Enrique VIII y la cisma de Inglaterra (nota = 6,4)

Aunque aún quedaba un mes de representación (hasta el 27 de abril) ya daba por hecho que no iba a ir a ver Enrique VIII o La cisma de Inglaterra. Pero el jueves un amigo me escribió para decirme que tenía dos entradas y que si quería acompañarle. Quise. Él, sobrevalorando mis conocimientos literarios (ya le dije yo que no eran tantos), no se sorprendió ni de que ya conociera la obra ni de que me la hubiera leído ni de que hubiera hecho crítica. No esperaba menos de mí.Y yo, en cambio, esperaba algo más de la obra. Era consciente, y así se lo dije a mi amigo, que La cisma era una obra menor de Calderón, pero tenía interés en ver cómo lo representaban.

Phonto(76)Pues bien, la ambientación, el vestuario, la luz, la música en directo y los efectos son magníficos. Es decir, todo lo que yo no sé apreciar del teatro estaba muy cuidado. Pero no así lo que yo sé apreciar un poco más: la interpretación del texto. Ya los versos de Calderón me parecieron peores que los de sus grandes obras. Y aquí los actores se encargan de demostrarlo. Actúan todos, casi sin excepción, de una manera afectada, declamando versos de una manera irregularmente rápida y dando la impresión de que no entienden lo que recitan. Sé que es difícil actuar declamando en verso, pero sé también que es posible y, sobre todo, necesario para que el espectador no se pierda, entienda bien y siga la historia. Yo no tengo buena memoria para las obras, pero aun así, cuando las reviso me voy acordando de cosas; aquí me costó bastante meterme en la historia, a pesar de haberla leído no hacía mucho.

Peris-Mencheta (como Enrique VIII) no está bien. Con esa voz suya tan, ¿cómo decirlo?, ¿engolada, pero con dejes agudos?, no llega a la solemnidad del rey ni, por tanto, del papel, si  bien va mejorando a lo largo de la representación. Por su parte, Joaquín Notario, como el cardenal Volseo, que para mí es el personaje central de la obra, está muy por debajo del nivel del personaje. Solo Emilio Gavira como Pasquín lo clava. Y el reparto femenino no está mal del todo.

Al final de la obra se quedó todo el equipo para responder preguntas. Yo solo estuve diez minutos pero me dio tiempo a escuchar al director, Ignacio García, contando que el objetivo de la obra es denunciar a los políticos actuales que no cumplen sus promesas y no son capaces, como Enrique VIII, de salir en público a pedir perdón y a decir abiertamente «¡Qué mal hice, qué mal hice!» como Peris-Mencheta repite hasta la saciedad en la representación. Pero, vamos, en el caso de Enrique VIII, por mucho que se arrepienta, las consecuencias de su decisión para el mundo occidental pueden haber sido muchas y muy malas. Yo ya dije que más que cuestionar el gobierno, lo que me parecía que la obra reflejaba era la lucha entre el gobierno moral y el pasional, o entre lo que debemos hacer y lo que queremos hacer. De ahí lo de preferir morir de gusto que de pena. Así que ni en el enfoque de la obra coincido plenamente con el director.

El resultado para mí es una representación que solo aporta a la obra de Calderón toda la ambientación, pero en cuanto a lo literario, la desmejora o, por lo menos, no la mejora en absoluto. Para estos casos yo prefiero leer la obra sosegadamente en mi casa y así evito, por ejemplo, exponerme a los extraños sentimientos que me produce ver cómo tratan otros a los versos de Calderón. Por lo menos fui gratis.

¿Por qué se llama Enrique VIII y La cisma de Inglaterra? Ya expliqué el título de Calderón (La cisma de Ingalaterra): se cuenta el momento en el que Enrique VIII se separa de la Iglesia católica para poder divorciarse de Catalina de Aragón. Yo me quedé con ganas de preguntar por qué se había elegido añadir al nombre de la obra Enrique VIII, cuando es evidente que no es tan determinante, al menos en lo político, como Volseo, la víctima directa de la profecía en la obra. Supuse que atrae más el nombre del rey y no pregunté.

¿Por qué o por qué no verla? A los que les gusten las bellas puestas en escena por encima de lo literario no les defraudará esta. El vestuario sobre todo y la música en directo están muy bien. Lo malo es que eso se refleja en el precio. A los que quieran ir a disfrutar de los versos de Calderón (que aquí no son nada del otro mundo) les costará adaptarse y, cuando lo hagan, empezarán a sentir que la obra se está alargando demasiado. Pero bueno, al menos de esa manera se consigue darle densidad a una obra que a mí al leerla me pareció bastante ligera.

En cualquier caso, siendo justos, y más habiendo ido gratis, hay que agradecer estas iniciativas que nos acercan los clásicos. Lo malo es que, si no se hacen más accesibles los textos, no se va a conseguir llegar a las nuevas generaciones que vienen y que vienen, como todas, con hambre de saber. No hay que permitir que la cultura las decepcione también, como por desgracia ocurre últimamente al caer esta en malas manos.

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3 comentarios en “Enrique VIII y la cisma de Inglaterra (nota = 6,4)”

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