La Ilíada de Homero (nota = 8,3)

El otro día empecé a leer Breve historia del leer de Charles Van Doren y me di cuenta de que antes de leer otras cosas hay algunas obras imprescindibles que no se pueden obviar. La primera obra que trata Van Doren es la Ilíada. De pequeño me leí un resumen de unas doscientas páginas, pero no es lo mismo. Lo malo que tiene Van Doren, ahora que he seguido leyendo el libro es que pinta todas las obras como geniales e imprescindibles y me está cargando las listas de libros por leer. Ahora tengo todas las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, por ejemplo, además de la Odisea o la Historia de Heródoto. Telita. Tiene al final una lista de libros que leer durante diez años. La llíada es el primero del primer año. Un buen comienzo.

Tenía la edición de Austral gris, pero la letra era muy pequeña y no se veía bien. Así que estuve buscando por internet ediciones buenas hasta que finalmente, sopesando precios en Amazon y críticas de la gente, me decidí por la de Alianza, traducida en prosa por Óscar Martínez García.

Cuando empecé a leer el prólogo de esta edición, aunque me pareció interesante, me quedé un poco temeroso de que fuera a ser una traducción no muy buena y así me lo pareció muy al principio. Pero lo del principio es normal porque siempre es lioso lo de «La cólera canta, diosa, de Aquiles hijo de Peleo». Pero luego resulta que es una traducción magnífica, fácil de leer y emocionante. Esto posiblemente ha contribuido a que la Ilíada me haya gustado tanto.

Y es que, aunque apasionante, la trama de la Ilíada es en momentos bastante aburrida. Uno espera grandes combates entre grandes guerreros y asistir a escenas míticas. Pero casi todo el rato esmás o menos lo mismo con acometidas de uno y otro bando y muertes de unos y otros, generalmente de personajes que un conocedor medio de historia no sabe. Es gracioso que muchas veces queriendo matar un personaje a alguien importante acaba matando a otro sin querer porque se le desvía la lanza o por algún otro motivo.

Es, por tanto, la obra algo repetitiva. Hasta se repiten fragmentos enteros, tal y como se ha señalado en estudios, lo cual al principio mosquea, pero luego se le coge el gusto, de tal manera que estoy pensando en imitarlo en la novela de fantasías que he empezado. Y al final resulta que según avanzan las páginas, con tanta acometida, no pasa casi nada de lo conocido. En toda la Ilíada, así conocido, solo están —y no os preocupéis de que anticipe, que para Homero la anticipación es un recurso usual— la muerte de Patroclo y la de Héctor, el origen de la cólera de Aquiles que no entra en la batalla hasta que matan a Patroclo y la terrible visita de Príamo a Aquiles para pedir el cuerpo de Héctor. Ni está lo del caballo ni la muerte de Aquiles. Hay algunos actos heroicos de personajes conocidillos como Diomedes o los Áyax (Ayantes en esta edición), pero poco más. Personalmente, no sé por qué, mi personaje favorito es Meríones, compañero de Idomeneo. Disfruté mucho cuando gana un premio en los juegos en honor de Patroclo. Por supuesto, aparte aparecen personajes de renombre como Agamenón, Menelao o Paris y otros algo menos conocidos, pero fundamentales, como Sarpedón o Néstor.

Con todo, es una obra fascinante, trepidante, con grandes palabras, grandes actos, poderosos sentimientos, honor y gloria, muerte. Entre muchas otras cosas, son impactantes las relaciones entre dioses y mortales y entre los dioses mismos.

Por tanto, la impresión final para mí es que es una obra muy recomendable, siempre que no se busque solo un argumento divertido porque aquí lo único que encontramos es una parte del asedio de los aqueos, dánaos o argivos a los troyanos o dárdanos que termina con los funerales de Héctor, antes siquiera de la muerte de Aquiles y Ayante. Habrá que esperar a la Odisea para ver otras cosas conocidas. Yo, verdaderamente, ahora que ya me he familiarizado con los personajes, si tuviera tiempo, me la volvería a leer, sin duda, para disfrutar aún más. La verdad es que dan muchas ganas de leerse todo lo referente a los personajes, tragedias incluidas.

