Brooklyn Follies de Paul Auster (nota = 7,8)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Brooklyn Follies es un libro del que he oído hablar tanto que sorprende que sea de 2005. No parece posible que en 10 años me hayan podido hablar tanto de él. La incrédula sorpresa de mi tío por no habérmelo leído aún me hizo definitivamente leerlo. No sabía muy bien de qué iba, pero esperaba algo tipo La conjura de los necios o Philip Roth, es decir, algo más bien tirando a desagradable.

Y es verdad que tiene un punto algo desagradable en algunos momentos, pero Paul Auster es otra cosa. Por el comienzo uno empieza a temer que sea una novela tristona de un viejo enfermo venido a menos, como La sonrisa etrusca, algo que no está mal, pero que no me apetecía mucho. Pero no. Paul Auster vuelve a ser otra cosa. Muy pronto el libro se empieza a convertir en un interesante repertorio de anécdotas, atractivas por la naturalidad, cotidianidad y sinceridad, sí, sobre todo, por la sinceridad del narrador. Aunque en una próxima crítica que haré de Otra vuelta de tuerca hablaré de que el narrador siempre nos puede mentir, en Brooklyn Follies el narrador transmite sinceridad. Seguramente esto se ve en que se cuenta todo sin tapujos, desde lo más íntimo hasta lo más corriente. Son en general cosas que o nadie se atreve a contar o que nadie cuenta porque son demasiado normales.

En esto y en la forma de ir metiendo anécdotas y recuerdos, a veces de una manera desordenada, me recordó para bien al estilo que le he dado a mis dos últimas novelas. De hecho, ya he tomado notas para la tercera parte. Lo mejor del estilo es que, aunque al final resulta que sí que se termina contando una historia, lo importante son las reacciones y sentimientos ante las pequeñas historias, que es lo que a la larga acaba conformando nuestra vida. Muchos de esos pequeños sucesos se deben al azar que tanto se valora en la obra de Auster, pero también a pequeñas decisiones, a mínimos esfuerzos. «La verdad de la historia radica en los detalles».

Todo esto permite que Brooklyn Follies acabe resultando un interesante compendio de anécdotas, apuntes cultos y curiosidades que demuestran que cualquier vida es interesante, que cualquier vida es triste y alegre en su medida, que siempre hay cosas mejores y peores, pero que de todos, como bien termina comprendiendo Nathan Glass (el protagonista), se podría escribir una biografía. Todos tenemos nuestras cosas, nuestros desvaríos.

¿Por qué se llama Brooklyn Follies? El protagonista se retira a Brooklyn cuando le detectan un cáncer de pulmón. Allí se le ocurre empezar a escribir un libro sobre el desvarío humano (en inglés follies significa ‘locuras, insensateces o disparates’), donde apuntar sus errores e historias disparatadas o las de los demás (como yo más o menos trato de hacer en mis novelas).

¿Por qué o por qué no leerla? Es un libro ameno, sencillo de leer y con muchas buenas anécdotas de muy variadas cosas, desde pedos y tatuajes hasta Kafka y Wilde. A veces tiene el desagradable sabor de la novela actual, pero en general engancha por la sinceridad y la manera tan poco dramática y tan natural de ver la vida, por la demostración de que es posible encontrar un hotel Existencia en cualquier rincón del mundo.

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3 pensamientos en “Brooklyn Follies de Paul Auster (nota = 7,8)”

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