Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa (nota = 6,9)

Por muchísimos motivos me veía obligado a leer algo de Mario Vargas Llosa, entre otros, porque es muy famoso, porque es académico de la RAE (un día me encontré con él) o porque es premio Nobel de Literatura. Mi única experiencia relacionada con sus obras fue ver la película de La fiesta del chivo, a la cual le di en su día un 8 en IMDb porque me gustó bastante. La película, por cierto, está dirigida por Luis Llosa, primo del escritor, además de director de películas como Anaconda o El especialista.

Con este exiguo bagaje vargasllosiano, me parecía prudente leer algo suyo ya. Pero ¿qué? Para escoger la obra que me leería de Vargas Llosa decidí coger la primera obra que me apareciera de Vargas Llosa en unas páginas de una revista que tengo donde salen los cinco libros favoritos de cien escritores. Y la primera que vi fue Conversación en La Catedral, que era la quinta elegida por Rosa Montero. En cuanto encontré un momento para leerme un libro largo (son 670 páginas) después de la Ilíada me puse con ella. Lo bueno de esta obra además es que está entre las 100 de El Mundo. Así que ya me quedaría una menos.

La sorpresa al principio fue mayúscula. En primer lugar porque, aunque en el título «La Catedral» está escrito con mayúscula, no había caído en la cuenta de ello y pensaba que la conversación era en una catedral, sin llegar a pensar en ningún momento que La Catedral podía ser el nombre de un bar (el otro día pasé, por cierto, por un restaurante en Madrid con ese nombre en la Carrera de San Jerónimo). Y no me imaginaba que toda lo narrado en la obra se iba a corresponder con lo hablado en una conversación de cuatro horas entre dos personajes (La república de Platón, por ejemplo, es una conversación de todo un día y solo son 300 páginas). Lo segundo que me sorprendió fue lo confuso y difícil de leer y de entender de la primera parte. Es un caos de personajes y frases que parecen incluso mal escritas, donde uno no se entera de nada de lo que está leyendo. Además es una constante interrupción vocativa y fática entre los personajes de la conversación, todo el rato marcada con los martilleantes y cargantes don y piensa. Yo tuve que mirar en la Wikipedia de qué iba la cosa porque no me estaba enterando de nada, hasta me estaba dando pereza leer y me estaba enfadando un poco. Con ayuda de la Wikipedia me enteré un poco de todo, pero verdaderamente no me estaba gustando nada.

Pero bueno, leí que la obra estaba dividida en cuatro partes y que cada parte era de un estilo distinto, así que esperé a que llegara la segunda parte a ver si la cosa cambiaba. Y, bueno, si bien en las tres partes restantes se sigue con la pesadez del don y el piensa y con cambios de tiempos verbales y de discurso que entreveran confusamente la conversación con la narración y con la opinión, la obra gana mucho según avanza. Es verdad que el argumento y la historia a mí no me interesaron un pimiento porque son cuestiones políticas y de amores y relaciones turbios, pero por lo menos se nota lo buen escritor que es Vargas Llosa. El principio es como esas obras abstractas de pintores como Malevitch o Miró que alguna gente critica sin entender que son un paso más en la técnica de estos artistas, los cuales tienen cuadros anteriores que son impresionantes, y convencionales. En este caso pasa igual, pero, claro, como primera toma de contacto con Vargas Llosa se hace un poco duro. Ahora, una vez he terminado la novela, me gustaría volver a leer el principio para saborearlo mejor y, de hecho, estuve ojeando un poco la primera parte al terminar y es verdad que todo tiene un poco más de sentido.

En cuanto a los personajes y la historia, como decía, no llegaron a interesarme y eso hizo que la novela se hiciera un poco larga y pesada incluso cuando empieza a leerse con mayor facilidad. El protagonista es Santiago Zavala, Zavalita, que en ocasiones recuerda un poco por su personalidad y por su entorno a Horacio Oliveira de Rayuela (novela seis años anterior: 1963 y 1969). Los personajes a su alrededor se entrelazan unos con otros. Por ejemplo, con el que mantiene la conversación, Ambrosio, fue chófer y amante de su padre, Fermín Zavala, además de novio y marido de Amalia, que estuvo empleada en la casa de los Zavala. El resto de los personajes está asimismo muy bien entretejido. Por ejemplo, Amalia fue además empleada en la casa de La Musa, Hortensia, que fue mujer de cayo Bermúdez, jefe del padre de Santiago Zavala y uno de los líderes del partido del general Odría, en cuya dictadura peruana se ambienta la novela. Y así pasa con los muchos personajes que van apareciendo. Recomiendo para no perderse tener a mano una lista de los personajes, que, sin ir más lejos, se puede encontrar en la página de la Wikipedia dedicada a la novela. Aparte de lo poco que me interesó la historia, no encontré demasiadas frases de las de subrayar ni grandes pensamientos como los que uno espera en una obra de este tipo.

En general, pues, es una obra de difícil lectura y con un argumento que no ayuda demasiado. No obstante, por el estilo y la técnica de Vargas Llosa me leeré algún libro más suyo. En mente tengo La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo, Lituma en los Andes y una que creo que es más cortita y más sencilla para el lector normal, La tía Julia y el escribidor. Ahora han estrenado, por cierto, una obra de teatro suya, El loco de los balcones, en el Teatro Español, protagonizada por José Sacristán. Lamentablemente, no creo que tenga ni tiempo ni dinero de ir a verla.

¿Por qué se llama Conversación en La Catedral? Lo dicho, porque toda la historia se reduce a lo que se cuentan dos personajes Zavalita y Ambrosio al encontrarse, después de un tiempo, en el bar La Catedral. La conversación acaba fatal, como es lógico una vez que se sabe que el tal Ambrosio había tenido una relación homosexual con el padre de Zavalita. Lo de que es una conversación se nota a lo largo de toda la obra donde se mezcla la narración con elementos propios de la conversación, sobre todo vocativos.

¿Por qué o por qué no leerla? Es mejor no leerla porque es una obra difícil que a veces, sobre todo al principio, se toma tantas licencias sintácticas que parece que está mal escrita y el argumento es poco interesante. Si alguno decide leerla, desde luego no es la obra indicada para empezar a leer a Vargas Llosa.

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5 comentarios en “Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa (nota = 6,9)”

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