Una vez que me lea también la Odisea y la Eneida, veré la peli de Brad Pitt, siendo consciente de que es muy mala (lo primero que leí es que mezclan a Criseida con Briseida), pero bueno, por curiosidad.

¿Por qué se llama la Ilíada? Porque el nombre que dan los griegos a Troya es Ilion. La historia narra el asedio a Troya por parte de los griegos y la defensa de estos.

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Plácido (nota = 6,5)

Tal y como me propuse hace tiempo, tengo que ver al menos una película española por fin de semana. Esta vez me decidí por una que siempre aparece como una de las mejores del cine español: Plácido. Sentía bastante curiosidad, después de haber disfrutado de otras de Berlanga como El verdugo, Bienvenido Mister Marshall y, sobre todo, con La escopeta nacional.

Y lo siento, pero a esta no le pillé la gracia, a pesar de que tiene muchos de los ingredientes berlanguianos como los malentendidos, las reuniones de personajes variopintos, los diálogos absurdos, etc. Reconozco que no estaba en mi mejor tarde. Me pareció una película demasiado loca, donde no hay ni un momento de silencio, donde todos hablan a la vez y hay mucha apostilla, lo cual es típico de Berlanga, pero a mí en esta me pareció excesivo y un poco irritante, desproporcionado e innecesario. Y encima el argumento no terminó de convencerme, no porque sea malo, que está bien hilado, sino porque no le encontré interés y no me hizo gracia. Es más bien agobiante, sobre todo por lo de la letra que tiene que pagar Plácido. Solo me pareció interesante y algo gracioso la forma en la que está retratada la supuesta caridad cristiana con lo de acoger a un mendigo en Navidad y las aportaciones de los mendigos, Ciges entre ellos.

Quizás el rechazo que me produjo la película se deba a Cassen, Plácido, que no me gusta. Aunque la verdad es que hasta a López Vázquez le encontré peor aquí que en otras películas. Me sorprendió, por cierto, ver a un Manuel Aleixandre tan joven.

En fin, que me llevé una pequeña decepción. Seguramente la vuelva a ver otro día por si era yo, que estaba en mala disposición. Creo que la ponen en Navidad todos los años. A ver si la pillo un día haciendo zapin.

¿Por qué se llama Plácido? Porque el protagonista, interpretado por Cassen, se llama así. Es un hombre sencillo que ha sido contratado para llevar una estrella de Navidad en su motocicleta con el fin de promocionar la campaña de acoger a un mendigo en casa por Navidad. El argumento de la película se sustenta en la necesidad de Plácido de pagar una letra y tener que perseguir a los personajes para que le dejen dinero por distintos escenarios.

Sabrina (nota = 8,1)

Otra de esas películas antiguas con nombre de chica que tenía en mis listas era Sabrina. Y más de darme cuenta de lo mucho que me gusta Audrey Hepburn cuando vi Vacaciones en Roma.

Y la película es muy buena. Tiene muy buen gusto, es muy dulce y la historia es complicada, pero muy bonita. Es la historia de un amor compulsivo equivocado, pero rectificado. Es una muestra de cómo las apariencias, a pesar de que puedan engañar al principio, acaban siendo menos importantes que la esencia misma de las personas. De cómo las diferencias sociales no son importantes. De cómo alguien acaba dejando una vida artificial y solitaria, simbolizada magistralmente por el plástico, por una vida feliz y plena donde no hace falta nada, ni paraguas.

Y en esto están genial Audrey Hepburn, que es Sabrina, y Humphrey Bogart. Están muy bien también todos los demás personajes, desde William Holden hasta todos los empleados de la casa. Sus reacciones, las lecturas de las cartas, sus buenos deseos hacia Sabrina y todo son deliciosos. Destaco al padre de Sabrina, interpretado por mi querido John Williams, que me encantó en películas Crimen perfecto, Testigo de cargo o Atrapa un ladrón. No es el compositor, por cierto.

