentra en estas casualidades (basadas en números, como el cuatro, o en la figura de la paloma, o en la coincidencia de nombres) una muestra clara de la transcendecia del ser humano.

Es precisamente esa convicción razonada, entre lo subjetivo y lo objetivo, la mayor aportación de la obra. Y, aunque tal vez la creación de un nuevo mundo con base en América pueda considerarse una fantasía del autor, sí es verdad que todavía hoy Europa necesita encontrar su conciencia, abandonar el culto a lo meramente físico, a lo que precisamente no distingue al ser humano del resto de la naturaleza. Es necesario un nuevo mundo en el que no se prefiera «la cáscara del huevo a su contenido». Para eso es necesaria una confianza total en la condición especial del ser humano y de su papel en la naturaleza, algo que Larrea ve en las extrañas conexiones de distintos puntos de su vida y también en la religión, unos medios que por alguna razón la gente hoy ha abandonado. Ahora, como decía el autor, «nadie responde cuando se habla de razones superiores. No entienden más lenguaje que el de las conveniencias inmediatas». Y eso que en su época no había redes sociales aún.

Si esto en sí mismo es un problema, lo es más aún porque se ha perdido la felicidad. Y no la felicidad pasajera, sino la total, la que lleva a Larrea a decir que «la vida es perfecta pase lo que pase». Se ha perdido algo crucial en el pensamiento de Larrea: el optimismo.

¿Por qué se llama Diario del Nuevo Mundo? Porque Larrea cree que el renacer de la conciencia de trascendentalidad del ser humano debe nacer en América, el Nuevo Mundo (con mayúsculas, como todo lo superior para Larrea), lugar desde donde se puede dejar atrás la cascaridad de Europa.

¿Por qué o por qué no leerla? Como obra literaria no es gran cosa. Son solo anotaciones personales a veces de difícil comprensión. Pero, por el afán tan inspirador del autor de entender el sentido del ser humano, merece la pena leerla. Es un buen acicate para afrontar con optimismo la búsqueda de lo que nos hace distintos, de lo que permite encontrar la felicidad hasta en los momentos de mayor angustia, de enfrentarse a los problemas universales (algo que Larrea ve que ya en su época ha abandonado la literatura joven de España). Obras como esta dan ánimo a los que intentamos, ya sea a través de la poesía o de cualquier otra manera, crear y descubrir nuevos caminos para entendernos y abandonar de una vez las viejas y manidas ideas, en un mundo donde la gente se limita a copiar o como mucho a reformular los tópicos que solo conducen al pesimismo y a la absurdamente baja consideración de nuestra especie. Somos algo más y un visionario como Larrea muestra algunas vías para descubrirlo, por muy excéntricas que a veces puedan parecer.

Como comparto con él algunas ideas, retomo su atención a las casualidades y, ¿por qué no?, veo con asombro la cantidad de cosas que han tenido que pasar para que haya llegado a mí esta obra. Por algo será.

Decamerón de Boccaccio (nota = 7,3)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Llegó el momento en mi vida de leer el Decamerón de Boccaccio. Daba un poco de impresión ver los tres tomos de Libra que teníamos en casa, pero había que hacerlo. Para mí era incluso menos apetecible porque no soy amigo de los libros de cuentos, pero era uno de los (muchos) grandes clásicos que me faltaba por leer. Y me costó tres semanas (con la lectura de Escoria de Marta Marín entre medias), pero lo conseguí.


Para el que no lo sepa el Decamerón consta de 100 cuentos que se cuentan 10 personajes durante 10 días (de ahí lo de decamerón, de déka ‘diez’ y hēmérai ‘días’) mientras están refugiados de la peste a las afueras de Florencia.

Con eso tuvo que ver precisamente lo primero que me sorprendió. Aunque hay una introducción en la que se cuenta cómo las siete mujeres creen conveniente refugiarse con tres hombres y cómo deciden contarse cuentos, luego entre cuento y cuento, ni siquiera entre día y día, se dice nada más sobre los cuentistas. No hay ni conclusión al final en la que se despiden o algo. Solo, como algo externo, en el segundo tomo de Libra se incluye un cuento que Boccaccio dedica a sus censores, Las ocas del hermano Felipe, un cuento bastante malo, pero acompañado por unas geniales palabras que el autor dedica a los que continuamente le amenazan con que va a caer arruinado como siga escribiendo. Es una lectura muy recomendable para los que sientan la pasión de escribir y a veces se preocupen por su futuro. Entre otras cosas el autor dice: «les suplico se ocupen de mi porvenir tanto como yo me ocupo del suyo».

