El hombre de San Petersburgo de Ken Follett (nota = 6,9)

Crítica de EL PRÍNCIPE LECTOR

Mi padre siempre ha tenido dos o tres autores fetiche, de los que leía absolutamente todo lo que publicaban, probablemente el más representativo sea Ken Follett, el icono de la novela histórica. Por empatía familiar empecé a leerlo, y desde entonces soy uno más de esos que devoran sus novelas. Los más puristas hablarán de novela de consumo, pero qué le vamos a hacer, listos que van de listos los hay en todos los pueblos.

El espectro del autor es amplio, desde el pestiño de El escándalo Modigliani hasta la absoluta genialidad de Los pilares de la Tierra —si no lo has leído, olvida esta crítica y lánzate a por él—. Cuando cogí entre mis manos El Hombre de San Petersburgo, confiaba con encontrarme lo conocido: sus proyectos ingentes, tanto que parecen inabarcables, sus personajes profundos, cambiantes y todos, casi sin excepción, interesantes, y su ritmo frenético, en el que en cada capítulo ocurre algo que puede cambiar completamente el hilo de la historia. Así es Ken Follett para mí, y sin embargo, apenas le reconozco en esta novela.

Estamos en los prolegómenos de la primera guerra mundial, con Alemania armándose para una batalla, con Inglaterra luchando por su supervivencia y con Rusia jugando a esconder sus cartas mientras la revolución se fragua entre sus intelectuales. Ken usa a muchos de sus personajes de La Trilogía del Siglo, por lo que me disponía a reencontrarme con muchos antiguos conocidos.

Como siempre, el autor nos inunda con la vorágine de realidades, desde las sufragistas y su rebeldía en una Inglaterra que aún no reconoce el voto femenino hasta el azaroso camino de Félix, un anarquista ruso que quiere matar al príncipe Orlov, representante del zar de Rusia en una negociación secreta con Churchill a través de Stephen Walden, un aristócrata inglés de vieja escuela.

A los mejores siempre hay que exigirles lo mejor, por eso, a pesar de reconocer el innegable talento de Ken Follett en la novela histórica, no pude acabar satisfecho con este libro. Las historias son igualmente profundas, como los personajes, pero me falta texto, me falta encontrarme con la genialidad del autor, con unos personajes que podía describir tan bien como el carácter de mi hermana.

Estoy seguro que él lo sabe tan bien como yo, este libro se le queda corto para lo que él es capaz de hacer.

La novela es entretenida, como siempre. La realidad del momento histórico está muy bien narrada y los personajes, como ya he dicho, son creíbles. Pero al terminar de leer, se me escapó un sonoro: «Bah».

¿Por qué se llama El hombre de San Petersburgo? El pasado de la condesa de Walden acecha. Se trata de Félix, un revolucionario al que amó apasionadamente y que vuelve a su vida porque quiere matar a un príncipe ruso.

¿Por qué o por qué no leerlo? Porque es Ken Follett. No hay un motivo mejor. Si no le has leído nunca, por favor, busca alguno de sus mejores libros. Si ya le conoces, te decepcionará un poco, pero lo devorarás igualmente. Algo ligero e interesante para este verano caluroso.

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