Solaris (nota = 6,9)

Crítica de EL PRÍNCIPE DE VER/LEER

Solaris (la de 2002) es una película que siempre he creído que tenía que ver, pero que he ido dejando. Ahora que ya me voy quitando otras, cuando el otro día me salió —no me acuerdo de por qué— la de Tarkovsky consideré que había llegado el momento de verla. Esperaba una mezcla entre Armageddon y Gravity (por Clooney, supongo). No me imaginaba en absoluto que fuera a ser como es.

Y es que es más tipo 2001: Una odisea en el espacio o incluso Interstellar. Es de esas angustiosas películas espaciales lentas y en las que el silencio suena y agobia. Al menos hay gravedad en la nave. Si bien, a cambio, entramos en un desasosegante mundo de visiones, que no sería para tanto si no fuera porque los personajes se las creen o porque una de ellas es la poco agradable Natascha McElhone (la de El show de Truman).

Leo que Soderbergh no ha sabido plasmar bien la influencia del mar del planeta Solaris como generador de visiones, como personaje más que piensa. O por lo menos, que no le ha dado el protagonismo necesario. Aun así, se palpa una inquietante y constante presencia que difumina los límites entre la realidad y la ficción, entre la vida y la muerte. Como se dice en la página de la Wikipedia sobre el libro de Stanisław Lem, la obra cuestiona cuál es la esencia del ser humano. Esto es verdad que no se ve bien en la peli, pero si uno se fija está latente y es interesante. ¿Qué es el hombre aislado, sin pensamiento, sin tiempo, en una situación donde la vida y la muerte ya no tienen sentido? ¿Es solo pensamiento? ¿En qué se diferenciaría del mar de Solaris, entonces? ¿No es ni siquiera pensamiento?

En definitiva, es una película excesivamente filosófica y poética, lo que como suele pasar, la convierte en lenta y pesadita. Al final la historia, los personajes, la nave, todo, no parecen sino chatarra alrededor de una terrible pregunta. Es verdad que esto al final no deja de ser una bella metáfora de la vida, pero se podría haber contado de una manera mejor. Sin ir más lejos, como en la poesía de Dylan Thomas a la que se hace referencia durante la peli y que a mí siempre me ha impactado, And death shall have no dominion. Y la muerte no tendrá señorío. La muerte no podrá con la trascendencia del hombre. Sea cual sea. Y eso es lo que tenemos que saber. Ya lo dijo Quevedo: «serán ceniza mas tendrán sentido».

¿Por qué se llama Solaris? El personaje de George Clooney tiene que llegar a una nave que explora el planeta Solaris para convencer a sus tripulantes de que vuelvan a casa. La influencia de Solaris sobre los personajes y sobre el ser humano en general, relativiza la superficial concepción que tenemos del ser humano y que cada día va a más, hasta esa automatización como las hormigas que vimos en Un mundo feliz.

¿Por qué o por qué no verla? Desde luego hay que verla sabiendo lo dicho aquí: que la gracia está en entender qué es el ser humano en realidad y que Solaris ayuda a eso. ¿Qué es el hombre más allá de los sentidos? Si la peli no se enfoca desde esa perspectiva, me da la sensación de que la película es bastante poca cosa. Pero, claro, quizás para eso será mejor leer la novela o ver la peli de Tarkovsky.

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