El resultado es, por tanto, una película divertida, tierna y dulce, con una magnífica Audrey Hepburn. Tan deliciosa es Audrey que, incluso la terrible escena del humo de los coches tiene un toque tierno. Para seguir disfrutando con Audrey, veré My fair lady, y volveré a ver Charada. De Billy Wilder todavía me quedan La tentación vive arriba y Ariane, por ejemplo.

¿Por qué se llama Sabrina? Porque así es como se llama la protagonista, la hija del chófer, interpretada por Audrey Hepburn. Es una chica enamorada perdidamente de un hombre frívolo al que llega a conquistar para luego acabar dándose cuenta de que el amor es algo más que admiración.

Los ojos amarillos de los cocodrilos (nota = 6,7)

Para seguir con el finde de adaptaciones, pero ahora con una más moderna, decidí ver Los ojos amarillos de los cocodrilos, adaptación de la novela que no me leí en su momento y de la que por suerte sacaron esta película. No tenía ni idea del argumento, solo sabía que el libro de Katherine Pancol tuvo mucho éxito.

Después de ver la peli, me alegro de no haberme leído el libro. Es la típica historia de separaciones, infidelidades y peleas familiares que no me suele gustar. Además en este caso me parece que no aporta nada nuevo a un tema más que trillado. Y para colmo es triste y amarga. Es muy francesa. Es verdad que describe muy bien las relaciones entre los personajes y nos sumerge en terribles escenas entre mujeres y exmujeres, entre amantes, entre familiares. Pero el problema es que esto se ve en miles de sitios.

La protagonista, que, por cierto, es la hija de Gerard Depardieu, pone un poco nervioso por lo insegura y blanda que es y cae mal. Y mira que por sus características podría haber sido un buen personaje con lo de que es escritora e investigadora de la Edad Media, pero llega a convertirse en personaje agradable. Por ejemplo, su historia con Quim Gutiérrez, pudiendo haber sido bonita, es algo turbia. Entre otras cosas es bastante cutre lo del gemelo, es truco de niño. Luego la hija mayor es para matarla, por mucho que haga la tontería que hace al final. Por destacar algo, es interesante la historia de las dos hermanas y toda la parte de la publicación de la novela. Por una parte es triste que la imagen sea importante para publicar un libro, pero por otro, yo me conformaría con que una novela mía gustara aunque no se me tuviera por el autor. Pero es verdad que es una situación complicada.

En general, si la historia en la novela es igual que la película, esta pasa a ser una de esas obras que me hacen desconfiar de la literatura y del cine. No me parecería explicable el éxito que ha tenido. No aporta nada ni interesante ni original. Ni me leeré la segunda parte ni la veré si sale en película.

¿Por qué se llama Los ojos amarillos de los cocodrilos? Lo de amarillos no sé, supongo que porque el color amarillo es negativo, pero lo de los cocodrilos es porque el marido de la portagonista se va con la que le hace la manicura a vivir a Sudáfrica y monta una empresa de cocodrilos para vender la piel. Por una serie de desgracias el marido acaba siendo devorado por los cocodrilos. Simbolismo puro.

Historia de dos ciudades (nota = 7,0)

Otra obra que tenía en la primera página de la mítica lista, que me he dispuesto a completar, era Historia de dos ciudades de Dickens. Como en el caso de Mujercitas, por desgracia, no tengo tiempo para leer la novela, así que vi la película de 1958, en inglés y con subtítulos para que fuera como si por lo menos leyera los diálogos.

