Otto e mezzo (nota = 5,4)

Pensé cuando vi Cinema Paradiso que tenía que ver Otto e mezzo de Fellini, obra maestra e indispensable que aparece en todas las listas. Además una amiga en Newcastle mencionó a Fellini, de quien yo solo había visto Amarcord. Así que en cuanto tuve un rato ya en Madrid me la puse. Y nuevamente me llevé un chasco con lo que la gente considera obra maestra. Aunque, bueno, por lo menos me enteré de que la película se llama así porque es la película ocho y medio de Fellini; el medio es por una colaboración.

La película es una sucesión caprichosa de escenas en las que como dicen en todas partes se presenta la tortura de la página en blanco, la amargura del creador que se queda sin ideas y de cómo su alrededor le presiona ‒sinceramente, me gustó más cómo trataba la falta de inspiración Joël Dicker en La verdad sobre el caso Harry Quebert. Una sucesión de escenas en las que se juega con los recuerdos, sueños, ilusiones, que acaban suponiendo una mezcolanza al antojo del director, demostrando que no solo es verdad que no tenía ideas sino que basta con vender bien una idea para que a la gente le guste, como cuando se pone un título acertado a un cuadro abstracto. A mí me habría dado vergüenza hacer una película con escenas tan facilonamente y a la vez tan embarulladamente entretejidas. Y para colmo un final largo e inane, que puede que sea simbólico ‒a mí se me ocurren formas mejores‒, pero que a mí me hizo pensar que se estaban burlando de mí. Por la presencia de la Iglesia, del arte, de la magia, de los saraos, me recordó en cierta medida a la más reciente La gran belleza, que me gustó incluso menos, por mucho que me digan que representa fielmente la sociedad romana. Vamos, como las de Torrente con Madrid.

En resumen, una decepción total solo maquillada por la presencia de la bellísima Claudia Cardinale y la música de Nino Rota, quitando la pesadez de incluir la Cabalgata de las Valquirias, que no sé en cuántas películas sale, exacerbando mi odio a Wagner. Destaco las canciones de Carlotta’s Galop, muy parecida a la Danza del sable de Khachaturian, y la de L’Harem, en los momentos en los que sale la gordita, que recuerdan a Amarcord. No obstante, le daré otra oportunidad a Fellini con La dolce vita. Además, a lo mejor veo Nine, que me enteré que es un musical basado en la película.

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