Además de estas palabras poco más se puede destacar de todo el libro. Los dos mejores cuentos con diferencia son el II del primer día, en el que se cuenta cómo un judío se convierte al cristianismo, y el IV del sexto día, el de la grulla. El resto son cuentos bastante tontos y simples, algo picantes (aunque no tan verdes como algunos dicen: siempre se utilizan eufemismos como dedicarse a los gustos del amor y cosas por el estilo) y de temas licenciosos, donde hay muchos cuernos y relaciones impuras, incluso entre curas y monjas, junto a robos, timos y venganzas, a veces muy poco morales. Muchas veces recuerdan las historias a las de las Novelas ejemplares por no ser demasiado llamativas, pero sí entretenidas.

Si he podido aguantar los tres tomos y, más aún, disfrutar leyéndolos, ha sido por la traducción. En los libros de Libra no sale de quién es la traducción, pero está en ese español del siglo XVII que tanto me gusta. Si no fuera porque es muy laísta, diría que es del propio Cervantes (que creo que no lo era tanto). No sé cómo sería leerla en otra traducción, pero desde luego la sintaxis y la ingenua pero deliciosa elección de las expresiones de la de la colección Libra hace que sea muy llevadera y deleitosa.

¿Por qué se llama el Decamerón? Como ya he indicado, los 100 cuentos se deben a que 10 personajes cuentan un cuento cada uno durante diez días. Decamerón viene de déka ‘diez’ y hēmérai ‘días’. De hēmérai vienen también hemeroteca o efímero (literalmente ‘que solo dura un día’).

¿Por qué o por qué no leerlo? Es una obra que hay que leer. Quizás baste con leer la introducción, los tres cuentos que he indicado y alguno suelto para hacerse una idea. En general el estilo y el tema de todos son parecidos. También se pueden ir leyendo poco a poco. No sé. Recomiendo, eso sí, encarecidamente buscar la traducción de Libra. También hay una película de Pasolini, pero supongo que se perderá la brillante manera en la que están construidos y narrados los cuentos en el libro.

Ahora me quedan El conde Lucanor o Las mil y una noches, pero dejaré que pase un tiempo, que con tanta historia en la que al principio hay que hacer un esfuerzo para situarse voy a acabar agotado, si no chalado.

Insidious: capítulo 2 (nota = 7,7)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Como dije, el que vea Insidious va a tener que ver la segunda parte, Insidious: capítulo 2, por cómo termina la primera parte. Así que en cuanto pude vi la segunda parte y con bastantes ganas. Seguir leyendo Insidious: capítulo 2 (nota = 7,7)

Te doy mis ojos (nota = 7,3)

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Te doy mis ojos era de esas películas españolas que consideraba obligatorias de ver, pero que se me había ido resistiendo con los años. Daba igual que la tuviera apuntada en muchas de mis listas. Finalmente en una tarde tonta la vi, sin tener ni idea del argumento. Seguir leyendo Te doy mis ojos (nota = 7,3)

Insidious (nota = 7,8)

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Cuando vi que iban a estrenar Insidious 3 recordé que no había visto las anteriores. Me sonaba haber oído hablar de ellas cuando salieron pero, no sé si porque las confundí con El incidente de Shyalaman o por qué, pero no les presté atención. Entonces, investigando un poco, vi que Insidious e Insidious 2 eran del director de Saw y de Expediente Warren, James Wan, y que tenía que ver con Paranormal activity, la cual, aunque no me dio miedo (por algo que me habían dicho antes), sí me inquietó al menos y su estilo me gustó. Así que empecé a ver Insiduous con muchas ganas y con algo de miedo. Seguir leyendo Insidious (nota = 7,8)

Escoria de Marta Marín (nota = 6,8)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Contactó conmigo la jovencísima Marta Marín para hablarme de su novela Escoria y ver si la podía criticar. Dicho y hecho. En cuanto conseguí la novela la colé entre un tomo y otro del Decamerón y empecé a leerla. No sé si por la portada o lo que me había dicho ella esperaba una novela de adolescentes con algo de fantasía, del estilo de Crepúsculo. Por el prólogo y la contraportada me pareció que tenía buena pinta, y eso que yo no soy lector de novelas de este tipo (como mucho las veo en película). Seguir leyendo Escoria de Marta Marín (nota = 6,8)