El rey Lear de William Shakespeare (nota = 7,3)

Ya tocaba algo de Shakespeare en el rato de las tardes dedicado a adaptaciones literarias y películas largas. La que tenía en la lista desde hace mucho es El rey Lear. También Enrique V, ojo. Aplicando el procedimiento habitual, cogí el libro y fui leyéndomelo a la vez que veía la película de 2008 de tres horas con Ian McKellen como rey Lear; la película en inglés con subtítulos y el libro en español. Como suele pasar con el teatro, se tardaría menos en leer el libro, pero también me apetecía verlo escenificado.

La obra es la típica locura de Shakespeare, al más puro estilo de Macbeth: personajes estridentes, muertes ‒es el típico caso en el que muere hasta el apuntador‒, escenas locas, truenos, gente que se disfraza, mendigos, bufones, insultos, odio entre personajes, además de escenas algo difíciles de seguir, sumado a que en la evolución de los personajes y las relaciones entre ellos yo me perdí. Solo Cordelia da un poco de luz y paz a la locura desenfrenada que es esta obra. Va todo como demasiado rápido y a saltos. A mi gusto es demasiado teatral, en el sentido de que todo está demasiado exagerado, quizás para tratar de evitar la claustrofobia del escenario. Y además los actores de la película, Ian McKellen incluido, fuerzan demasiado. Dan un poco de repelús, sobre todo el que hace de Kent, Jonathan Hyde. A veces da la sensación de que no saben lo que están diciendo. Pero bueno, será que no tengo ni idea de teatro.

Aun así, como no podía ser de otra manera, Shakespeare deja algunas frases tremendas, como cuando Lear ve a Edgard ya disfrazado de monstruo y le dice que es «el ser humano mismo. El hombre, sin las comodidades de la civilización, no es más que un pobre animal desnudo y ahorcado, como tú». Me recordó mucho al Quijote una parte en esta escena en la que, nada más ver a Edgard, Lear le pregunta si está así por culpa de sus hijas, creyendo con la ingenuidad de don Quijote que todo el mundo sufre los mismos males que él. También en esta obra aparece una de las frases que se dicen cuando uno está haciendo la tesis: «A veces echamos a perder lo bueno por esforzarnos en lo mejor». Y también es curioso cuando Lear pregunta a una silla que confunde con su hija y al no contestarle entiende que le está dando la razón, lo que cuestiona claramente el famoso dicho de que «el que calla otorga». Está, asimismo, la idea de que nacer es empezar a sufrir en el mundo, como en el existencialismo.

En cualquier caso, si alguien está interesado, puede ver esta película que sigue al pie de la letra la obra. Solo se salta algunos pequeños fragmentos. Eso sí, el inglés es bastante difícil de entender incluso con subtítulos. Lo siguiente para el tiempo de las tardes es Érase una vez en América, que nunca he visto por ser demasiado larga, pero por la que siento curiosidad porque es de Sergio Leone, director de una de mis películas favoritas, La muerte tenía un precio, si bien Hasta que llegó su hora y El bueno, el feo y el malo, me gustaron bastante poco, sobre todo la primera. Y después, seguramente, veré El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. Por el momento, ayer empecé por la noche Bomarzo, lo que me llevó a leer partes de Orlando furioso de Ariosto, con las que estuve  hasta las tres y media de la mañana.

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