La Eneida de Virgilio (nota = 8,0)

Después del terrible desatino de leerme la Divina Comedia antes de la Eneida, era ya el momento de leerme por fin esta obra tantas veces con razón citada. Mi idea inicial sobre la Eneida es que iba a ser como la Odisea, incluso con más aventuras, tipo cuento. No obstante, antes de empezarla, leí que la Eneida se podía entender como una Odisea en la primera parte cuando Eneas huye de Troya y una Ilíada cuando llegan al Lacio y empiezan a luchar contra los pueblos de allí.

Esta descripción es exacta. La Eneida no es un libro de cuentecillos o de peripecias como a veces es la Odisea. La Eneida es un libro sorprendentemente serio y sentimental, más que de aventuras. Eso hace que sea un poco más difícil de leer de lo que podría parecer al principio. Yo manejé la edición de Alianza Editorial, que está en un verso generalmente traducido con claridad, aunque con algunos infortunios, como cuando dice «y el primero a la afligida ciudad de Evandro sea enviado Palante», con faltas de ortografía imperdonables, como «protejeremos» (pág. 67) o «exhuberante» (pág. 175), y encima sin notas, pero bueno, al menos con un completo índice onomástico.

Tal como dice Van Doren en su Breve historia del leer, sorprende en la obra que Eneas no es un héroe al uso. Efectivamente, es un bloque de piedra presa del destino que se mantiene invulnerable entre la multitud. Esto no quita, que después de la primera parte, en la que destaca la historia del caballo de Troya, que no se contaba ni en la Ilíada ni la Odisea, la dramática huida de Troya con Eneas llevando a su padre Anquises a hombros o la tristeza de Dido, lleguemos a una guerra total, con muchos personajes, como Ascanio, Turno, Camila, Palante, y escenas memorables. La muerte de Palante y las palabras de su padre Evandro o la culpabilidad de Eneas por no haberle protegido («¿Es éste [sic] el valor de mi palabra?») son inolvidables, por ejemplo.Lo malo es que la gran cantidad de nombres de pueblos y gentilicios, rútulos, latinos, ausonios, además de los muchos nombres que tienen los troyanos, teucros o dardánidas, me volvió a liar un poco. Y encima aquí los personajes son menos conocidos, por lo que es más difícil seguir la historia. Este tipo de libros hay que leerlos varias veces y, a ser posible, con notas.

Por otro lado, los conflictos en esta obra recuerdan tristemente al problema de Israel y Palestina. Un pueblo llega a una zona que según los dioses debe pertenecerles y esto, lógicamente, desata una guerra con los pueblos de allí, que no están de acuerdo. Los intentos de paz y de alianza son evitados por los dioses. Así, Juno es posiblemente el personaje más malvado de todo el libro. Los hombres acaban siendo marionetas en manos de los dioses y del destino, en una visión verdaderamente trágica de la guerra y del hombre.

Pero lo que sin duda destaca en la obra es el tacto, la sensibilidad, la ingenuidad, incluso timidez, así como la cuidadosa precisión con que Virgilio lo describe todo. En el colegio, mi profesor de latín nos contaba que Virgilio lloraba si veía a alguien matar a una hormiga. Leyendo la Eneida uno lo puede entender. Es asombrosa la manera en la que Virgilio combina ideas e imágenes sublimes con sentimientos cotidianos. Llama mucho la atención, por ejemplo, cuando en la trepidante lucha final entre Eneas y Turno, compara la indeterminación de Turno con el típico sueño en el que intentamos correr y no podemos. También hay un juego interesante con el hecho de que se sepa ya el futuro, representado, por ejemplo, en el escudo que los dioses regalan a Eneas. No olvidemos que la Eneida es una explicación del origen divino de Roma. No falta tampoco un lastimoso viaje al inframundo, como en la Divina Comedia.

En fin, la Eneida es otra obra maestra que hay que leer. Yo he pecado, quizás, de no haberla leído con la suficiente atención, pero aun así he llegado a emocionarme con algunas escenas, comparaciones y palabras definitivas, que difícilmente se pueden encontrar mejor escritas. La volveré a leer en cuanto pueda y también las Bucólicas y las Geórgicas.

¿Por qué se llama la Eneida? Porque la historia se centra en Eneas, el héroe troyano, que consiguió llevar Troya a Italia, siendo origen así de la gloriosa Roma y antecesor de Octavio Augusto, como padre de Ascanio o Julo, el mítico fundador de la dinastía Julia.

¿Por qué o por qué no leerla? Es un libro fundamental, que hay que leer, aunque solo sea por la cantidad de veces que se cita. Desde luego, el que se vaya a leer la Divina Comedia, que se lea antes este. Supongo que más gente como yo se sorprenderán de la sobriedad de la obra, de que se dedique una parte tan grande a las guerras latinas y, quizás, de que el final sea tan abrupto. Y, bueno, además es indescriptible la satisfacción de haberse leído la Ilíada, la Odisea y la Eneida.

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