Los trabajos de Persiles y Sigismunda de Miguel de Cervantes (nota = 7,4)

El supuesto descubrimiento de los huesos de Cervantes no ha dejado a la gente tan indiferente como a mi parecer debería. Unos porque lo celebran como si se hubiera descubierto una obra de la calidad del Quijote y otros porque se quejan o bien de que se quiera hacer negocio del tema o bien de que la gente celebre este tipo de hallazgos pero no celebre los hallazgos lingüísticos de Cervantes en el Quijote, seguramente porque o no lo han leído o, al menos, no lo han leído a la edad apropiada, que no es la niñez.

Por mi parte yo, persona a la que le gusta sacar provecho de todo, decidí tomarme estas noticias como acicate para dar un paso más en mis lecturas de Cervantes y leerme Los trabajos de Persiles y Sigismunda, tras el Quijote y las Novelas ejemplares. Sospechaba que iba a ser más parecido en estilo a las Novelas ejemplares, cuyo estilo ya dije que era bastante peor que el del Quijote y cuyas eran historias menos divertidas. Aun así, como filólogo, me daba algo de apuro no haberme leído esta obra.

Pues bien, afortunadamente el estilo es más parecido al del Quijote. La prosa de Persiles y Sigismunda es de esas sintácticamente magistral y fácil de leer con unos giros y expresiones que es una delicia leer. Digo lo de afortunadamente porque el argumento y las historias, en cambio, son más parecidas a las Novelas ejemplares, con celos, amores, persecuciones, fingimientos o peleas bastante poco originales. Es decir, son historias menos ingeniosas que las del Quijote, con menos gracia y poca enjundia. Encima en Persiles y Sigismunda estas historias se presentan de una manera embrollada, incrustadas unas dentro de otras, muchas veces sin venir a cuento (defecto del que adolece a veces mi novela). Esto obliga al lector a estar excesivamente atento, lo que impide disfrutar tanto como en el Quijote de la soberbia prosa de Cervantes. Por lo menos en las Novelas ejemplares cada historia está separadita.

Aquí,IMG_20150403_122505 además, el abrumador cúmulo de personajes, algunos de nombre parecido, dificulta la lectura. A los que como yo no sepan quiénes son en verdad Persiles y Sigismunda antes de leer la obra quizás les convendría mirarlo en algún sitio para no sentirse un poco perdidos como me sentí yo al principio.

Esto no quita que se puedan destacar algunas frases, no así historias (que hay pocas que llamen la atención y se recuerden). Una de las frases es la de la imagen que a partir de ahora servirá de eslogan o lema de este blog, «Que el ver mucho y el leer mucho aviva los ingenios de los hombres», o sobre la gramática, que es la puerta que abre todas las demás, o sobre la posibilidad de aprender más de los libros que de los viajes:

«Porque las lecciones de los libros muchas veces hacen más cierta esperiencia de las cosas, que no la tienen los mismos que las han visto, a causa que el que lee con atención, repara una y muchas veces en lo que va leyendo, y el que mira sin ella no repara en nada, y con esto excede la lección a la vista.»

En definitiva, se puede entender que Cervantes estuviera contento con el resultado de Persiles y Sigismunda, por aquello de haber creado una sólida novela bizantina o griega de aventuras en español, que a mí me ha recordado bastante (no habiendo leído ni a Heliodoro ni a Aquiles Tacia) a la Odisea, aunque con historias y personajes menos conocidos. También me ha recordado un poco a Las inquietudes de Shanti Andía de Baroja.

Pero a lo que contribuye verdaderamente Persiles y Sigismunda es a demostrar que la magia del Quijote es la conjunción de una prosa inigualable con una historia de un ingenio insuperable del que se puede aprender mucho. En Persiles y Sigismunda lo que se aprende se debe más a lo directamente expresado, aforísticamente, frente al Quijote, en el que se aprende más por las situaciones y el contexto, a pesar de estar también cargado de sentencias y aforismos. Creo que ahí está la genialidad del Quijote.

¿Por qué se llama Los trabajos de Persiles y Sigismunda? Porque, pese a lo que puede parecer al principio, la obra narra los trabajos, es decir las penalidades, las vicisitudes, las cuitas, o como se quiera, de Persiles y Sigismunda, por las que deben pasar para poder hacer finalmente público el amor que se profesan.

¿Por qué o por qué no leerla? Hay que leerla antes que muchas otras cosas que hay por ahí. Su prosa es una delicia. Hay que saber, sin embargo, que la poca gracia y claridad de las historias dificultan algo la lectura. Ah, y hay que saber también que la obra es larga, que yo me imaginaba una obrita más corta. Pero, vamos, antes que perder una tarde para ir a ver los huesos de Cervantes, es mejor quedarse en casa leyendo esta obra, si es que ya se ha leído el Quijote, que es diez veces mejor.

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