Otto e mezzo (nota = 5,4)

Pensé cuando vi Cinema Paradiso que tenía que ver Otto e mezzo de Fellini, obra maestra e indispensable que aparece en todas las listas. Además una amiga en Newcastle mencionó a Fellini, de quien yo solo había visto Amarcord. Así que en cuanto tuve un rato ya en Madrid me la puse. Y nuevamente me llevé un chasco con lo que la gente considera obra maestra. Aunque, bueno, por lo menos me enteré de que la película se llama así porque es la película ocho y medio de Fellini; el medio es por una colaboración.

La película es una sucesión caprichosa de escenas en las que como dicen en todas partes se presenta la tortura de la página en blanco, la amargura del creador que se queda sin ideas y de cómo su alrededor le presiona ‒sinceramente, me gustó más cómo trataba la falta de inspiración Joël Dicker en La verdad sobre el caso Harry Quebert. Una sucesión de escenas en las que se juega con los recuerdos, sueños, ilusiones, que acaban suponiendo una mezcolanza al antojo del director, demostrando que no solo es verdad que no tenía ideas sino que basta con vender bien una idea para que a la gente le guste, como cuando se pone un título acertado a un cuadro abstracto. A mí me habría dado vergüenza hacer una película con escenas tan facilonamente y a la vez tan embarulladamente entretejidas. Y para colmo un final largo e inane, que puede que sea simbólico ‒a mí se me ocurren formas mejores‒, pero que a mí me hizo pensar que se estaban burlando de mí. Por la presencia de la Iglesia, del arte, de la magia, de los saraos, me recordó en cierta medida a la más reciente La gran belleza, que me gustó incluso menos, por mucho que me digan que representa fielmente la sociedad romana. Vamos, como las de Torrente con Madrid.

En resumen, una decepción total solo maquillada por la presencia de la bellísima Claudia Cardinale y la música de Nino Rota, quitando la pesadez de incluir la Cabalgata de las Valquirias, que no sé en cuántas películas sale, exacerbando mi odio a Wagner. Destaco las canciones de Carlotta’s Galop, muy parecida a la Danza del sable de Khachaturian, y la de L’Harem, en los momentos en los que sale la gordita, que recuerdan a Amarcord. No obstante, le daré otra oportunidad a Fellini con La dolce vita. Además, a lo mejor veo Nine, que me enteré que es un musical basado en la película.

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Jane Eyre (nota = 7,2)

Desde que salió en 2011 llevaba queriendo ver Jane Eyre. Como el otro día estaba en el hotel en Newcastle y la única película que tenía a mano era esta, además de El invisible Harvey, recomendación de mi hermano que ya veré, decidí verla por fin. Me la esperaba tipo Sentido y sensibilidad o Cumbres borrascosas, de la hermana de Charlotte Brontë. Y efectivamente la película tiene los componentes románticos de las anteriores, aunque no tiene tanta fantasía como Cumbres borrascosas, cosa que me sorprendió bastante en su momento.

Lo que no me imaginaba es que Jane Eyre iba a ser una institutriz con pasado duro ni que casi toda la historia fuera a suceder básicamente en una casa. Yo pensaba que iba a haber más aventuras. No sé por qué me imaginaba a Jane Eyre como una heoína escocesa que luchaba en batalla. En cualquier caso, el argumento es interesante, típicamente romántico, con infancia tortuosa, sombras, conflictos familiares, amores difíciles, fortunas, países lejanos y misterio. El misterio de los ruidos y el fuego consiguen dar ese halo de intriga a la historia que culmina cuando este misterio evita románticamente que el final llegue demasiado pronto. Aun así, como siempre el amor puede con todo. Ni siquiera Billy Elliot (Jamie Bell) puede con él. La relación entre Jane Eyre y el señor Rochester es emocionante.

Estuve toda la película pensando quién era Jane Eyre hasta que al final lo vi: es Mia Wasikowska, Alicia en la peli de Tim Burton. Tampoco conseguí sacar a Fassbender, aunque lo pensé, y a la que no saqué fue a Judi Dench, M en las modernas de James Bond. Aunque me conformo con haber sacado ayer a la víbora de Juego de Tronos (Oberyn Martell) en un capítulo del Mentalista.

Lo que no tiene desperdicio es la música de Dario Marianelli.

En general, es una película que se puede ver. Yo ya me la he quitado de la lista, aunque aún me quedan de este tipo películas como Mujercitas. De las hermanas Brontë solo me quedaría importante leerme Agnes Grey de Anne.

El señor presidente de Miguel Ángel Asturias (nota = 6,9)

Uno de los primeros nombres de mi lista era Miguel Ángel Asturias, así que decidí leerme El señor presidente, que según se dice es una de las mejores novelas del realismo mágico.