La historia aquí es muy diferente a la de otras obras que yo conocía de Dickens, como Oliver Twist, David Copperfield o, incluso Grandes esperanzas, para que no parezca que es porque en esta no sale un niño. Se parece un poco más al estilo de Víctor Hugo o Dumas. Recuerda un poco a El conde de Montecristo. La historia en sí es un poco aburrida con juicios y falsas acusaciones y desigualdades sociales. Destaca la manera en la que se muestra el contraste entre la pulcra Londres y la revolucionaria París, entre las clases bajas y las clases altas, como una muestra bastante buena de por qué se inició la Revolución francesa. La parte del atropello con el carro y la consecuente venganza, por ejemplo, impactan. Para conseguir esto, la peli además está cargada de símbolos, como los estridentes pavos reales. El final es terrible. El sabor que deja es el de que sea la ciudad como sea las injusticias entre unos y otros están presentes.

Como estaba un poco resacoso, no me enteré bien de algunas cosas. Por ejemplo, no entendí por qué Bogarde, al que, por cierto, tengo bastante manía por la tediosa Muerte en Venecia, decide de repente hacer lo que hace jugándose la vida. Tampoco me enteré si los Ebremont eran culpables de verdad o si todo era una trama contra ellos por ser aristócratas. Ahora leo que la familia sí que era asesina y que Carton da la vida porque se lo había prometido en su momento a la chica.

La peli, por tanto, está bien para conocer la historia de Dickens, pero mejor verla en un buen momento para enterarse de todo.

¿Por qué se llama Historia de dos ciudades? Porque la obra va alternando y entreverando historias de dos ciudades, Londres y París, resaltando los contrastes entre ambas. Mientras que Londres es una ciudad elegante y ordenada en la que las diferencias sociales están claras y asumidas, en París estas diferencias han colmado el vaso y se está iniciando la Revolución francesa. Los contrastes se ven ya en el famoso principio:

«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.»

Mujercitas (nota = 7,8)

Mujercitas era la primera película que aparecía en la primera página de la larga lista que tengo desde hace tiempo. Y como tal, se me había atragantado y me la saltaba siempre. Pero es la típica novela imprescindible cuya historia no recordaba, a pesar de haberla visto casi seguro de pequeño, y que de momento no tengo tiempo de leer, debiéndome conformar con ver la película en inglés y con subtítulos, que, al menos es como si me leyera los diálogos de la novela. Me esperaba algo tipo las de Jane Austen.

Y efectivamente es una historia romántica del tipo esperado, de las que me suelen hacer pasar un rato agradable, aunque es de las de argumento que, por desgracia, olvido pronto. Pero podría volverla a ver. La peli, bien ambientada, cuenta la historia de unas dulces hermanitas con sus juegos, sus representanciones teatrales, sus peleas, su primeros amores y sus vicisitudes. Un argumento sin más, pero bonito. Entre otras cosas se cuentan los primeros pasos de una de las hermanas, Jo, en la literatura, lo cual siempre estimula para los que estamos empezando.

Sorprenden los actores que salen de pequeños. Por ejemplo, Christian Bale, en un papel de jovenzuelo romántico que choca mucho después de haberle visto recientemente haciendo de Batman en Batman Begins y El caballero oscuro . Kirsten Dunst también sale jovencita y muy mona y también Wynona Ryder, que a veces parece Keira Knightley. A la que no habría detectado es a Claire Daines, Beth, la de Homeland, que sale joven y morena. Tuve que mirar quién era porque jamás lo habría sacado por mi cuenta, y eso que me sonaba mucho. Luego Susan Sarandon, dentro de que es de mis actrices odiadas, aquí no está mal.

El resultado es lo dicho: una película que hace pasar un buen rato y que casi casi llegaría a recomendar. Viendo la ambientación de la peli y que se desarrolla durante la Guerra de Secesión sorprende lo moderno que es todo. Pero, claro, es que esta guerra fue en mil ochocientos sesenta y tantos, que es hace muy poco, aunque cueste metérselo en la cabeza.

¿Por qué se llama Mujercitas? Supongo que porque se cuenta la historia de las cuatro hermanas, Meg, Jo, Beth y Amy, en su paso a la edad adulta y cómo se convierten en mujeres, a pesar de seguir siendo inocentes como niñas.

