Cuentos de Tokio (7,5)

El otro día mi madre dijo que había visto una lista de las 10 mejores películas de la historia y que en ella salía una japonesa. Yo, haciéndome el listillo, empecé a recitar la lista de películas japonesas que conozco (todas de Kurosawa, por supuesto), muchas de las cuales ni he visto: Los siete samuráis, Ran, Rashomon, incluso Ikiru. Pero no era ninguna de esas. Lo tuvimos que mirar para ver que era Cuentos de Tokio. Me sonaba algo, pero no tenía ni idea. En cualquier caso, había que verla.

Y la impresión fue la misma que la de los grandes clásicos. Siempre acabo pensando que debe ser técnicamente muy buena porque argumentalmente, es bastante buena, pero tampoco es para tanto. Ahora leo en el libro de 1001 pelis que hay que ver que efectivamente la técnica tiene su intríngulis, con cámaras fijas y a medio metro del suelo y que la gracia está en que Yasujiro Ozu, el director, presenta escenas muy cotidianas y en principio poco interesantes, atrapando, no obstante, la atención del espectador.

Phonto(16)Yo también veo ahí la gracia, más allá del argumento. Dejando aparte la manera de actuar de los actores japoneses, que a mí siempre me parece un poco afectada, incluso ridícula, como si sobreactuaran, lo interesante de la película es que nos lleva a una historia sin en la que lo único que ocurre es que unos padres van a visitar a sus hijos a la gran ciudad y luego se vuelven. Pero, claro, esto sirve para presentar una situación familiar, por desgracia algo común, en la que los hijos, que ya han empezado su vida propia, se desentienden de sus padres y no tienen tiempo para hacerles caso. Prefieren pagarles una residencia de lujo y seguir con sus trabajos. Solo la cuñada viuda de uno de sus hijos les dedica un poco de tiempo.

De esta manera la inocencia y comprensión de los padres se convierte en una desgarradora aceptación de las leyes de la vida, lo cual se ve claramente reflejado en la frase de la imagen. Tan claramente que, después de haberla apuntado mientras veía la peli, justo veo que es la frase con la que empiezan la ficha en el libro de 1001 películas; pero es que la sonrisa de la cuñada al reconocer que la vida es decepcionante lo dice todo.

Es, en definitiva, una película que consigue despertar profundas emociones simplemente captando un viaje de unos padres a la ciudad. Me recordó a «Ya era muy viejecita», la amarga pero magistral poesía de José Ángel Buesa («si alguien no sabe qué soledad es esa / no sabe cuánta muerte cabe en un corazón»):

¿Por qué se llama Cuentos de Tokio? Más que Cuentos de Tokio es Historia de Tokio (que es como sale en el libro de 1001 películas). Monogatari (del título original) veo que precisamente significa ‘historia’. Se llama así porque la película simplemente relata una historia normal que en su mayor parte acontece en Tokio (con i latina, que en la imagen lo he puesto con y).

¿Por qué o por qué no verla? Es uno de los clásicos que se pueden ver. Tiene los problemas ya mencionados de las películas japonesas, donde todos parecen actuar a cachondeo, pero transmite un precioso, a la vez que desolador, mensaje. No deja indiferente. Como pegas se puede decir que quizás las dos horas y cuarto se hacen un poco largas y que puede que a alguno le deje destrozado si la historia le es demasiado familiar.

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2 pensamientos en “Cuentos de Tokio (7,5)”

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