Siendo novela de dictador, me imagiba algo parecido a La fiesta del chivo de Vargas Llosa, cuya adaptación cinematográfica recomiendo encarecidamente. El señor presidente es, sin embargo, una novela que, aunque bien tramada, tiene un argumento bastante más simple. De realismo tiene que refleja las intrigas de un gobierno dictatorial donde todos son enemigos potenciales, chivatos, mentirosos y aduladores del presidente. En ese ambiente solo Miguel Cara de Ángel parece poner un poco de luz, pero acaba cayendo como todos. De mágico tiene menos que otras novelas, digamos, por ejemplo, Cien años de soledad, aunque mágico no quiera decir fantástico. La mezcla de estilos y los personajes extravagantes y extremos dan personalidad a la novela. Se transmite bien el agobio de un gobierno en el que cualquier error puede llevar a la muerte y en el que se escoge hacer cosas que van contra nuestros valores porque no queda más remedio. El autor, además, juega con la sonoridad, al estilo de Nicolás Guillén, con canciones y sonidos de los que, a mi gusto, a veces abusa, a lo que contribuye el gran número de palabras y expresiones americanas preciosas, las cuales, no obstante, a veces cansa un poco andar buscando en el diccionario.

Al final, a pesar de algunos puntos positivos, es esta de esas novelas que al terminar me dejan el sentimiento de que se podría utilizar el mismo estilo y el mismo talento para escribir cosas algo más enriquecedoras.

Y ahora estoy con Olvidado Rey Gudú, como homenaje a la recientemente fallecida Ana María Matute.

Solo se vive una vez (nota = 6,7)

Nuevamente vimos un  miércoles película de jueves con gin tonic, esta vez Rangpur con Indi, porque hoy jueves me voy a un congreso en Inglaterra. Elegimos Solo se vive una vez pensando que iba a ser de las románticas antiguas tipo Sucedió una noche o ¡Qué bello es vivir! y pensando que estaría en todas las listas, por el famoso título. Pero no. Ni es de las típicas románticaa ni está en las listas.

La película empieza deslavazada, con escenas que pasan muy rápido y de una manera un poco inconexa hasta que uno se acostumbra y entonces empieza a convertirse en una película de suspense muy bien conseguido a base de ruidos y sombras y con algunos alicientes como que es de Fritz Lang, igual que M, el vampiro de Düsseldorf, con ambientación por tanto perfecta, al más puro estilo del cine negro. Además sale Henry Fonda, como en Incidente en Ox-Bow, y no solo él, sino Margaret Hamilton, a la que volví a reconocer, esta vez con más dudas, como la bruja de Mago de Oz. La historia de amor es la típica atracción incomprensible, pero irrompible, y está muy lograda.

Alguna pega que se le puede poner es que no suene ruido de ranas en la última escena o que no salga la frase del título. Ah, y que no salga la canción de Azúcar Moreno, je,je.

En general, aunque es una película rara, a la que hay que acostumbrarse en los primeros minutos, acaba sorprendiendo y atrapando, de manera parecida a M.

A todo gas (nota = 6,9)

A todo gas es la clásica saga en la que nunca sé cuál he visto o hasta dónde he visto o ni siquiera si he visto alguna. El último día en la playa me iba a poner una peli, pero vi que ponían esta en la 1 sin anuncios y decidí verla, yo pensaba que otra vez, pero me parece que a lo tonto en verdad no la había visto nunca, porque no me acordaba de nada.

Y es que yo recordaba mucha más acción, más carreras con nitro, más personajes, mejores chicas, más diálogos con chispa y mejor música o, al menos, más conocida. Me estaría confundiendo quizás con 60 segundos. Me pasó un poco como con Taxi, aunque la sorpresa fue algo distinta. La verdad es que hay pocas cosas que molen. Quizás el robo del principio con los camiones o la persecución por los túneles de la frontera, pero en general se hace un poco lenta, para como debería ser. Vin Diesel se salva.

Seguramente vea algún día la 2 para ver si es que esa es la que vi y me gustó, aunque tiene peor nota en IMDB, y para entender por qué han llegado a la séptima en la saga, sin contar los cortos. He de reconocer que tal vez la razón por la que no me gustó tanto es porque no soy demasiado aficionado a los coches. Y yo que iba a haber visto Jane Eyre.

Cinema Paradiso (nota = 7,9)

También en la playa decidí que era el momento de ver Cinema Paradiso, porque ya tocaba película europea, con Óscar, que además sale en todas las listas y que alguien me dijo que era muy bonita.