Glengarry Glen Ross (nota = 6,2)

Mi relación con Glengarry Glen Ross lleva viva ya algunos años. Desde hace mucho la llevo teniendo apuntada en mis listas porque aparece en todas partes. En las listas de César Vidal, por ejemplo, aparece tanto en películas como en obras de teatro. Pero no sé por qué siempre me había dado pereza verla. Llevaba tiempo diciéndole a mi hermano que había que hacerlo, pero nunca nos decidíamos. Al final, el detonante fue, como muchas otras veces Saber y Ganar. En la prueba de la parte por el todo salió el fotograma de una película y Víctor acertó a la primera que era La casa del juego de David Mamet. Me quedé flipado y cuando miré quién era David Mamet descubrí que era el escritor precisamente de Glengarry Glen Ross. Ya no había excusas.

Por el argumento pensamos que iba a ser dramática pero con algún tinte cómico, pero es solo dramática. Es una película angustiosa de uno de los temas que más odio, el de los vendedores. Tipo El lobo de Wall Street o Muerte de un viajante. No llega a ser tan horrible ni deja con tan mal cuerpo como Muerte de un viajante, pero es por el estilo. Representa los problemas entre una serie de vendedores de una empresa que compiten para no quedar últimos en el rankin del mes, para evitar ser echados. Todos están obsesionados con unas fichas nuevas que han venido de gente que tiene más probabilidades de comprar que la de las fichas que les dan. Planean robarlas y alguien llega a hacerlo. No digo quién o quiénes. Entre medias nos enfrentamos al sufrimiento de todos, al agobio del vendedor, a las falsas alegrías, a la manipulación, al feroz e irrespetuoso trato de unos con otros, de jefes a empleados y de empleados a jefes, incluso contra la policía que investiga el robo. Se nos presenta un mundo inhóspito en el que unos llaman a otros y no se contestan o contestan repitiendo lo anteriormente dicho o haciendo preguntas obvias para no avanzar en el diálogo. En esto el diálogo es brillantemente desapacible, pero creo que es demasiado teatral en la película. Es ese diálogo teatral demasiado rápido que odio, ese diálogo que cobra demasiado protagonismo en la historia y está demasiado cargado, tanto que la mitad de él sobra, con planos que se suceden demasiado rápido. Es decir, es el extremo opuesto a los odiosos silencios innecesarios de muchas películas. Creo que en esto la película fracasa no desligándose del teatro aprovechando la posibilidad de mejores escenarios, de la lluvia, por ejemplo. Algo sobra.

Por lo demás, el excelente reparto (Kevin Spacey, Al Pacino, Ed Harris, Jack Lemmon, Alec Baldwin, al que pronto veremos en Torrente 5) no defrauda. Lo hacen todos demasiado bien, tanto que uno piensa que son vendedores de verdad. Destaca Jack Lemmon, al que yo, si no llego a saber que salía, no le habría reconocido.

Al final, uno podría llegar a entender si se esfuerza la fama que tiene esta película, pero yo personalmente no entiendo quién puede recomendarla. Ahora veo que James Foley, el director es el mismo que el de House of Cards. Uf. Desde luego Mamet se ha ganado que no vea La casa del juego. Sé que así nunca voy a acertar a la primera la parte por el todo de Saber y Ganar, pero el precio es caro.

¿Por qué se llama Glengarry Glen Ross? No me quedó demasiado claro. Glengarry es la empresa que les vende las famosas fichas con gente a la que sería fácil vender. Y Glen Ross creo que solo se menciona una vez en la película y es una empresa antigua con la que también tuvieron relación.

El corredor del laberinto (nota = 5,7)

Ayer tuve la mala suerte de ir al cine a ver El corredor del laberinto. Esta es de las típicas sagas que me gusta ver por curiosidad. Me perdí la de Divergente y esta no quería que se me escapara. Tenía buena pinta.

