Cartas a Palacio de Jorge Díaz (nota = 7,2)

Crítica de EL PRÍNCIPE LECTOR

Cuando terminé de leer Cartas a Palacio, de Jorge Díaz, no pude evitar preguntarme por qué había empezado ese libro en concreto. Quería algo ligero, abandonarme a los brazos de una historia mientras descansaba tranquilamente las tardes de domingo. Una vez más, fue mi madre la que me cedió este libro, una golosina para mis tardes de ocio, pero no ha sido así. Estoy molesto con Jorge porque me siento estafado, tenía el material para hacer algo sublime, pero se ha conformado con un escalón menor, bueno, o varios.

La historia nos sitúa en la España anterior a la guerra civil. Vivimos un conglomerado de historias que permiten que evoquemos aquella situación convulsa. Hasta aquí creía que nos encontraríamos con una novela de situación, de tintes históricos, que usaría la fuerza de los acontecimientos para impulsar la historia. Pues me equivoqué, Jorge usa esta técnica, sí, pero ni mucho menos sitúa ahí el néctar de la historia.

Mientras el autor, como un tahúr, nos va presentando diferentes temáticas que podrían ser una novela en sí misma, esconde el verdadero peso de su historia.

Tenemos a dos homosexuales, perseguidos por su condición, que tienen que luchar contra el sistema y contra sus propias realidades –una familia militar y un deber para con su país-, para vivir un amor que no llega a materializarse completamente por las circunstancias del destino. Aquí está la primera novela, pero le falta desarrollo para serlo en sí misma, por lo que la incluimos en el cúmulo de historias.

Jean Pierre, un artista francés enamorado de Sevilla, se casa con una gitana de raza —que respeta todas las tradiciones de su pueblo—, un choque cultural que ambos afrontan presos de un amor que no conoce de diferencias. Se separan al poco de casarse por la primera guerra mundial, y ambos deben usar el sexo para sobrevivir mientras se van olvidando poco a poco uno de otro hasta un único reencuentro en el que reviven su amor y perdonan sus faltas. Segunda novela. Quizás sea la historia que me ha resultado más atrayente, pero aun así me faltan páginas, quiero, no, necesito saber más. Esa sensación me acompañó durante toda la lectura.

Como tercera novela, estaría la relación entre Blanca Alerces, el anarquista Manuel, y el flamante amigo del Rey, Álvaro Giner. El autor lleva hasta el extremo las diferencias entre los dos candidatos al amor de Blanca, podría haber resultado increíble, pero sin embargo no lo es, en aquella época de extremos se entiende perfectamente. Vale, lo acepto. Sin embargo, el personaje de Blanca me resulta tan insulso que pierdo rápidamente el interés por el triángulo amoroso. Tanto el personaje de Álvaro, como el personaje de Manuel, son eficientes en sí mismos, creíbles, fuertes, interesantes. La que me falla es Blanca, una niñita perdida que no quiso casarse, que luchó por un ideal y que triunfó finalmente en el amor. De verdad que quería creérmelo, pero no lo conseguí.

Y finalmente tenemos el verdadero eje de la novela, la oficina Pro-Cautivos que creó Alfonso XIII para mediar por los prisioneros de guerra y comunicar el estado de situación de los soldados a sus familiares. Bien, muy bien. Esto sí que es un tema interesante, me gustó mucho cómo describió la figura del Rey, sus miedos, sus ansias, las necesidades de su protocolo.

Pero sin embargo, una vez terminada la novela tengo la sensación de que las únicas historias que me interesaron fueron la del francés y la gitana, y la de la mejor amiga de Blanca, una mujer de clase alta que, por un amor no merecido, pierde la cabeza por Carlos de la Era —típico malo malísimo, completamente lineal, sobre el que apoyarse—. Esto sí que me ha parecido verdaderamente genial.

Respecto al resto de aspectos de una novela, la sintaxis es sencilla, rápida y ágil; no se hace pesada en ningún momento. Los diálogos —excepto los del Blanca—, me han gustado.

¿Por qué se llama Cartas a palacio? El Rey crea una misión humanitaria a raíz de una carta que recibe en palacio de una niña que pregunta por su hermano. Está muy bien elegido el título.

¿Por qué o por qué no leerla? Recomendaría leer esta novela por dos motivos. Uno sería el evidente, es una novela entretenida y bien escrita que nos permite aprender más sobre hechos históricos sin caer demasiado en la convulsa España de preguerra. Por otro lado, si somos puñeteramente somáticos, podemos percibir las dudas del autor. Esta novela es un proyecto muy ambicioso, que podría ser tremendamente grande, sobre el que percibo cierta precipitación, cierto cansancio por abarcar algo tan ingente. Jorge podría haber llegado, y muy sobrado, a nuestras más altas clasificaciones, pero se queda con una nota menor precisamente por eso, por el tufillo a conformismo una vez que llegó a algo, simplemente, bueno.

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3 pensamientos en “Cartas a Palacio de Jorge Díaz (nota = 7,2)”

  1. Aunque no te haya terminado de gustar, gracias por leerla y tomarte la molestia de hacer una crítica fundamentada (con la que, como es lógico, no estoy de acuerdo).
    Abrazos,
    Jorge

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