Y así es más o menos. Es una película con un toque muy nostálgico, conseguido a partir de recuerdos, que gana mucho gracias al protagonista, Totó, sobre todo de niño, y al encargado del proyector del cine, Alfredo. La relación entre ambos, su amor y pasión por el cine y las escenas iniciales en las que el cura sale cortando partes de las películas son lo más gracioso y entrañable de la película y por lo que merece la pena verla. Luego se juega con el infalible recurso de que al final el protagonista se reencuentra a los años con personajes que han salido durante la película y con el regalo final que le hace Alfredo, que no desvelo, además de con historia de amor que termina en inexplciable fracaso incluida.

Cuenta, pues, la película sin duda con ingredientes muy emocionantes, que a mí sin embargo no llegaron a convencerme del todo. Creo recordar que me emocionó más otra película como The Majestic, sobre un cine también, pero la cosa es que la vi en la época en la que me encantaba Jim Carrey, así que no sé si es muy de fiar el criterio.

En cualquier caso, no puedo negar que al terminar la película me quedé con un nudillo en la garganta. Supongo que para los amantes del cine tendrá un valor añadido, que la hará imprescindible. La conclusión a la que llegué es que tengo que ver Otto e mezzo de una vez.

Forgetting Sarah Marshall (nota = 7,7)

Apunté Forgetting Sarah Marshall, o Paso de ti en españo,l un día que estaban hablando en la 2 no sé si del director Nicholas Stoller o del productor Judd Apatow, famoso este último por producir y otras comedias como Virgen a los 40, de la que además es director. La tenía pendiente desde hace bastante tiempo hasta que el otro día quería ver una peli no muy larga y fresquita por la noche, recién llegado a la playa, y me puse esta, que efectivamente se ambienta en Hawái y, por tanto, es muy refrescante.

Al principio empezó disgustándome un poco porque es un demasiado explícita en determinadas escenas. Por ejemplo, nada más empezar se ve desnudo a Jason Segel (curiosamente Marshall en Cómo conocí a vuestra madre; no sé si el nombre de la chica está puesto aposta) y hay algunas escenas de cama que se podrían haber evitado. Pero luego la película es bastante divertida, con personajes muy agradables, sobre todo Kristen Bell y Mila Kunis, jeje, pero también el rubio tontito de 30 rock o Jonah Hill y Paul Rudd, que da un poco de asquillo, aunque no tanto como Russsel Brand, que está perfecto como personaje irritante. Me encantó la canción del musical de Drácula, musical que está bastante elaborado en la peli porque al parecer lo tenía pensado Jason Segel para la vida real.

Además, aunque la historia podría sonar a típica y tiene casualidades de esas que solo se dan en las comedias románticas, tiene partes bonitas y situaciones que a mí me sorprendieron, como la relación entre el protagonista y Sarah Marshall. Por lo de Hawái me recordó un poco a la de 50 primeras citas, lo cual me tuvo un rato pensando porque no me acordaba de cómo se llamaba la película, que no vi hace demasiado, ni de quiénes aparecían.

En general, se puede ver y deja un buen sabor de boca. Le daré alguna oportunidad más a Stroller y Apatow. Del primero solo he visto dos de las que es guionista, Di que sí, que me encantó y Dick y Jane, y veo que es guionista de la de Gulliver de Jack Black, que tengo en la lista desde hace tiempo. De Apatow veré la de La boda de mi mejor amiga, que creo que ya empecé pero no terminé.

El mar de John Banville (nota = 7,0)

Como buen oprtunista, en cuanto me enteré de que le habían dado el Príncipe de Asturias de las Letras a John Banville, busqué algún libro suyo para comprarme por Amazon y consideré que El mar era el más apropiado. En mi favor he de decir que ya llevaba tiempo queriéndome leer algo de Banville, desde que vi que sonaba para el Nobel.

Como yo estaba con La Regenta, a mi madre le dio tiempo a leérselo antes (no es muy largo) y dijo que «sin más». En cuanto acabé con La Regenta me puse con él y efectivamente es un libro «sin más». Pero aun así algo se puede salvar. Había leído en las reseñas que es una novela en la que cada frase dice algo y que hay frases que merecen ser leídas más de una vez. Es verdad en parte, en algunos casos hay que releer las frases porque es difícil de seguir, y eso que me lo he leído en español, pero también hay frases que se pueden releer. Entre las frases destaqué una porque es algo que mi hermano siempre dice, que las grandes desgracias le pasan a la gente buena y beata: «La desdicha, la enfermedad, la muerte prematura, esas cosas les pasan a la buena gente, a los humildes». Además tiene palabras de las de apuntarse para que no se olviden (he tenido que buscar bastantes en el diccionario); no sé cómo serán en inglés, pero en español son, como yo digo, deliciosas. Un ejemplo es apotropaico, que se dice de los ritos que sirven para alejar un mal. También aparece varias veces la expresión risa sardónica, lo que me hizo buscarla al final en el diccionario por saber el origen para descubrir que el jugo de la sardonia, que es una planta, hace que los músculos de la cara se tensen en forma de risa. Esto entrará en la novela lingüística que estoy preparando.