Pero es malísima. Es de esas películas que abochornan de lo mal que están hechas y eso que esta está construida sobre una idea razonablemente buena. Pero, vamos, nada que no se dijera ya hace tres mil años en la Ilíada, por ejemplo.

¿Por dónde empezar a destripar? Los personajes y las relaciones entre ellos son típicas, estúpidas, están mal trazadas y enfadan. Enfada todo lo relacionado con el protagonista que nada más llegar ya tiene grupitos de gente de los típicos en películas y libros de gente perdida en algún sitio como Lost o El señor de las moscas, solo que en este caso surgidas repentinamente y sin sentido. Enfada mucho el niño de Somos los Miller, el típico que adopta el papel de malo conformista que no quiere que venga uno nuevo a cambiar las cosas por mucho que el no cambiar lleve al desastre. Es de los peores actores que he visto, casi tan malo como Francesc Colomer, el de Vivir es fácil con los ojos cerrados. Un niño con esa cara de pasmado no puede hacer de malo. Si encima a esto se suma que el personaje está fatal definido se explica el desastre.  Enfada todo lo del niño gordito con el muñequito. Enfada lo de la cárcel hecha de palos. Enfada todo lo concerniente a corredores y laceradores. Enfada que, ya puestos, no haya más peligrosos enemigos dentro del laberinto. Enfadan los estúpidos nombres de la gente y de las cosas. Lo de «el cambio» es la repanocha. Enfada que no se explique por qué está George enterrado. Enfada todo lo relacionado con la chica, desde que entra diciendo Thomas, como si solo hubiera un Thomas en el mundo, pasando por su reacción estúpida tirando cosas y su conversación con Thomas, hasta llegar a que luego de repente se convierta en una más. Es penoso. Enfada que el protagonista sea el que se da cuenta de todo, como si el resto fueran gilipollas. Enfada que cuando parece que el protagonista lleva ya un mes, porque si no no se explica la confianza que tiene con ciertos personajes, de repente diga que solo lleva tres días. Enfada mucho la explicación de por qué están encerrados.

En fin, enfadan muchas cosas porque el guión es muy malo, y, por eso, no quiero seguir perdiendo el tiempo indicando más errores garrafales de la película. No sé cómo será la novela. Menos mal que el final salva un poco los muebles, porque ya habría sido el colmo que no hubieran entrado con el helicóptero a salvarles. No digo más, que tampoco es cuestión de reventar la película, que habrá gente, como a un amigo con el que fui, a los que les gusten este tipo de pelis. A mí me recordó en peor a la de Juegos del hambre.

Por tanto, desaconsejo seriamente ir a verla. Cuanto más lo pienso más me enfado. Es todo tipiquísimo. Lo de los sueños en los que va recordando. Uf. Ya podría haber ido a ver Boyhood.

¿Por qué se llama El corredor del laberinto? Porque los niños llegan a un claro rodeado por un laberinto y entre ellos solo los corredores pueden entrar en el laberinto para ir haciendo un mapa en busca de salidas. Supuestamente solo pueden entrar corredores o gente que corre rápido porque así se desplazan más rápido por el laberinto o, quizás, porque así pueden intentar huir de las arañas laceradoras. Como no podía ser de otra manera, el protagonista se convierte en corredor. Pero, vamos, al final lo de correr mucho o poco es una chorrada.

Y ahora a seguir leyendo la Ilíada.

«X» representa lo desconocido de Isaac Asimov (nota = 8,5)

Para mi blog de ¿Por qué no sé esto? me salió una pregunta sobre las partículas alfa. Comentándolo con mi hermano me negó que las partículas alfa fueran núcleos de helio y me remitió a «X» representa lo desconocido de Isaac Asimov. AL consultarlo él mismo se dio cuenta de que yo estaba en lo cierto, pero me recomendó que me leyera el libro. Yo he de reconocer que antes de hacer la entrada de estas partículas no tenía ni idea de lo que eran ni de lo que son los rayos gamma, por ejemplo. Yo de Asimov he leído poco, mucho menos de lo que debería, y eso que Las palabras y los mitos, por ejemplo, me encantó. En cuanto terminé, lo más rápido que pude con el de Armas, gérmenes y acero, me puse con este.

