My fair lady (nota = 8,1)

Ha sido este un fin de semana con películas no demasiado entretenidas, pero sí interesantes, aunque solo sea porque por fin he conseguido quitármelas de encima. La primera del fin de semana fue My fair lady, una obra que llevaba tiempo en mis listas (es de las de la primera página) y que consideraba fundamental, pero que me daba pereza porque son tres horitas. Decidí verla sobre todo por Audrey Hepburn, con la que tanto disfruté el otro día en Sabrina. Conocía un poco la historia, pero creo que nunca la había visto entera.

Y en este caso me llevé una grata alegría. Es una película muy entretenida, tierna y dulce. Aunque el principio es un poco más desapacible porque, como es lógico, Eliza Doolittle (interpretada por Audrey Hepburn), da un poco de repelús por las pintas y por el acento, la película entera tiene su encanto. Lo tiene el encuentro de Eliza con el genial Rex Harrison, el profesor Higgins, lo tiene la capacidad de Higgins para detectar la procedencia de la gente por su acento (algo que yo siempre he soñado), lo tienen las negociaciones por el precio y las condiciones de las clases, la apuesta con el coronel Pickering. Todo. Y por si esto fuera poco, el proceso en el que Eliza va convirtiéndose en una dama no tiene desperdicio. El día en las carreras de caballos (quitando la canción) y, sobre todo, el día del ballet son geniales. A este respecto, me sorprendió, que la película no terminara con el ballet. Incluso me molestó un poco, pero la verdad es que la parte de después es bastante bonita, a pesar de que mi madre, en su manía homérica y griega de destrozar los finales, me había contado lo que pasaba o, mejor dicho, lo que no pasaba.

Además de lo ideal del argumento, de la historia y de los personajes (quitando el padre de Eliza, que es insoportable), la película, como musical, tiene unas canciones buenísimas. Me encantaron sobre todo las partes en las que se canturrean frases con rimas geniales. Véase como ejemplo el siguiente vídeo, con el primer encuentro entre Higgins y Eliza. La canción empieza hacia el 2:50, pero en la parte anterior se ve la pericia de Higgins para detectar acentos:

En resumen, My fair lady es una película recomendable para ver en inglés y en una tarde en la que se tenga tiempo. En este caso sí que parece adecuado que le dieran el Óscar a la mejor película. Pero, ojo, hay que decir que, aunque le dieron ocho Óscars no es por esta película por la que Bernard Shaw recibió el Óscar, sino por Pigmalión de 1938. Me soprende que Audrey no estuviera ni nominada en esta.

Por otra parte, la película es de George Cukor, de quien yo creía que había visto más cosas, pero me di cuenta de que solo había visto La costilla de Adán y Luz de gas. Más tarde en el finde vi El pájaro azul. Ahora me quedan por ver, entre otras, Historias de Filadelfia, Ha nacido una estrella y Margarita Gautier (basada en La dama de las camelias).

¿Por qué se llama My fair lady? La peli se iba a llamar Lady Liza, pero Rex Harrison se quejó de que en el título apareciera el nombre del personaje femenino. Supongo que le pusieron el nombre actual porque el objetivo del profesor Higgins es convertir a una vendedora callejera de flores en una bella dama (fair lady) capaz de pasar por una princesa, como al final ocurre de manera bastante graciosa, sobre todo por el origen que creen que tiene la princesa. Lo de Pigmalión de la obra de teatro es por el mito de Pigmalión en el que el rey de Chipre con este nombre crea una estatua de tal belleza que se acaba enamorando de ella.

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