En cuanto al argumento, la historia es bonita y conmovedora, pero, en primer lugar, a veces uno tiene la sensación de que son cosas que a uno no le importan y que no aportan demasiado a la novela y, en segundo lugar, es algo confusa a veces a la hora de mezclar historias pasadas y presentes, en lo que me recuerda un poco a En la orilla de Chirbes.

Al terminarla todavía me quedaba un rato antes de dormirme y me leí el prólogo (de la edición de Libra) y la introducción del Decamerón de Bocaccio, después de verlo representado en parte en el quinto capítulo de Da Vinci’s Demons. Me iré leyendo los cien cuentos poco a poco. Ahora en teoría por lista me toca leerme La subasta del lote 49 de Pynchon, como ya dije, pero ya veré lo que leo, quizás El coronel no tiene quien le escriba o a lo mejor ya espero y elijo alguno mañana, que me voy unos días a la playa.

Rango (nota = 6,2)

Rango es una de esas películas de dibujos animados que no sé por qué me da por que hay que ver, igual que Rio, por ejemplo. Y como con Rio, me llevé una decepción. La verdad es que elegí ver esta después de M, porque es la siguiente que tengo apuntada en la lista de mi cuaderno y me gusta ir quitándome cosas por orden.

Ya desde el principio supe que no me iba a gustar mucho, solo por el tipo de dibujos animados que son. Son de esos muy reales, demasiado bien hechos, lo cual tiene mérito, claro está (seguramente por eso le dieron el Óscar), pero lo malo es que los personajes son animales desagradables y sucios. Incluso el propio Rango, que es una especie de iguana, perdón, de camaleón, es desagradable y harapiento, lo cual va bien con la historia en el Oeste, pero yo creo que no hacía falta llegar hasta ese extremo.

Luego la verdad es que la peli va mejorando, cuando uno se va acostumbrando al tipo de dibujo animado. Aunque la historia es típica, un pueblo en el desierto que se queda sin agua porque los mandatarios de la ciudad la están utilizando para otra ciudad y en la que un protagonista torpe, irritantemente torpe en este caso, se erige en héroe con mucha suerte, a pesar de que va fingiendo ser quien no es, está bien llevada y no se hace pesada. Y algunos de los personajes molan, sobre todo los malos, como la Víbora Jake, personaje que según leo ahora en el Trivia de IMDb está inspirado en el gran Lee van Cleef.

Leyendo una reseña entendí el valor de la película y es que es como de dibujos animados para adultos, según decían, como la contrapartida en dibujos animados de las películas de Tarantino. Al parecer, además, es humor inteligente. Yo solo esbocé una ligera sonrisa en algún punto.

Conclusión: es una película prescindible.

M, el vampiro de Düsseldorf (nota = 7,6)

Por fin vi M, el vampiro de Düsseldorf de Fritz Lang. Llevaba mucho tiempo queriendo saber por qué aparece en todas las listas e intentando colarla como película de jueves (que podría serlo). Al final, después de terminar The man who would be king, me puse a verla. Se puede ver en youtube en español, aunque con partes no dobladas o en alemán con subtítulos en inglés.

La verdad es que la película no está nada mal. Mantiene perfectamente la tensión, sobre todo en la persecución y búsqueda. La paranoia general está perfectamente retratada. La M del malo impacta. Los juegos de sombras son geniales. Las escenas y los personajes también. Se ven ya algunos clichés que luego se van a utilizar en el cine, como los jueguecitos con pelotas. Además, según leí, es la primera película en la que un personaje tiene leit motiv: cada vez que sale el malo silba In the hall of the mountain king de Peer Gynt de Grieg (que, por cierto, ahora veo que se me había olvidado meterla en mi lista de Superclásicos de Spotify). Y el malo no podía ser otro que Peter Lorre, al que últimamente he tenido el gusto de ver en 20000 leguas de viaje submarino y en Arsénico por compasión, al margen de que es el gran Ugarte en Casablanca. El final, con un juicio que recuerda al de Incidente en Ox-Bow, es algo exagerado, pero imprescindible, sobre todo por la actuación de Peter Lorre.

No obstante, aunque recomiendo la película y la vería otra vez, no le doy más de un 8 porque no deja de ser un tanto simple y estridente, como las de aquella época.