Y me gustó mucho. A la primera parte de Física y Química le habría puesto más de un 9 seguro. Luego la parte de Astronomía y Matemáticas es un poco más aburrida, aunque, claro, yo la Astronomía, por algún motivo, quizás porque me parece inabarcable, la detesto. Pero esa primera parte es absolutamente recomendable para los que como yo no tengan ni idea de Física y Química. Explica perfectamente las propiedades del carbono y del silicio, las propiedades de los rayos ultravioleta y los infrarrojos, los rayos gamma, las ondas de radio, las microondas y las diferencias entre todos ellos. Lástima que ya se me empiece a olvidar todo. Y a lo Asimov todo explicado con una sencillez pasmante que hace que solo en alguna ocasión haya que releer párrafos, sobre todo en la parte de las Matemáticas. Se nota que Asimov domina menos esta disciplina. También destaca la introducción de cada artículo en la que nos deleita con alguna anécdota graciosa personal que luego enlaza, a veces de manera algo forzada, con lo que quiere explicar. Con esto demuestra lo brillantemente chalado que estaba Asimov.

Es, pues, un libro más que recomendable, sobre todo la primera parte, que, al parecer, es lo que me había dicho que me leyera mi hermano. No el libro entero. Si no me quedara tanto por leer, me lo releería. Lo que sí que me leeré pronto son los de Fundación y ya le he pedido más a mi hermano de Física. Lo bueno que tiene Asimov es que te enseña las bases necesarias para entender las cosas.

¿Por qué se llama «X» representa lo desconocido? Este es el título de uno de los artículos. El artículo se llama así porque habla de los rayos X. Los rayos X se llamaron así porque al principio no se sabía si eran partículas u ondas electromagnéticas. Al final se descubrió que eran ondas más cortas que los infrarrojos, aunque más largas que los rayos gamma, pero, según Asimov, se siguieron llamando X porque la otra opción, que era rayos Roentgen (por su descubridor), se rechazó por la dificultad de pronunciar Roentgen en lenguas distintas al aleman.

Pero lo de la x va más allá y le sirve a Asimov para remarcar la importancia para el ser humano de tener incógnitas que resolver, que si no, sería todo muy aburrido. Tal como dice en la Introducción, «lo verdaderamente delicioso se halla en el descubrimiento más que en el conocimiento».

Armas, gérmenes y acero de Jared Diamond (nota = 6,6)

El otro día en El Cultural de El Mundo, venía un reportaje de Why the West rules for now de Ian Morris y nombraban Armas, gérmenes y acero como obra clave. Y yo, que tantas veces he oído hablar de ella, pero por tenerla en inglés no terminaba de decidirme nunca a leérmela decidí comprarla en español. Esperaba algo como el libro de Ian Morris o Una breve historia de casi todo de Bill Bryson, que, aunque no me las he leído enteras, he leído muchas partes y las tengo como obras de divulgación con miles de datos interesantes que dan una visión general, muy detallada, eso sí, pero objetiva, de la historia. Y yo creía que este iba a ser así, por lo que, una vez que decidí que me quería leer este tipo de libros enteros, empecé a leerlo.

