La rebelión de Atlas de Ayn Rand (nota = 7,9)

No hace demasiado que descubrí quién era Ayn Rand. Mi primer contacto con la autora fue ver El manantial, película basada en su libro homónimo, inspirado en la vida del arquitecto Frank Lloyd Wright. La peli, de King Vidor, con Gary Cooper, tiene alguna cosa interesante, pero yo creo que se quedaría en el 7. En esa época compramos La rebelión de Atlas, el otro gran libro de la autora, y cuando digo gran, es gran, porque tiene más de 1200 páginas, y de las densas. Esto hizo que fuera dejando siempre el libro para más adelante. Hasta que llegó el gran día en el que me puse con él.

Y, bueno, en primer lugar he de reconocer que hacía ya tiempo que no me veía obligado a poner en práctica mi modo de lectura rápida. Yo sabía del libro que le había cambiado la vida a mucha gente, pero leyéndolo me daba la sensación de que la realidad es que la vida cambia mientras la gente lo lee, porque es demasiado largo. Al terminar es como si uno volviera del espacio y todo el mundo hubiera envejecido. Me interesaba sobre todo porque la historia trataba de una huelga de gente inteligente, que se niega a seguir sosteniendo el mundo. Lo que pasa es que esa huelga empieza más allá de la página 500. Hasta ese momento solo se habla de una manera excesiva y abrumadoramente descriptiva y detallada de compañías ferroviarias y de grandes empresarios. Me recordó a la primera parte (porque luego lo dejé) de Todo un hombre, pero en peor. Y una vez pasada toda esta parte, tampoco es que tenga especial interés la huelga de los inteligentes, más allá de lo que uno pueda imaginar dándole vueltas al tema en una noche de seminsomnio. Lo que ocurrió es que fui acelerando en mi lectura hasta llegar a velocidad precisamente de tren.

Sin embargo, al volver la vista atrás y releer todas las frases subrayadas he sido consciente de que ha merecido la pena pasar por el libro para haber podido leer las interesantísimas reflexiones que contiene el libro. Las páginas que pongo en la imagen del final en las que se le da la vuelta de manera magistral a la historia de Robin Hood son un ejemplo. Quizás de las mejores páginas que he leído nunca. Y también muchas de las frases que he subrayado consiguen de manera sucinta darle la vuelta a la tortilla.

Y es que, recapitulando, estamos llegando a un momento en el que verdaderamente los inteligentes, mejor si son gente con mejores valores que los inteligentes de la novela, deberían protestar y rebelarse. Ya está bien de que el dinero vaya a la gente del espectáculo; ya está bien de que el mundo lo mueva gente que solo ve éxito en ser alabados por los demás, algo que un hombre de verdad no soportaría; ya está bien de seguir en esa edad del hombre medio, de la mediocridad, de lo instantáneo y efímero, de «las necesidades del momento»; de elogiar solo las cosas y las personas que quieren evitar que pensemos; ya está bien de ser controlados por el dinero, por la publicidad, por la prensa; ya está bien de que la atención se lo lleve lo malo, lo enfermo, lo descarriado y no se preste atención al talento y a la excelencia, y todo por querer demostrar que uno es bueno, en ese buenismo al que ya me he referido alguna vez como estupidismo, en el que a veces parece que disgusta que alguien haga las cosas bien. Ya es hora de que dejemos de conformarnos con lo fácil, de aprobar lo que sabemos que no está bien. Y para eso es suficiente con pensar, con pensar por nosotros mismos. «Para mantenerse vivo, el hombre debe pensar.».

«La gente no quiere pensar, y cuanto mayores son sus problemas, menos gente quiere pensar, pero instintivamente sabe que debería hacerlo, entonces siente culpa. Por tal motivo la gente bendecirá y seguirá a quien le ofrezca una justificación para no pensar.

Para esto se puede empezar con la pregunta adecuada (como «¿Quién es John Galt?») o dándole importancia a lo que verdaderamente la tiene, a lo bueno en sí mismo (como el metal Rearden), a lo que nos hace humanos, y si hay que vivir con dinero, bien, pero que el dinero sea una ayuda para el progreso de la humanidad. Es vergonzoso que no se investigue más por falta de dinero, pero, claro, «en tiempos como los que vivimos, cuando las mezquinas comodidades de la gente se ven amenazadas […] la ciencia es lo primero que sacrificarían» y que se sacrifica. Vivimos en un mundo en el que «nuestra cultura está desapareciendo porque las universidades dependen de las limosnas de los industriales carniceros, de los magnates del acero y de los fabricantes de cereales». «La cultura debería quedar fuera del alcance de los buscadores de dinero. Necesitamos un subsidio nacional para la literatura. Es una desgracia que los artista sean tratados como mendigos». «Cuando un político o una estrella de cine se retira, leemos la noticia en la primera página de todos los periódicos, pero si se trata de un filósofo, no se entera nadie».

Es verdad que generalmente «los grandes hombres son los más infelices», pero seguramente sea porque el mundo no está diseñado para ellos, aunque sí fue diseñado por ellos. El problema y la culpa de esos grandes hombres es su generosidad, que les hizo permitir que los «enemigos impusieran su código moral» en un mundo que ellos, los grandes hombres, habían producido. Les entregaron el mundo. «¿Por qué se lo dejamos todo a los imbéciles?». Vayamos en busca de un mundo nacido de la mente del hombre y no de la casualidad o de las guerras.

En fin, como se ve, aunque la historia de la novela es larga y aburrida y las descripciones son horrorosas, se pueden entresacar algunas de las mejores y más estremecedoras o impactantes frases que uno va a encontrar. Haciendo caso a lo que se dice en la novela, «la trama es una vulgaridad primitiva en la literatura». Aquí se ve claramente.

¿Por qué se llama La rebelión de Atlas? La novela cuenta cómo una serie personas inteligentes y de valores superiores, los que han sostenido el mundo sobre sus hombros, están hartos de cómo los imbéciles se comportan en ese mundo y, tal como haría Atlas si el mundo pesara cada vez más sobre sus hombros, se rebelan, en un plan que podría tener cierta similitud con el de Samuel L. Jackson en Kingsman.

¿Por qué o por qué no leerla? Es una obra demasiado larga y pesada, pero presenta algunas de las mejores reflexiones que yo he leído en años. Es verdad que, fuera de bromas, puede cambiar la vida o hacer que nos reafirmemos en nuestras opiniones. Quizás habría que hacer como se propone en la novela y prohibir que se pueda «comprar un millón de ejemplares de la misma bazofia» para que la gente se lea obras como esta, «libros dignos de atención que nunca tuvieron oportunidad», aunque sea en modo tren de alta velocidad como he hecho yo.

2015-03-03 18.01.25

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4 comentarios en “La rebelión de Atlas de Ayn Rand (nota = 7,9)”

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