Perdiendo el norte (nota = 4,9)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

¡Qué mal! Muchos parece ser que vieron Ocho apellidos vascos como una renovación de la comedia española, y eso que curiosamente estaba basada en chistes manidos y un argumento tonto e infantil. La desgracia es que tuvo muchos espectadores, que es lo único que cuenta hoy en la industria del cine, y para conseguir tanto dinero como con esa película, le han salido imitadores. Pero, claro, si ya Ocho apellidos vascos era mala, sus imitaciones lo son todavía más, sobre todo porque inciden en lo peor de la imitada y desprecian lo bueno que había conseguido la comedia española hasta la desafortunada irrupción de esta. Perdiendo el norte es un ejemplo claro de una de estas imitaciones. 

Por querer recurrir constantemente al chiste fácil y tonto se deja de lado todo lo demás: un buen argumento, la verosimilitud, la creación de unos personajes reales y no conformados artificialmente para que encajen los chistes en ellos. Y para ello, qué mejor que unos actores que, si algo tienen de gracioso, como mucho, son las caras (algo en lo que se acaba basando el humor facilón de programas como Muchachada Nui y bodrios semejantes). Julián López, Yon González o Blanca Suárez actúan como el que cuenta un chiste con vergüenza sabiendo que no va a hacer gracia. Algo a lo que no ayuda el odio que el guion les hace sentir de primeras a unos hacia otros. Todo fuera de lugar. Ni Javier Cámara está bien. ¡Vaya contraste hay con José Sacristán! Cómo será la cosa, que el mejor acaba siendo Younes Bachir, y eso que es como un actor de circo.

Si por lo menos hubiera algún chiste gracioso o alguna, aunque fuera pequeña, parte del argumento que no se haya visto ya cien veces… Pero anda que no hay películas en las que se finge toda una situación, en las que hay una novia tonta, en las que los jóvenes ayudan a un mayor enfermo, en las que se dona esperma, en las que hay parto prematuro. Y es que encima muchas de las cosas, aparte de ser copias, están representadas sin gusto y sin gracia.

¡Qué mal! Con la buena deriva que estaba tomando la comedia española con películas como Fuga de cerebros y, apurando, con Primos. Pero llega una buena recaudación y se lo carga todo. Y esto, por desgracia, es algo que está pasando con todas las artes.

¿Por qué se llama Perdiendo el norte? Porque los protagonistas se van al norte (a Berlín) a buscar trabajo y ahí empiezan todas las «locuras», que no son más que un batiburrillo inverosímil de lo peorcito de películas y series anteriores. En verdad lo que está perdiendo el norte es la comedia española. Lo bueno es que el público puede picar una vez con Ocho apellidos vascos y con dos o tres películas que la imiten, pero pronto se cansa de que le tomen el pelo.

¿Por qué o por qué no verla? No hay que verla. Este tipo de películas es de las que enfadan, de las que dan una imagen nefasta del cine español y de España en general. Es como Ocho apellidos vascos, pero llevando al extremo sus muchos defectos. No he visto ninguna otra película de Nacho G. Velilla, pero desde luego, al lado de series suyas como Aída y Siete vidas, está claro que Ocho apellidos vascos le ha influido para mal. Esperemos que él mismo se dé cuenta.

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