Y qué mal. En las primeras catorce páginas de las más de quinientas que tiene empecé a escamarme por el tono y las ideas, pero cuando me quedé de piedra fue cuando llegué a la siguiente estupidez, que resume el libro, y que demuestra la poca capacidad científica, pese a o quizás precisamente ratificada por lo mucho que critica a los demás, del señor Jared Diamond: «La historia siguió trayectorias distintas para diferentes pueblos debido a las diferencias existentes en los entornos de los pueblos, no debido a diferencias biológicas entre los propios pueblos». Esta idea es en sí misma falaz, poco científica y extrema. Si uno quiere decir que el entorno influye, ¿cómo no va a influir el entorno más inmediato que es la bilogía y la genética? Es imperdonable que se pueda omitir un factor tan importante solo por querer llevar la contra a otros, demostrando el poco rigor científico. Además, es muestra de esa idea tan común de que el ser diferente es ser malo, llamando racistas a los que simplemente apuntan diferencias entre pueblos, sin decir si una es inferior a otra. Gente como el señor Diamond demuestran que los racistas son ellos, porque vienen a decir que si hubiera diferencias entre pueblos ellos serían los superiores frente a los que creemos en la diferencia entre unos y otro y no lo vemos como una diferencia de escalón, sino como una diferencia dentro de un mismo escalón. Un desastre de inicio, vamos.

Por supuesto, al leer esta frase me planteé dejar el libro, porque no me apetecía leer los más que trillados argumentos de este tipo que no hacen sino tirar piedras en su propio tejado y que, no queriendo decir que hay diferencias entre nosotros, nos igualan a todos por lo bajo, en este caso sí, por lo bajo, como si fuéramos meras bestias arrojadas a un medio que nos determina sin que podamos hacer nada. Según se dice, si coincide que vivimos en un continente con más golfos (geográficos), seremos más avanzados que si vivimos en un continente amplio y recto. Hasta el mismo Diamond se da cuenta de su error y lo intenta matizar diciendo, creo que en el epílogo de 2003, que no es que seamos como marionetas, que algo sí que influye nuestra biología. Acabáramos.

Pero bueno, como yo sí que creo que podemos decidir, decidí leerme las restantes quinientas páginas a ver si sacaba algo interesante. Y la verdad es que hay poco, pero hay. Aunque casi todo el libro es un listado de especies vegetales y animales, útiles para decírselas a mi hermano para una lista que tiene, pero poco más, es verdad que no me viene mal saber un poco más de este tipo cosas. Además luego hay cosas interesantes como la explicación de las diferencias entre pueblos cazadores-recolectores y pueblos agricultores y cómo un pueblo sedentario puede crecer más y desarrollar la tecnología, o lo de la importancia de la resistencia a las enfermedades, o lo del eje norte-sur y este-oeste, si es que es verdad. Esto explicaría bien por qué suele haber más diferencias entre el norte y el sur que entre el este y el oeste (no hay una poesía que diga que el oeste también existe). Tiene interés también que el libro se centre en territorios no tan cercanos ni geográfica ni culturalmente, de los que yo he leído poco, como Australia. Lo malo es que el tío está obsesionado con Nueva Guinea porque ha vivido ahí y es bastante cansino con el tema, que no dejaría de ser interesante si no fuera tan pesado con ello. Además, al más puro estilo de una tesis, se repiten las cosas mucho. A veces parece que se han escrito los capítulos por separado, y me suena que leí en el prólogo que era así, que estaban recopilados. El caso es que el libro es más largo de lo debido, todo lo contrario que lo que pasa con los de Bryson.

En fin, que está claro que el entorno influye mucho, pero no hay que llegar a extremos imposibles y sin sentido y para llegar a esa conclusión no hace falta leerse este libro. Qué diferencia entre este libro y el de Bryson o el que me estoy leyendo ahora de Asimov, «X» representa lo desconocido, que está siendo una verdadera maravilla.

¿Por qué se llama Armas, gérmenes y acero? Porque el autor trata de demostrar que la respuesta a la pregunta de la que parte el libro, es decir, ¿por qué hay desigualdades entre distintos pueblos?, se debe a que el entorno ha hecho que unos pueblos hayan podido desarrollar armas y tecnología y a la vez que hayan desarrollado más resistencia a las enfermedades. Por ejemplo, los españoles conquistaron a los incas y aztecas en mayor parte debido a que les transmitieron enfermedades que a la fuerza o a la superioridad en las armas.